La invasión rusa a Ucrania y el deporte como actor geopolítico

Imagen previa al partido de la de la Premier League entre Everton y Manchester City, en el que los jugadores se alinearon en protesta por la invasión rusa de Ucrania. Imagen: Peter Powell/Reuters

Los numerosos bombardeos rusos alrededor de Kiev han significado la migración forzada de centenares de miles de personas desde Ucrania para buscar seguridad fuera de sus fronteras. Las reacciones en contra de Vladimir Putin han sido numerosas y en el ámbito deportivo tampoco se han dejado de sentir. Cancelaciones de visas, boicots y llamados a la paz han sido solo algunas de las formas en las que deportistas y organizaciones han decidido involucrarse.

Hasta las 5 de la tarde del sábado 26 de febrero, la Organización de Naciones Unidas (ONU) reportaba al menos 240 víctimas civiles de la invasión rusa a Ucrania. De ellas, 64 habían fallecido. A esto se suman los cuantiosos daños provocados a la infraestructura del país y que han causado cortes en el suministro de agua y electricidad. La crisis que se ha desarrollado ha causado que cientos de miles de ucranianos y ucranianas tengan que abandonar su país dirigiéndose principalmente a Polonia, donde se han establecido campos de refugio para quienes escapan de la guerra. 

Polonia ha abierto sus brazos al refugio ucraniano, a diferencia de lo que hace el vecino Bielorrusia, país que se ha convertido en el principal puerto de entrada de las fuerzas Rusas a Ucrania. De hecho, el presidente bielorruso, Alexander Lukashenko, confirmó que desde su territorio se han lanzado misiles rusos a objetivos ucranianos. Bielorrusia ha sido un aliado estratégico del presidente ruso Vladimir Putin y hace no muchos meses atrás, le solicitó armamento con capacidad nuclear para poder instalar en sus fronteras. El involucramiento bielorruso en la invasión a Ucrania y sus fuertes relaciones con Rusia fueron las razones por las que el Reino Unido canceló la visa del seleccionado bielorruso de Básquetbol que iba a disputar encuentros en la ciudad de Newcastle. “El Reino Unido no recibirá seleccionados deportivos nacionales de aquellos países que sean cómplices de la invasión ilegal e injustificada que Putin está llevando a cabo en Ucrania”, expresó Priti Patel, secretaria del gobierno de Boris Johnson.

Que el deporte es parte de la vida política parece ser ya un hecho incontestable. No habría razón para cancelar aquellos visados de no serlo: el seleccionado bielorruso es visto -entendiblemente- como embajador y representante de un país que está cometiendo acciones no deseadas, en este caso apoyar no solo desde el discurso, sino que con recursos, una invasión. Como esta acción, muchas otras se han levantado desde el mundo del deporte para -principalmente- condenar lo que está haciendo Rusia en territorio ucraniano. Por ejemplo, este domingo, la federación internacional de judo suspendió a Vladimir Putin, quien es un destacado judoca, de su puesto como presidente honorario de aquel organismo debido a la invasión a su vecino país. 

Vladimir Putin es judoca de octavo dan, uno de los rangos más altos de la disciplina.

Así como la federación de judo, muchas otras han decidido boicotear a Rusia en distintos escenarios. El boicot ha sido usualmente una de las formas más utilizadas para tomar posición por parte de individuos u organizaciones que no están directamente relacionadas, entendiendo que el daño económico o de imagen es un perjuicio que ningún país puede sostener en el tiempo. Desde las sanciones que la Unión Europea y Estados Unidos han impuesto al comercio internacional con Rusia hasta el congelamiento de activos y la expulsión de los bancos rusos del sistema de mensajería SWIFT, el que permite a bancos de todas partes del mundo poder hacer transferencias entre ellos. También lo hicieron, en escenarios muy distintos, las selecciones de fútbol de Polonia y Suecia, quienes anunciaron que no competirán contra Rusia en sus duelos clasificatorios respectivos para la copa del mundo que se llevarían a cabo próximamente. Robert Lewandowski, la estrella polaca que brilla en el fútbol alemán, mostró estar de acuerdo con el boicot. “Hinchas y futbolistas rusos no tienen la culpa y no son responsables, pero no podemos pretender que nada esta pasando”, escribió en sus redes sociales.

El principal llamado que ha hecho la comunidad internacional ha sido una convocatoria abierta a la paz. Un mensaje bastante inocuo y con el que es difícil estar en desacuerdo. Personalidades rusas como los tenistas Andrei Rublev y Daniil Medvedev -el nuevo número uno del mundo- se han declarado abiertamente a favor de ella. Las declaraciones suelen tener el mismo tono: no es una condena a las acciones que ejerce su país, sino que a la paz. Entendible, no obstante, por la forma en que Putin trata con algunos de sus detractores públicos. Otros llamados a la paz han venido desde las cuatro principales confederaciones de boxeo –quienes decidieron en conjunto no sancionar peleas en Rusia-, el circuito de tenis -en el que se suspendieron los torneos de nivel challenger a disputarse en Moscú– y la Fórmula 1 –quienes cancelaron el GP de San Petersburgo, que se iba a llevar a cabo hoy-. 

La declaración oficial de la Federación Internacional del Automóvil (FIA) hace mención, además de la paz, a que buscan lo que sea más conveniente para sus accionistas, dando un matiz económico a lo que podría verse como una decisión humanitaria. Misma palabra usó la UEFA en su declaración sobre el traslado de la final de la Champions League desde San Petersburgo a París. Parecen ser, entonces, decisiones económicas que tienen relación con la mejora o blanqueamiento de imagen de grandes conglomerados. El Manchester United, por ejemplo, canceló el acuerdo de patrocinio que sostenía con la empresa rusa Aeroflot. De la misma manera, la UEFA está buscando la salida de su acuerdo de cerca de 50 millones de dólares con la empresa de gas ruso Gazprom. Tanto la imagen del Manchester United, propiedad de los capitales transnacionales de la familia Glazer, como la de la UEFA, quedaron dañadas tras el fallido proyecto de la Superliga.

El boicot económico de países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) no se traduce necesariamente en involucramiento de tropas. Han sido los líderes de estos mismos países quienes han declarado que su deber está con sus Estados miembros. En otras palabras, Ucrania queda a su suerte. El factor gas natural, del que Rusia es el principal proveedor europeo, tampoco puede tomarse a la ligera.

Es así como muchos ucranianos y ucranianas han decidido quedarse a enfrentar la guerra y combatir en su país. Uno de los líderes es Vitali Klitschko, excampeón mundial de boxeo en la categoría de los pesos pesados y hoy alcalde de Kiev, la capital ucraniana. Vitali ha declarado abiertamente que está dispuesto a tomar las armas y sumarse a la batalla junto a su hermano Wladimir, también excampeón mundial de los pesos pesados y uno de los principales boxeadores de este siglo. Así como él, otros deportistas como el tenista Sergey Stakhovsky y Vasily Lomachenko,hoy uno de los mejores boxeadores libra por libra del mundo, han decidido ponerse el uniforme y defender a su país de la invasión rusa.

Vasily Lomachenko.

Categorías de personas refugiadas

La crisis migratoria ucraniana ha tenido constante visibilidad en todo el mundo y en todas las esferas. El deporte, como se ha mostrado, no ha quedado ajeno. Es válida la pregunta, entonces, de qué hace diferente a esta crisis migratoria con respecto a otras. Polonia ha abierto sus fronteras a la entrada de uranianos y ucranianas, mas hasta hace solo unos meses atrás, refugiados y refugiadas sirias perdieron la vida de a miles intentando entrar al país y siendo denegadas sus entradas –e incluso sufriendo vulneraciones de Derechos Humanos– numerosas veces en la frontera polaca. Los estadios de todo el mundo han mostrado su apoyo a la causa ucraniana, lo que hace recordar cuando el Celtic escocés fue multado por mostrar la bandera palestina durante un partido de la Champions League. En aquella ocasión, la razón de la multa fue por desobedecer el artículo 16 que explicita la prohibición de “gestos, palabras, objetos u otro medios para transmitir mensajes que no sean acordes a la práctica deportiva, particularmente mensajes de naturaleza política (…)”, categoría en la que, siendo estrictos, también entrarían los discursos de alto a la guerra. La diferencia entre refugiados de primera y segunda categoría se ha dado también en el discurso en la prensa: “relativamente civilizados”, “relativamente europeos, no como afganos y sirios” y “de ojos azules”, como han sido referidos en los medios. En este caso, además, el enemigo no es un país de occidente como Israel, sino Rusia.

Hinchas del Celtic ondean banderas palestinas en 2016 antes de su partido contra el Hapoel Beer-Sheva, equipo israelí.

Conflicto histórico

El conflicto que tiene enfrentadas a Rusia y Ucrania, dos países del bloque soviético, se remonta a varios años atrás. En 2013, el estallido de protestas ocurridas en Kiev protagonizadas por grupos derechistas terminó con el fin del gobierno de Víktor Yanukóvich, quien era cercano a Rusia. Las manifestaciones resultaron con numerosas muertes.

El nuevo gobierno fue bien recibido por los países pertenecientes a la OTAN, alianza militar cuyo objetivo es una defensa colectiva ante cualquier ataque que reciba uno de sus miembros. El nuevo mando quedó conformado por grupos de extrema derecha, cercanos al nazimo y apoyado por movimientos paramilitares.

La llegada de un nuevo gobierno no significó el fin de los conflictos internos: en mayo de 2014 tuvo lugar la masacre de Odessa, ciudad en la que personas prorrusas pertenecientes al Partido Comunista (PC) ucraniano fueron quemadas vivas. En 2015, el PC fue prohibido, acción que fue rechazada por, entre otras organizaciones, Amnistía Internacional.

Imagen de manifestaciones en Odessa.

Es en este contexto, y a partir de un movimiento ciudadano, en la península de Crimea se realizó un referendo en el que se decidió su anexión a Rusia, separándose definitivamente de Ucrania. El proceso de votaciones no fue reconocido por la Unión Europea ni Estados Unidos. Es importante destacar dos cosas: en Crimea, la gran mayoría de las personas se identifica como rusa. Además, esta península tiene salida al Mar Negro y, por tanto, al Mediterraneo, entregando una ventaja económica importante

A Crimea le siguieron las regiones de Lugansk y Donetsk -ambas al este de Ucrania-, que luego de referendos, se convirtieron en repúblicas populares independientes. Para detener este proceso, Ucrania envió a sus fuerzas armadas y comenzaron los enfrentamientos con los separatistas apoyados por Rusia, dejando miles de personas muertas. Cabe destacar que ambas repúblicas autoproclamadas forman parte de los principales centros económicos de Ucrania: Donetsk tiene salida al mar de Azov, en el que hay numerosos yacimientos de gas y petróleo; y Lugansk es una ciudad industrial con enormes reservas de carbón.

En febrero de 2022, las nuevas repúblicas pidieron al presidente ruso Vladimir Putin reconocer su independencia, quién accedió. Esto, además de la intención de Ucrania de sumarse a la OTAN -lo que es leído por Moscú como amenaza para su seguridad- habría desembocado en el ataque de Putin a su país vecino.

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