Lo que dejó la Eurocopa

El jugador inglés Marcus Rashford luego de haber fallado el penal.

La victoria italiana por penales ante Inglaterra marcó el cierre de la Eurocopa, el torneo de selecciones de fútbol más importante de aquel continente. Los análisis y recuentos se quedarán probablemente con el título italiano o la campaña inglesa, pero ¿qué dejó este torneo más allá de la cancha?

Dinamarca, Eriksen y el muro

Foto del equipo danés. Eriksen está al centro.

El debut danés en el torneo quedó marcado por lo ocurrido a Christian Eriksen, quien se desplomó inconsciente durante el primer tiempo del partido entre su selección y el seleccionado finlandés. El jugador recibió pronta asistencia médica, algo que contribuyó a que saliera con vida de este encuentro, pero algo que también fue impactante al respecto fue el trato de la transmisión oficial, la que, desobedeciendo los protocolos impuestos por la FIFA, buscó mostrar sin escatimar en detalles morbosos los procedimientos paramédicos que intentaban reanimarlo. Fue tal el extremo que el resto del seleccionado danés debió realizar con sus cuerpos un muro de contención alrededor del lugar en el que se realizaban los procedimientos, con lo que se evitó que se capturaran las imágenes de aquel momento -en parte, pues luego sería el turno de los fotógrafos para intentar obtener la primicia sobre si Eriksen estaba vivo o no-. Al parecer, cuando se dice que el fútbol es un espectáculo de vida o muerte, en la UEFA se lo toman en serio.

El orgullo alemán

Estadio alemán.

La federación alemana solicitó a la UEFA, a raíz del mes del orgullo, que el estadio Allianz Arena, en el que el seleccionado alemán disputaría su partido contra el combinado de Hungría el 23 de junio, se iluminara con los colores del orgullo. La respuesta de la UEFA fue que ellos estaban completamente de acuerdo con los valores del orgullo y todo lo que ello significaba, pero que no podían tomar una posición política al respecto, por lo que negaban la solicitud, sugiriendo además que era una mejor idea iluminar el estadio otro día. Esta respuesta de la UEFA no solo desconoce -o pretende desconocer- la relevancia de un encuentro de este tipo, y de fútbol en general, en conductas homofóbicas que se transmiten social y culturalmente, sino que además presupone que la aceptación, identidad y los derechos de las comunidades LGBTIQ+, frecuentemente discriminadas, son una materia de discusión política, no de Derechos Humanos. ¿La respuesta alemana? Iluminar todos los estadios del país con los colores del orgullo.

España, penales y Piqué

El polémico tuit de Piqué.

España, equipo candidato a campeón de este torneo, quedó eliminada en semifinales a manos de Italia tras una definición por penales. Apenas terminó el partido, el exjugador de la selección española, Gerard Piqué, comentó en sus redes sociales lo injusto de las definiciones por penales, pues para él, quien parte pateando tiene una ventaja considerable con respecto al otro equipo, proponiendo además cambiar este formato (Equipo A, Equipo B, A, B,A, B…)  a otro que sería más parejo (ABBAABBA…, similar al formato que se usa en los tie breaks de tenis). No está lejos de la realidad: diversos estudios estadísticos y psicológicos mencionan al factor “comenzar pateando” como relevante para determinar quién resultará ganador de una definición por penales. Lo que no esperaba Piqué, no obstante, es que con sus declaraciones sobre cambiar formatos unilateralmente le recordaran el cambio que se llevó a cabo en la Copa Davis, del cual fue rostro y principal promotor, luego de que el grupo Kosmos (del que es propietario) comprara los derechos de la tradicional competencia de naciones. El nuevo formato de la Copa Davis, que pasó de jugarse en distintas sedes a lo largo del mundo y durante todo el año para llevarse a un solo lugar (Madrid) por un par de semanas cada doce meses, ha sido catalogado como un desastre, pues se llevó con él la participación de las fanaticadas locales y las distintas sedes para potenciar la mercantilización (el discurso de presentación fue “los mejores jugadores del mundo jugando entre ellos por dos semanas”). Asimismo, las ediciones que se han llevado a cabo (pre pandemia) mostraron que muchos de los encuentros se desarrollaron en estadios casi vacíos, lo que demuestra que las y los aficionados locales buscan ver a su selección, no a las demás. Faltan años, muchos, para que Piqué pueda volver a hablar de cambios al deporte sin que le recuerden la mutilación que le hizo al tenis. Si es que eso alguna vez sucede.

It’s coming home

Marcus Rashford

Para quienes viven en Inglaterra, lo que ocurrió durante la última semana fue algo nunca antes visto. Han pasado 55 años desde el único título a nivel de selecciones del país que, según ellos, inventó el fútbol, un título que también se recuerda con polémica tras el gol fantasma marcado por Geoff Hurst en la final de aquel mundial ante Alemania. Generaciones de hinchas ingleses nunca vieron a su equipo ganar un título o siquiera llegar a una final, por lo que la campaña de la escuadra dirigida por Gareth Southgate fue revolucionaria. Los días previos al encuentro  fueron caóticos, llenos de eventos vandálicos que sonrojaron a quienes profesan ante cualquier altercado en Sudamérica que “esto en Europa no pasa”.

El sentimiento identitario alrededor de la selección fue muy fuerte. No solo entre ingleses -algo que pocas veces se había visto y que incluso llevó a otra figura que genera unión nacional, la Reina, a emitir un comunicado oficial en el que le deseaban todo el éxito posible al equipo-, sino que también entre las otras naciones británicas. No había galés, irlandés o particularmente escocés que no apoyara a Italia en este encuentro, fenómeno con explicaciones lógicas basadas en la constante explotación inglesa al resto de las naciones del archipiélago. Este partido fue, además, un campo de disputa geopolítica: para Europa habría sido una derrota sin proporciones el haber perdido el torneo de fútbol ante la cabeza de quienes abandonaron la Unión Europea tras el Brexit a principios de este año.

El encuentro, sabemos, terminó 3-2 a favor de Italia en la definición por penales. Fallaron sus disparos Marcus Rashford, Jadon Sancho y Bukayo Saka, tres jugadores afrodescendientes. Las convulsiones políticas dentro de un país que de la mano de Boris Johnson gira cada vez más al conservadurismo conflictuaban constantemente con un equipo que en su diversidad de procedencias mostraba también la multiculturalidad de la que este país no puede renegar, y de la que diversos organismos, como el Museo de la Migración de Londres, se han encargado de resaltar. No obstante, tras la final, los tres jugadores que fallaron sus penales recibieron numerosos insultos racistas por parte de hinchas ingleses. También recibió ataques el mural a Marcus Rashford ubicado en la ciudad de Manchester, de la que es originario y a la que ha contribuido con ayudas a comedores populares y distintas campañas para combatir la pobreza y hambre infantil que existe en la zona. El mismo Johnson, quien ha sido uno de los catalizadores del avance xenófobo inglés, debió explicitar que estaba en contra de los insultos racistas recibidos por estos tres jugadores. Curioso.

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