Joaquín Escobar, escritor: “La idea de escribir sobre fútbol es mostrar el poder que hay dentro de un estadio”

Joaquín Escobar, autor de «Las cosas que hice por la Cato».

Joaquín Escobar, sociólogo, escritor e hincha de Universidad Católica, publicó recientemente “Las cosas que hice por la Cato”, libro que, a través de distintas historias de hinchas de aquel club, buscan también generar pertenencia e identidad. Sobre estos conceptos, las importancia de escribir sobre fútbol y el entrelazamiento del deporte y la política hablamos en la siguiente entrevista.

Joaquín Escobar ha sido hincha de Universidad Católica desde siempre. “La gran herencia familiar, sobre todo de mi vieja que siempre ha sido muy fanática”, explica. Es también sociólogo y escritor, y el libro “Las cosas que hice por la Cato” es el tercero a su autoría tras “Se vende humo” y “Cotillón en el capitalismo tardío”. Su última publicación tiene claras referencias al fútbol (y a su equipo, ya que el título es parte de una canción que cantan semana a semana Los Cruzados), pues nunca nada ha sido para él ajeno a ese deporte y siempre ha hecho su vida a partir de sentirse hincha de Universidad Católica. Y su vida como hincha tiene muchos matices. “No voy a galería en San Carlos de Apoquindo, voy a tribuna, a Foullioux. Siempre existe un prejuicio de que la gente que va a Foullioux es facha, es fascista y en su gran mayoría es así, -acota-. Sin embargo, yo siempre he llevado un discurso político de izquierda, de la Católica y conjugarlo con este fin literario-sociológico”.

¿Por qué giras de la sociología a las letras?

Me interesaba estudiar sociológicamente la literatura. Había cosas de la sociología que no me gustaban, como analizar datos, por ejemplo. Me llamaba más la atención estudiar sociológicamente la literatura latinoamericana de dictadura y postdictadura. Todo lo que se originó ahí, cuáles fueron los procesos de creación, cómo se generaron las visiones, los autores, cómo mutó toda esa literatura. Por ejemplo, “Casa de campo” de José Donoso, desde mi perspectiva, es una novela sociológica, no una literaria. Entonces, leer en esos códigos me parecía mucho más atractivo, me parecía mucho más interesante y también me parecía que era algo que estaba menos explorado porque en otros lugares de la sociología hay harta gente trabajando y le han dado muchas vueltas, por lo que llegan a conclusiones similares.

¿Tus otros dos libros también se relacionan con el fútbol?

Tienen partes de fútbol, partes políticas, partes de guerrilla, partes de no fútbol, de melancolía, de literatura, intertexto… son textos muy híbridos, muy posmo, si se quiere mirar de esa forma, muy delirantes. No sé, los cuentos comienzan en una conversación en un bar y después los mismos personajes que están conversando terminan yéndose a armar una guerrilla, ¿cachai? Son delirios. La gente que los ha leído, la crítica literaria que los ha leído, los denomina como un realismo delirante. Y son muy heterogéneos, no calzan bien en ningún lugar… medios pesadillescos, medios oníricos, con harto humor, porque me interesa trabajar con harto humor. El libro de la Católica también, porque en el fútbol, puta, hay épica, sí, pero también hay humor. Yo también me he ido cagado de la risa a veces del estadio, otras más melancólico, pero no siempre en esa épica forzada con la que por lo general se escribe de fútbol.

¿Qué te llevó a escribir sobre fútbol?

Dos cosas. Uno, porque soy fanático del fútbol; y dos, porque me interesaba retratar todo lo que yo vivía, todo lo que yo sentía. Literatura espejo, ¿no? Las percepciones que ha tenido la gente que ha leído el libro de la Católica es que se sentían identificados. Sentían que era su espejo, un lugar en el cual rebotaban, en el cual ellos también se vieron: en esa fila esperando comprar entradas, la desesperación de alguna final, la pena, pero también la alegría misma, la épica, el bostezo, el partido fome de Copa Chile. Entonces, me interesaba escribir algo biográfico, pero también algo muy ficcional y a partir de eso, generar este rebote. Porque escribir sobre fútbol, escribir sobre la Católica, es hacer club.

¿Hacer club?

Sí, club. Que ser hincha no empiece y termine el domingo con la ida al estadio. Me parecía que escribir era seguir generando y construyendo identidad, abarcando a más hinchas, que lleguen nuevos hinchas, nuevas generaciones. Esa era la idea. No me interesa el “voy al estadio y se acaba mi función por la Católica”. Me parecía que era más importante hacer una más de lunes a lunes, de todos los días.

¿Cuál es esa identidad?

Creo que lo que tiene y muestra el libro es que la Católica es un club muy heterogéneo, multicultural y que ahí se ancla mucho. Eso de que Católica pertenece a la elite y a la burguesía es súper caricaturesco. La Católica tuvo un estadio en Independencia, en la Católica hay agrupaciones de izquierda, que no son pocas, y hacen hartas cosas… hay un nicho de izquierda, pero también hay un nicho de gente… yo voy al estadio a tribuna y al lado mío se sienta Marcela Cubillos con Andrés Allamand y todos sus hijos, que son como 20. Hubo un partido en 2019 en el que hubo una funa con carteles a Marcela Cubillos en el estadio, cuando era ministra de Educación. Entonces, esos cruces me parecían súper interesantes de ver, abordar ese fenómeno y trabajarlo. Tal vez sería súper absurdo pensar en la Católica como un club Maoísta-Marxista, no, es mentir esa hueá, nunca lo va a ser, pero sí es un club heterogéneo y que está muy alejado de las caricaturas que existen sobre la institución. Me parece que es un club quizás muy posmoderno en eso de que todo se cruza, hay de todo. Es como el bar de la Guerra de las Galaxias, hay de todo y eso me parece rico de retratar, de encontrar, porque no hay un foco particular de que “esto es así y deja de ser asá”, sino que atraviesa millones de canales. Todo el estadio de la Católica es eso y me encanta.

¿Por qué crees que es importante escribir sobre fútbol?

Desde el mundo academicista, se vio el fútbol como 22 millonarios corriendo detrás de una pelota, cuestión que es simplista, superficial y reduccionista. Me parecía muy importante escribir sobre esto para mostrar las distintas facetas que tiene el deporte y no reducirlo a eso. Hay mucha gente que piensa que a los que nos gusta el fútbol somos gente tonta y que el único tema de conversación que tenemos es la pelotita, cuando no es así. Me parece que en el estallido social, las hinchadas tuvieron una injerencia muy importante y los estadios son lugares fértiles donde hacer política. Va por ahí también esta idea de escribir sobre fútbol: mostrar el poder que hay dentro de un estadio. Los estadios, no solo San Carlos, sino que en todos los estadios de Chile, salvo quizás el de la Unión Española, pero en todo el resto vi lienzos que sirvieron para construir un mejor Chile.  Pese a que Guarello diga que no es así, también ocurrió y se levantó en los estadios.

¿Tratas de impulsar eso con tu libro?

Sí. El libro de la Católica tiene política, pero los otros tienen más. Este intenta mostrar los distintos tipos de hinchas que hay o los distintos estamentos que hay. Por ejemplo, una familia que se infiltra en Liniers, el estadio de Vélez, a ver un partido de la Católica a la barra rival porque no quieren ir a la barra visitante pues no saben cómo van a salir de ahí. Pero también está la historia más barrabrava del que va y llega de cualquier forma, el diálogo entre dos dirigentes que empiezan a ver cómo la sociedad chilena comienza a exigir derechos en los estadios y cómo en este diálogo empiezan a verse invadidos por todas las demandas sociales que se levantan allí. Es un libro con un abanico, con una paleta de colores muy grande y que sí tiene política.

Portada del libro.

¿Con qué más se va a encontrar el lector cuando abra tu libro?

Con humor, mucho humor, creo que se va a reír mucho. También con mucha identificación, pertenencia. Y también con mucha nostalgia, con mucha melancolía. Harta gente que ha leído el libro y que, algo que me llamó la atención, lloró leyéndolo. Por ejemplo, el suicidio de Tupper. Tupper, para mi generación, se suicida cuando tenemos ocho, nueve años y cuando eso sucede, en mi caso y también en el de otra gente con la que conversé, otros hinchas, fue como “puta, descubrí lo que era la muerte, lo que era el suicidio”. Teniendo nueve años, a raíz de lo que pasó con Tupper. Aparte, siempre se tuvo en relación a Tupper este discurso muy neoliberal de “era bonito, tenía plata, la mina que quisiera, auto, era futbolista y se mata”. No entraba en una cabeza neoliberal ese suceso y me pareció que fue un choque con el que uno se fue formando como persona.

¿Qué otros comentarios, más allá de las emociones que relataste antes, te han llegado de lectores y lectoras?

He tenido buena recepción de hinchas y no hinchas, y creo que eso ha sido bueno. El libro me ha gustado porque ha tenido capas de lectura distintas. Desde distintos lugares se ha ido complementando. No sé, hay gente que lo ve con melancolía, con humor, y hay gente a la que no le gusta el fútbol, que detesta el fútbol y que se empezó a acercar un poco al fenómeno a partir del libro y a verlo con otros ojos.

¿Crees que hay algo que lo hace especial con respecto a otros libros que se escriben de fútbol?
Por lo general, los libros de fútbol, en Galeano, Fontanarrosa, Villoro, o en Chile el caso de Barrio Bravo, por nombrar algunos, traen mucha épica, esta épica forzada, un poco de ese concepto Estado-nación que se lleva al fútbol, esa cosa media bélica de la guerra de Vietnam, de Troya. Hay partidos en que, efectivamente, uno ve épica, ve héroes, algo medio de guerra, pero hay partidos en donde eso no existe, hay partidos que son súper fomes, que uno está ahí por cumplir. Partidos de mucho bostezo donde uno está conversando, comiendo un maní, más preocupado de otras cosas, estos partidos de Copa Chile en los que los equipos no se juegan mucho o partidos que simplemente no tienen esa épica. También me parecía importante retratar esa mirada del fútbol. Y otra cosa es que cuando hay épica, no hay humor, ¿cachai? Entonces, me parecía importante darle este giro. Y agregarle también una batería literaria importante. Yo en ningún caso pretendía que fuera un texto de referencias literarias porque no era lo mío, pero igual hay ciertas ideas o guiños a Bolaño, a Borges o, en el cine, a David Lynch.

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