Lo que aún podemos salvar

Jorge Salvador

Asociación Hinchas Azules

Cerramos otro año horrible. Sumamos un nuevo episodio en esta larga agonía que ha significado la administración de Azul Azul S.A. Como si fuese poco, el desencanto y degradación parecen generalizados: el torneo nacional es cada vez menos competitivo; los públicos y aforos ridículamente reducidos y autoridades que prometieron políticas que promuevan el deporte han tomado por únicas medidas la suspensión de partidos o prohibición de espectadores.  

Mucha gente nos ha preguntado a quienes nos consideramos fanáticos, las razones de nuestro arrojo, los motivos que nos llevan a tomar decisiones fuera de la lógica, más aún luego del decadente escenario descrito. La respuesta, como muchas veces, se encuentra en la historia. 

Hay dos elementos principales que Azul Azul S.A aún no ha podido destruir del todo: su gente en tanto popularidad, fervor y disposición a invertir -lo que sea- por su equipo; y, por otra parte, los valores de la institución, cada vez más difusos pero existentes, la efervescencia de sus hinchas, la disposición a la incondicionalidad tan característica de quienes compartimos estos colores.

Podemos ir hacia otros equipos y encontraremos que en general el modelo de sociedades anónimas ha demostrado ser un fracaso. Esto es un asunto largo y que no vale la pena detallar acá, pero debemos entender que lo último que nos queda -y tal vez lo más valioso- sean los valores de nuestras instituciones expresados por quienes los portan. Este es el activo más preciado que debemos considerar al momento de combatir las sociedades anónimas. 

Algunos dirán que lo acá dicho es un lugar común o sentimentalismo sin cabida en un negocio. Tal vez algo de eso sea real, pero también es cierto que quienes hicieron grande a la U, quienes la dotaron de un relato e historia colectiva, fueron quienes sí descendieron en su día, aquellos que vivieron los años en que el contexto político nacional perjudicó duramente a nuestra institución, situación parecida mas no igual a la actual. La historia nos enseña que podemos -y debemos- levantarnos. Más aún, nos ofrece tal vez una posibilidad de optimismo, pues quienes devolvieron el club a donde merecía estar durante la década de los 90 provienen de estos mismos valores. Una vez más, el tiempo mirado hacia atrás nos enseña que la solución somos nosotros y nosotras, pues portando y preservando a la U y sus valores lograremos quizá un día sentir en ella un reflejo de algo propio.

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