Y ahora, ¿quién manda?

Esteban Valencia, entrenador.

Álvaro G. Valenzuela Pineda
Asamblea de Hinchas Azules

Universidad de Chile, como club de fútbol, es un problema infinito, un dolor de cabeza crónico para sus hinchas. Las causas de esta jaqueca ya exceden a la cancha porque, más allá de jugar bien o mal, de ganar o perder un partido, lo de la U roja en el pecho es un incendio constante con niveles de intensidad variables.

Es cierto, los últimos cinco partidos del torneo nacional (con cuatro triunfos, incluido el clásico ante la UC y un empate) han tenido una buena cosecha que incluso tienen al equipo peleando en el pelotón de avanzada en la lucha por el título. Pero ese aspecto, relevante por cierto, no puede tapar los hoyos que genera una gestión totalmente invisible.

Da la sensación de que todo lo que ocurre en las oficinas del Centro Deportivo Azul (CDA) es obra y gracia de una tremenda improvisación, sin meditar mucho ni tampoco producto de una planificación detallada. Menos aún consensuada con la parte vital de la organización: la gente que la hizo grande. Las decisiones rozan la negligencia dirigencial en muchas ocasiones, aunque (muy) de vez en cuando le acierten.

Los aciertos escasean, pero ahora, sin saber cómo ni por qué, los resultados dan la razón a la incursión de Esteban Valencia como entrenador del primer equipo azul, sin embargo, su continuidad ni siquiera ha sido ratificada o puesta con un horizonte de tiempo máximo, demostrando una falta de respeto y de cariño por la institución y el profesional.

La desidia de la administración es completa. Hoy por hoy no vemos ni señales de los controladores de una de las marcas más importantes no solo del torneo nacional, sino que del país. Chile tiene derecho a conocer la identidad de quienes van a decidir algo de tanta importancia para millones de hinchas azules en el territorio nacional. ¿De dónde son?, ¿qué buscan?, ¿son representantes de jugadores?, ¿por qué y para qué invirtieron en una empresa como Azul Azul? Estas son preguntas que parecen sin respuesta y lo peor es que a nadie le interesa responderlas.

La U hoy es un espejismo, una oda a la improvisación que de suerte tiene un DT que parece haber tocado una tecla que tiene al equipo jugando relativamente bien y peleando la parte alta de la tabla. Pero Esteban Valencia no sabe qué pasará con su futuro, no ha escuchado de proyecto, no sabe quiénes son sus jefes ni qué buscan para su cargo. Parece que solo el “huevo” es quien la pelea por seguir y al resto le importa poco y nada.

En la semana recién pasada se confirmó la llegada en septiembre del próximo gerente deportivo, Luis Roggiero. El ecuatoriano tiene un nombre ganado en Sudamérica luego de su gestión en Independiente del Valle, pero cuesta creer que haya decidido apostar todo el capital y respeto ganado en una aventura de un equipo con controladores desconocidos. En la práctica, alguien debió llamar a Ecuador y negociar con él. ¿Quién? No tenemos idea. Sobre lo que le ofrecieron o prometieron, tampoco.

La realidad golpea en la cara al conjunto laico, el que fuera de la cancha sigue en un estado de “sede vacante” mientras, como cual circo pobre, las funciones se mezclan y las responsabilidades se diluyen. Mientras la tabla aguante y Larrivey siga anotando, los árboles no van a dejar ver el descalabro en el bosque azul.

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