El Estadio Municipal de Concepción, centro de detención clandestino de la dictadura de Pinochet

El Estadio Municipal de Concepción, demolido para construir el actual Estadio Municipal Alcaldesa Ester Roa Rebolledo, fue uno de los 159 centros de detención y tortura que hubo en la región del Bío-Bío. Salvo dos placas conmemorativas, no hay mayor objeto de recuerdo para quienes frecuentan el lugar del horror que se vivió allí hace casi 50 años. Hoy, ante la ausencia de una política estatal de conservación de memoria, son las organizaciones sociales las que se movilizan para mantener viva la memoria. 

Por María Torres.

No existe claridad sobre si el Estadio Municipal de Concepción estaba preparado para recibir a personas prisioneras desde antes del Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. Sin embargo, los primeros testimonios recabados durante las investigaciones que han realizado distintas organizaciones de memoria indican que ese mismo día en la mañana ya había personas detenidas. Entre ellas, Tito Gutiérrez, militante del MAPU, dirigente del Cordón Industrial Centro y subgerente de Relaciones Laborales de la Forestal Pilpilco. 

Cuando lo hicieron ingresar al recinto, junto a otras cinco personas, cerca de las 9 de la mañana del 11 de septiembre, el Estadio Municipal de Concepción estaba vacío. Gutiérrez ese día había llegado temprano a Concepción desde Lota para trabajar, pero la noticia del Golpe de Estado hizo que se dirigiera por más información a la sede de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), ubicada en Barros Arana con calle Serrano. Mientras estaba ahí, la central fue allanada y se lo llevaron detenido. A las 11 de la mañana ya había unas 200 personas en el centro deportivo: a ninguna le habían preguntado por su identidad ni afiliación política. 

A las 13 horas, Juan Cisterna, estudiante de la Universidad de Concepción y militante del MIR, llegó al estadio municipal. Durante las primeras horas del 11 de septiembre, Juan había recorrido la ciudad en busca de una forma de defender el gobierno de la Unidad Popular encabezado por Salvador Allende, pero fue detenido y trasladado al centro deportivo. 

Cerca de las cinco de la tarde ingresaron militares al camarín donde se encontraba Tito Gutiérrez. Junto a otras personas detenidas, fueron subidas a un bus con destino a la base naval de Talcahuano para luego ser trasladadas a la Isla Quiriquina, lugar que también se convirtió en centro de detención y tortura de la dictadura de Augusto Pinochet. Juan Cisterna tuvo el mismo destino. Así, el Estadio Municipal de Concepción se constituyó como un centro de detención de paso, en el que las primeras personas detenidas fueron apresadas por romper el toque de queda, por estar en un sitio que fue allanado o luego de alguna redada.

El estadio como centro de detención

El Estadio Municipal de Concepción comenzó su construcción a principios de la década de los ‘60 con el objetivo de ser sede del Mundial de Fútbol de 1962. Sin embargo, el terremoto de 1960 en la ciudad (el que ocurrió un día antes del megaterremoto de Valdivia, de magnitud 9.5), cambió las prioridades. El estadio fue inaugurado en 1962 sin cumplir su meta y desde 1973 fue usado por la dictadura militar como centro de detención. Y con el pasar de los días tras el 11 de septiembre, dejó de ser un centro de detención de paso para convertirse en uno de largo aliento.

El estadio era de madera. La torre de dos pisos, también de madera y desde donde se solían transmitir los partidos, fue ocupada por los agentes de la dictadura como sitio de tortura, mientras que los camarines fueron usados como celdas. “Dormíamos en el suelo. Los militares cada cierto tiempo llevaban aserrín o viruta para que usáramos de colchón. En el día estábamos en las graderías o en las canchas de pasto”, recuerda Gabriel Reyes Arriagada, quien fue detenido en Concepción el 16 de octubre de 1973, luego de dos semanas de estar en la clandestinidad. Al momento de su detención, Reyes tenía 28 años, era secretario regional de uno de los partidos de la Unidad Popular y también funcionario del Ministerio de Agricultura.

Gabriel Reyes.

Carmen Sanhueza Umaña tenía 17 años cuando llegó junto a algunos familiares al Estadio Municipal de Concepción, tres o cuatro días después que Gabriel Reyes. Carmen fue separada, junto a su hermana y una prima, del grupo principal y estuvieron cerca de 10 días incomunicadas en una celda, sin luz ni frazadas. Las interrogaban de a una y fueron sometidas a distintos tipos de torturas. Carmen fue una de las tantas y tantos menores de edad que vivieron detención en el Estadio Municipal.

Según varios testimonios, lo más complejo de la permanencia en el estadio de Concepción tenía que ver con la eterna espera de una eventual tortura. Todos los días debían formarse y cantar el himno nacional, y quienes se negaban a cantar la estrofa que habla sobre “los valientes soldados”, eran golpeados, al igual que quienes gritaban la parte “o la tumba serás de los libres”. 

Algo que también era del cotidiano era ver a cientos de personas congregadas en las afueras del centro deportivo esperando alguna noticia de algún o alguna detenida. A veces, quienes estaban en reclusión sacaban un pañuelo entre las puertas de hierro que cerraban el estadio y lo agitaban para que quienes estaban afuera del recinto supieran que había alguien vivo allí dentro. El gesto era siempre respondido.

Según las cifras entregadas por la Cruz Roja, por el Estadio Regional de Concepción pasaron 580 personas detenidas. Sin embargo, según los testimonios de quienes estuvieron allí, pudieron ser cerca de mil.

El cierre

Si bien no se sabe con exactitud en qué fecha el estadio comenzó a ser un centro de prisión de permanencia prolongada (se calcula que fue a partir del 19 de septiembre de 1973), sí se sabe que las instalaciones fueron ocupadas hasta el 21 de enero de 1974.

Tres días antes del cierre definitivo, 60 personas, casi exclusivamente dirigentes de la región, y entre quienes estaba Gabriel Reyes, fueron llamadas por los parlantes para ser trasladadas a otra celda. Una vez allí, los militares les solicitaron que esa noche escribieran una carta a un familiar. “Por las circunstancias en que estábamos, si nos decían eso, era para despedirnos de las familias. A esas alturas ya sabíamos de otras personas desaparecidas y que estaban lanzando al mar”, cuenta Reyes. Al día siguiente, los sacaron del estadio para subirlos a unos buses con destino al aeropuerto. “Que nos fueran a tirar al mar era un pensamiento que se había generalizado, poca gente tenía la esperanza de que íbamos a salir vivos de ahí”. Sin embargo, el vuelo duró varias horas: aterrizaron en Antofagasta y el grupo fue llevado al campo de prisioneros Chacabuco.

El traslado fue lo que dictó el cierre del estadio como centro de detención. Luego de la partida del grupo de Gabriel Reyes, el último grupo fue trasladado a la cárcel de Concepción, la que era conocida como Chacabuco 70. Según explica Reyes, “en esos meses ya había una presión muy alta de los clubes profesionales para que se reabrieran los estadios”.

Institucionalidad

Foto de la inauguración de la primera placa conmemorativa.

El Estadio Municipal de Concepción que fue utilizado por la dictadura chilena fue demolido en su totalidad. Sobre él se construyó un nuevo y moderno estadio, el Alcaldesa Ester Roa Rebolledo, que hoy puede albergar a 40 mil personas. Nada se conservó de la estructura original. Sí, como señal de conservación de la memoria, se han dispuesto dos placas conmemorativas: en 2004, por iniciativa de organizaciones de sobrevivientes, se puso la primera; y en 2016, con motivo de la reinauguración del estadio, la Municipalidad de Concepción instaló otra.

Desde el punto de vista legal, el Ester Roa no se puede transformar en sitio oficial de memoria. Al hacerlo, pasaría a depender del Consejo de Monumentos y eso significaría que no se podrían hacer arreglos, algo que es complejo para un estadio. 

A nivel regional, Concepción no tiene una política permanente de reparación, memoria ni recuperación de sitios en los que hubo violación a los Derechos Humanos. “No se puede hablar de una política pública de memoria permanente. Va dependiendo de la disponibilidad de las organizaciones y de las autoridades de turno”, explica Gabriel Reyes.

Hoy, Reyes es coordinador de la Agrupación de ex presos políticos de Chacabuco y secretario de la Corporación Regional de la Memoria y de los Derechos Humanos de Bío Bío, y está en plena lucha por la creación de un museo regional de la memoria.

Fuentes:

Entrevista a don Gabriel Reyes.
Libro “Nuestros días en el Estadio” de María Eliana Vega.

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