Los clubes ingleses que son propiedad de sus hinchas demuestran que otro fútbol es posible

Por Will Magee, publicado originalmente en Tribune y traducido por Revista Obdulio.

Desde el Enfield Town al FC United y el AFC Wimbledon, los clubes que son propiedad de sus hinchadas están teniendo éxito en el fútbol inglés y ofreciendo, además, un modelo para las y los aficionados que buscan recuperar al fútbol de las manos de las élites corporativas.

Mientras miles de hinchas del Arsenal protestaban hace algunas semanas contra el dueño del club, Stan Kroenke, una consigna resaltó entre la multitud. Sobre el rojo, blanco y amarillo de las bombas de humo, entre el bosque de banderas, afiches y pancartas, un hombre levantaba un cartel que decía “¡Fuera Kroenke, seamos propiedad de la hinchada ahora!”.

Antes de los intentos de escaparse hacia la Superliga europea, los aficionados del Arsenal -o del resto de los autoproclamados “seis grandes” ingleses- que hubieran llamado a ser administrados por sus hinchas habrían sido una minoría. Ahora, no obstante, hay una base importante de apoyo para reformas radicales que le den a las hinchadas el control de sus clubes, aun cuando el mecanismo exacto de aquellas reformas todavía esté en debate.

Garantizar un porcentaje de la propiedad de los clubes, acciones doradas con derechos específicos en votaciones internas y posiciones automáticas en los directorios para hinchas son cambios de largo alcance que hoy están en discusión. La idea de adoptar el modelo alemán de 50+1 -en el que un club, para poder optar a la licencia para competir en la liga nacional, debe mantener el control mayoritaria por sus socios o el “50% + 1” de los votos- ha llegado al debate político y mediático inglés con más de 85 mil firmas exigiendo su implementación. Aunque nadie esperaba que se le entregaran los clubes profesionales a sus aficionados de la noche a la mañana, principalmente porque eso  requeriría un cambio drástico de la economía del fútbol dados los montos involucrados, hoy hay una demanda urgente por reformas que le permitan a las y los hinchas recuperar el futuro del deporte.

Hinchas del Chelsea protestan contra la Superliga europea – “El fútbol nos pertenece a nosotros, no a ustedes”

Y aunque el colapso de la Superliga abrió una ventana de oportunidad para los hinchas, el modelo de propiedad popular de los clubes no es nuevo en el fútbol inglés. De hecho, como modelo, tiene un notable legado de éxito. Los y las hinchas han demostrado una y otra vez que pueden ser guardianes responsables y administradores creativos, aunque no haya ocurrido todavía al nivel de la Premier League. No obstante, la historia de la propiedad popular entrega lecciones importantes para quienes quieran apoderarse del presente momento y empoderar a quienes están en las gradas.

Tradicionalmente, el modelo de propiedad de hinchas ha sido asociado con los “clubes fénix” que se formaron en respuesta a la codicia individual, fracasos de gestión y crisis existenciales a nivel institucional en el deporte. Los paralelos con la Superliga son obvios y en un caso hay una conexión directa: la familia Glazer.

Fundado en 2005 por hinchas desilusionados del Manchester United tras la llegada llena de deudas del empresario estadounidense Malcolm Glazer, el FC United of Manchester es uno de los clubes propiedad de hinchas más famosos del país. “Creo que la Superliga europea fue un avance natural de lo que ocurrió ese día de 2005”, dice el director del FC United, Adrian Seddon. “El interés de los Glazers en el Manchester United es simplemente el interés en una planilla de contabilidad. Ellos crecieron con el deporte de franquicias estadounidense y, para ellos, la superliga habría sido una manera para maximizar el valor financiero del club”.

Hinchas del FC United of Manchester en su estadio, el Broadhurst Park – “Hermanos y hermanas, ¿pueden ver? El futuro es nuestro, tuyo y mío”.

Malcolm Glazer murió en 2014, por lo que su hijo Joel, quien es hoy codirector del Manchester United, fue uno de los protagonistas principales de la fallida Superliga. Y mientras la familia Glazer ha estado durante los últimos 16 años alienando a sus hinchas, el FC United ha seguido su propio camino y demostrado que una mejor administración es posible. Opera a través de la modalidad “un miembro, un voto”, lo que le da a cada quien la misma responsabilidad en el club. Construyeron su propio estadio, ascendieron cuatro veces (con un descenso entre medio) y lograron algunas de las asistencias más multitudinarias en las divisiones en las que participaron. Han sobrellevado dificultades financieras, conflictos internos y la pandemia, demostrando así que los clubes propiedad de sus hinchas pueden ser tan resilientes como sus acaudalados competidores.

El sistema “un miembro, un voto” tiene sus raíces en el movimiento cooperativo británico (que data de, al menos, mediados del siglo XIX) y representa un acercamiento bastante radical a la propiedad popular. “Esa es la forma pura en que los hinchas toman prácticamente todas las decisiones importantes, desde elegir al directorio hasta los precios de las entradas. Si es que ese es el modelo adecuado para cada situación, esa es otra pregunta”, explica Seddon. “El FC United es un punto del espectro, pero hemos visto también, a través del modelo alemán de 50+1, que puede ser modificado y escalado”. Si la propiedad popular llegara a la Premier League o la Championship (Nota de traducción: segunda división), por ejemplo, quizás un modelo híbrido que permitiera una mezcla de dueños hinchas e inversión foránea podría ser más fácil de implementar.

Lienzo del AFC Wimbledon colgado en su estadio, Plough Lane – “De regreso a Plough Lane. Nosotros somos el Wimbledon”.

Y cuando se habla de las historias de éxito de los clubes de propiedad de sus hinchas, es difícil no nombrar al AFC Wimbledon. Fundado en 2002 luego de la controvertida decisión de reubicar al histórico Wimbledon FC al municipio de Milton Keynes -y que posteriormente implicaría el cambio de nombre del club a MK Dons-, el AFC Wimbledon ha ascendido desde la novena división del fútbol inglés a la tercera, la Ligue One, alcanzando seis promociones en sus primeros 14 años de existencia. Propiedad de Dons Trust, organización democrática de hinchas que también opera según el modelo “un miembro, un voto”, realizaron una celebración de bienvenida el año pasado tras cambiarse al nuevo estadio, el Plough Lane, ubicado a solo unos metros de donde se encontraba el antiguo estadio del Wimbledon del mismo nombre. El éxito del club es evidencia del hecho de que la propiedad popular puede funcionar en el fútbol profesional (Nota de traducción: en el fútbol inglés, hasta la cuarta división contempla la contratación de jugadores a tiempo completo). “Muchas cosas de las que suceden en el fútbol actual pueden ser un punto de inflexión”, dice el vicepresidente de Dons Trust, Charlie Talbot, haciendo una comparación entre las circunstancias que derivaron en la fundación del AFC Wimbledon y el intento de franquiciar el fútbol europeo. “Parece que la Superliga europea fue ese momento para mucha gente. Incluso hinchas de los llamados ‘seis grandes’ están diciendo ‘esto no está bien’. Otras personas han estado diciendo lo mismo desde hace un largo tiempo”.

La lección evidente que se puede sacar de la fundación del AFC Wimbledon y del FC United es que, para recuperar el fútbol, los hinchas necesitan organizarse. Ambos clubes nacieron de protestas vociferantes, no tan distintas a aquellas que han ocurrido en respuesta a la Superliga, y de hinchas que se han posicionado contra los intereses privados que toman decisiones impopulares sin consentimiento y sin ningún tipo de responsabilidad. Sin embargo, cuando las protestas decaen en intensidad viene la parte difícil: reuniones, logística, votaciones, resoluciones, presupuestos y trabajo administrativo. Hay señales de que más hinchas están listos para involucrarse en esto a raíz de las propuestas de la Superliga, con numerosos colectivos de hinchas ligados a clubes de la Premier League viendo un alza en sus inscripciones, pues la gente ha comenzado a reconocer que son potenciales vehículos de transformación.

Tanto el AFC Wimbledon como el FC United son testigos de lo que los hinchas de diferentes clubes pueden alcanzar cuando trabajan en conjunto. “Una gran parte de ser propiedad popular es que se es parte de una comunidad mayor”, dice Seddon. “Cuando nos fundamos en 2005, recibimos mucha ayuda del AFC Wimbledon. Ellos se esforzaron mucho en ayudarnos a formar el FC United”. Y ahora el FC United ha puesto lo suyo para ayudar al Bury AFC, club fénix de propiedad popular que se fundó tras la crisis financiera del Bury FC y posterior expulsión de la Football League en 2019. “Estoy seguro de que en dos o tres años el Bury AFC hará lo mismo por el siguiente club en sumarse a este movimiento”. 

El FC United tiene, además, una política de comprometer al menos un tercio de sus amistosos de pretemporada con otros clubes de propiedad de hinchas en un esfuerzo deliberado para impulsar el modelo. Jugarán contra el Bury AFC este verano: 2000 entradas se vendieron en 24 horas. Si los hinchas quieren tomar control del fútbol, tendrán que encontrar ese mismo sentido de objetivo común. El fútbol inglés es definido usualmente como amargamente partidista, pero la reacción concertada en contra de la Superliga, con hinchas de estos seis equipos de la Premier League oponiéndose juntos y coordinadamente en contra del plan, muestra el poder de la cooperación.

Protesta de hinchas del FC Bury tras la notificación de desafiliación de su equipo por la crisis económica a la que lo llevaron malos manejos dirigenciales.

Democratizar el deporte también requiere que los hinchas trabajen en conjunto para superar sus diferencias. Cuando el AFC Wimbledon se vio en dificultades para financiar su nuevo estadio y hubo temor de que el Dons Trust perdiera el control del club, los hinchas recaudaron más de 5 millones de libras (cerca de 7 millones de dólares, más de 5 mil millones de pesos chilenos) a través del esquema de bonos “Plough Lane”. El FC United también vivió períodos intranquilos tras la mudanza a su estadio, Broadhurst Park. “Lo bueno de la propiedad de la hinchada es que existen las plataformas para trabajar los desacuerdos de manera significativa”, dice Seddon. “No es como en los equipos de la Premier League donde los hinchas solo pueden ventilar sus frustraciones en redes sociales. Aquí hay línea directa con los procesos de toma de decisiones, con reuniones en las que se puede decidir a través de votaciones y te puede o no gustar el resultado final, pero el hecho es que tuviste la posibilidad democrática de decir o hacer algo”.

Y, para todos los contratiempos en el camino, las recompensas de la propiedad popular son enormes. Fundado en 2001, el primer club completamente propiedad de sus hinchas es el Enfield Town, hace ya casi 20 años. “El ser propiedad de los hinchas está grabado a fuego en la psique del club” dice su director Andrew Warshaw. “Cuando tienes éxitos, si eres de propiedad popular, el sentimiento de euforia es mucho mayor a que si el dueño fuera un empresario o quien sea”. 

Pero uno de los asuntos más complejos de abordar para quienes impulsan el modelo de propiedad popular son aquellos clubes que, tras haber sido propiedad de sus hinchas, se vendieron a conglomerados de inversión privados. Ejemplos de esto incluyen al Portsmouth, el Wycombe Wanderers y el Wrexham donde, a pesar de levantarse para salvar al club de la catástrofe, los colectivos de hinchas decidieron ceder el control.

“La diferencia es que los hinchas del Wrexham estábamos orgullosos de ser propiedad popular, pero de improviso, la gran mano llegó del cielo, nos tomó y fuimos los elegidos. Luego, todo ese espíritu orgulloso desapareció completamente”, dice Ap Dafydd, editor del fanzine socialista y republicano SHAG. El Wrexham ahora es propiedad de los actores de Hollywood Ryan Reynolds y Rob McElhenney tras una votación en la que aquella propuesta de compra obtuvo el 98.6% de la aprobación de sus miembros.

En clubes como el Wrexham, donde la propiedad popular fue una necesidad tras administraciones desastrosas y no un principio fundacional, es fácil ver por qué una oferta que promete transformar las finanzas del club es tentadora. Actualmente en el quinto nivel de la liga nacional -el Wrexham es uno de los pocos clubes galeses que compiten en el fútbol inglés-, históricamente han sido participantes de divisiones superiores. Si los hinchas de otros lugares van a tener una participación permanente en sus clubes, debe haber un cambio en cómo la gente percibe la propiedad popular. En vez de verse a sí mismos como cuidadores temporales cuando llega el desastre, los y las hinchas deben ver su permanencia como algo no negociable.

Protesta de hinchas del Manchester United a las afueras del estadio Old Trafford – “Queremos al Manchester United FC. Fuera los Glazers”.

El carácter, el espíritu de la propiedad popular, es un aspecto fundamental de la identidad del AFC Wimbledon, FC United y Enfield Town, no así en los clubes que intentaron formar la Superliga. “Es difícil insertar una cultura de ‘esto es nuestro, nos pertenece’”, dice Ap Dafydd. “Tienen que alejarse del afán de renunciar a la responsabilidad y de enojarse entre hinchas cuando las cosas van mal”.

Más que eso, para que las hinchadas se empoderen en todos los niveles del fútbol inglés, debe existir un cambio fundamental en el entendimiento del ser hincha. Habiendo sido tratados como consumidoras y consumidores por tanto tiempo, tomará un reajuste importante en las hinchadas de equipos de la Premier League para que se conviertan en participantes activos cuyas voces realmente importen. Las protestas masivas en contra de la Superliga deben ser el primer paso en el camino para recuperar el fútbol. Y, como lo han demostrado el AFC Wimbledon, el FC United, el Enfield Town y muchos otros clubes de propiedad popular, los y las hinchas son más que capaces de administrar el deporte por ellos mismos.

Lienzo de hinchas del Enfield Town FC, el primer club de propiedad popular fundado este siglo – “Fundadores caseros. 100% propiedad de sus hinchas”.

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