¿Se puede cantar con mascarilla? Consideraciones sobre el regreso a los estadios

Jorge Salvador
Asamblea de Hinchas Azules

Los distintos anuncios en los cambios del plan Paso a Paso sorprendieron al ambiente del fútbol con el aún hipotético regreso del público a los recintos deportivos del país. En principio, las comunas que se encuentren en fases 3 y 4 podrían llevar de mil a 4 mil asistentes respectivamente, manteniendo dos a seis metros de distancia, habiendo cumplido con el esquema completo de vacunación y portando en todo momento mascarilla.

Antes de cualquier palabra sobre esto, aclaramos que quien escribe no es epidemiólogo ni especialista en salud pública y no posee más conocimientos que el de cualquiera que haya vivido este último año y medio de pandemia mundial. En ningún caso quisiéramos criticar una medida sanitaria sin fundamentos durante la posible superación de este terrible martirio.

Sin embargo, conocemos a los y las hinchas del fútbol. Problemas del pasado que muy probablemente se repitan de concretarse este anuncio: ya de un principio varias sociedades anónimas (por no decir clubes) pusieron en cuestionamiento la forma en que se llevaría a cabo, pues los costos son considerables en relación a las bajas ganancias por recaudación. Entonces, cabe preguntarse en primera instancia: ¿qué precios nos encontraremos si queremos asistir a un partido? Duda valiosa ante el hecho de que una parte importante de la población ha visto mermada sus condiciones materiales de vida, ingresos y acceso a servicios básicos.

Por otra parte, el respeto a la distancia física y al uso de mascarilla es de compleja fiscalización. La autoridad ya anuncia posibles multas a quienes no cumplan con estas medidas: ¿quiénes serán responsables de aplicar tales restricciones? ¿Bajo qué principios de apelación o cumplimiento? No lo sabemos y es posible que, como en todo criterio de la justicia institucional, sean las personas de menores ingresos las únicas portadoras de la culpa, siendo una vez más señaladas como ejemplo de lo que no debiese suceder sin reflexión previa sobre las causas que motivan la adhesión (o no) a normas preestablecidas.

Además, sospechamos que esta será una oportunidad para cumplir un anhelo de quienes diseñan las políticas públicas en seguridad de los estadios: erradicar los modos de ser y expresiones del barrismo, es decir, la prohibición absoluta de “elementos de animación” tales como instrumentos musicales, banderas o lienzos, entre otros, que en sí no suponen ningún riesgo, pero son perseguidos por momentos como verdaderos portadores del mal. Esto, además, puede suponer otro problema en donde el absolutamente necesario cuidado con los contagios se mezcle con el aprovechamiento de estados de catástrofe/excepción para imponer un modo homogéneo de vivir (en este caso el deporte) atacando a otros sectores de la sociedad.

En concreto, no podemos oponernos a medidas basadas en la evidencia científica sobre cómo se transmiten los virus, pero sí podemos poner en cuestión cómo se aplican las restricciones, pues somos quienes asistimos a los estadios, los y las que soportamos en último término estas políticas públicas. En consideración a esto, debiese darse el espacio para que todos los grupos involucrados den cuenta de sus apreciaciones sobre cómo debería volver la gente a ver a sus amadas instituciones.

En función de lo anterior, las autoridades debieran considerar al menos modelos equitativos en la repartición de estas escasas entradas a precios ajustados a la realidad económica del país. También, admitir la posibilidad de entrada de algunos elementos de animación mencionados previamente, siempre que se respete la distancia entre estos. Vistas otras experiencias de público, principalmente en Europa, las restricciones a día de hoy se ven complejas de cumplir y tienen una alta probabilidad de una vez más repetirnos mensajes de autoridades sacrosantas reprochándonos irresponsabilidad en medidas de las que jamás nos hicieron parte. Las que, por cierto, esconden implícitamente el deseo de sacarnos, con o sin pandemia, de las graderías.

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