8M en la casa, en la calle y en las canchas

8M en la casa, en la calle y en las canchas

Por Carla Fernandini
Asamblea Hinchas Azules

En una nueva conmemoración del Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras, este 8 de marzo una vez más salimos a las calles a exigir nuestros derechos.

Desde todas las trincheras, son millones las mujeres quienes nos levantamos por una vida libre de violencias, en la cama, en la calle, en el trabajo y también en la cancha. Desde el fútbol, uno de los deportes más populares y que se juega en cada territorio, claro que hay mucho que decir.

En Chile, el avance del fútbol femenino en los últimos años es incuestionable. Basta con remontarnos a las grandes campañas que ha realizado la Selección Chilena para saber que el fútbol femenino ha tenido un gran ascenso. Solo recordar la participación de la Roja Femenina en la Copa América 2018, en la que su gran actuación le permitió clasificar a la Copa Mundial Femenina de Fútbol de 2019, ganar el premio al Fair Play del torneo y obtener el repechaje a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Cuenta además con figuras como Christiane Endler, quien en 2021 fue reconocida como la mejor arquera del mundo por la Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol y este año obtuvo el premio The Best FIFA a la mejor portera. Por su parte, los clubes de la liga local también han tenido un gran crecimiento, teniendo como últimas campeonas a Universidad de Chile, quien cuenta con dos participaciones en la Copa Libertadores en los últimos dos años, llegando incluso a semifinales en 2018.

Si bien dichos resultados dan cuenta de un gran avance, lamentablemente esto no se ve reflejado en políticas públicas que favorezcan las condiciones en que las mujeres realizan este deporte desde la niñez hasta la etapa adulta, siendo la falta de recursos, infraestructura y los estereotipos de género los principales impedimentos para que las mujeres puedan practicar libremente el fútbol.

Si nos remontamos a sus inicios, la diferencia entre la práctica del fútbol masculino y femenino son solo 29 años. Sin embargo, el auge del fútbol femenino llegó recién durante la Primera Guerra Mundial, cuando las mujeres salieron a trabajar a las fábricas y aprovecharon su tiempo libre jugando fútbol. Sin embargo, en 1921 la Federación Inglesa de Fútbol prohibió el uso de recintos deportivos para partidos entre mujeres, estando casi medio siglo interrumpido el avance del futfem. Recién en 1971 los ingleses terminaron con la prohibición, pero para aquellos años la industria ya se había desarrollado por y para los hombres.

En la actualidad, y con respecto al fútbol femenino “profesional”, el escenario es igual de complejo. En el 2012, el Santos de Brasil eliminó la rama femenina completa solo para cubrir el sueldo de Neymar y retrasar su venta al FC Barcelona. En otras selecciones es una práctica habitual que las mujeres se vean obligadas a utilizar las camisetas antiguas del equipo varonil, además de no contar con camarines y ser las responsables de costear los pasajes a los torneos por falta de presupuesto.

Sumado a lo anterior, las situaciones de acoso sexual también son algo con lo que las mujeres deben lidiar. Según un estudio global sobre las condiciones de trabajo en el futbol profesional femenino, el 69.9% dicen haber sufrido acoso por cuestión de género por parte de los seguidores en el día del evento y el 52% dicen haber sufrido acoso de sus seguidores en días ajenos al evento; el 7.4% dicen haber sido acosadas por otros jugadores masculinos; el 11,9 % manifiesta haber sufrido acoso por parte de gente relacionada con la administración de su club y el 5,5% declara haber sufrido discriminación y acoso por parte de un entrenador de sexo masculino (FIFPro World Players’ Union, 2017).

En Chile, y a partir de la radiografía elaborada por la Asociación Nacional de Jugadoras de Fútbol Femenino (ANJUFF) en conjunto con la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile (FEN), se evidenció el estado de las condiciones actuales en que se desarrolla el fútbol femenino donde, por ejemplo, en primera división solo un 11,5% de las jugadoras del Torneo de Transición 2020 contaban con contrato laboral, porcentaje que disminuye al 5% si se consideran tanto la Primera División y Primera B. Esto es aún más complejo cuando se mantienen las exigencias laborales, generando que jugadoras tengan que adicionar jornadas de trabajo, tomando empleos informales, aumentando su precarización laboral, financiera y de salud. Otro dato relevante es que solamente un 1% gana $1.000.000 o más, mientras que un 8,5% recibe entre $100.000 y $499.000; un 5,8% recibe menos de $100.000 y más del 80% de las jugadoras del fútbol femenino no recibe ninguna remuneración. Contrastar estos datos con la realidad del fútbol masculino es aún más abrumador si se considera que en primera división estos ganan en promedio $9.000.000.

Actualmente, en Chile se está tramitando el proyecto que busca profesionalizar el fútbol femenino, obligando a los equipos de fútbol a contratar a sus jugadoras y que con ello puedan contar con la infraestructura e implementos adecuados para realizar su trabajo. Es importante destacar que este proyecto solo involucra a las Sociedades Anónimas Deportivas Profesionales que participen del campeonato femenino, quedando eventualmente varios equipos excluidos.

Si bien el proyecto es un avance, es necesario señalar que ni la FIFA, Conmebol ni ANFP obliga a los clubes a tener una rama femenina, y es recién cuando estos van a disputar un torneo internacional con sus equipos masculinos que Conmebol les exige que cuenten con serie adulta y juvenil femenina. Por eso es importante, además de reconocer este avance, estar alertas a cómo este proyecto no se vuelve contraproducente y que los clubes, frente a la exigencia de contratar jugadoras, terminen cerrando sus ramas femeninas ante la nula obligatoriedad de contar con ellas. El proyecto ya fue aprobado por la Cámara de Diputados y la Comisión de Educación y Cultura del Senado, quedando pendiente solo su aprobación en la Cámara Alta.

El desafío para avanzar en equiparar la cancha es gigantesco y requiere mucho más que la profesionalización del fútbol. Es necesario intervenir los estereotipos de género desde la niñez, fomentar el desarrollo del fútbol femenino desde campeonatos escolares y promover campañas a través de los medios de comunicación que apoyen iniciativas como #NosotrasJugamos y que permitan visibilizar la presencia de las mujeres en este deporte.

Es por lo anterior que se hace imprescindible que hoy recordemos a todas quienes han ido generando los cimientos para que más mujeres nos podamos desarrollar de manera más libre y en igualdad. Recordamos a las mujeres trabajadoras del sector textil quienes murieron a manos de la policía tras pedir mejoras laborales y a las 123 mujeres calcinadas que se encontraban encerradas al interior de una fábrica neoyorquina, todo esto un 8 de marzo.

Hoy las recordamos a ellas, y como ellas seguimos luchando hasta lograr un mundo donde seamos “socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres” (Rosa Luxemburgo).

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