Juan Pablo Meneses, autor del libro Niños Futbolistas: “El fútbol trata a los niños como a neumáticos, máquinas, motores”.

El libro Niños futbolistas, escrito por Juan Pablo Meneses, relata en primera persona el mercado de la compraventa de niños que son arrancados de su infancia con promesas -muchas veces falsas- para cumplir el sueño de jugar en clubes más grandes. En la siguiente entrevista, conversamos con Meneses para hablar sobre la nueva edición del libro, el mercado de niños bajo la máscara del fútbol y del nuevo fútbol, ya un completo negocio.

Niños Futbolistas fue y es un libro que marcó a muchos de quienes siguen al fútbol desde las letras. Y no porque se cuenten las historias de jóvenes que cumplen con el relato de “triunfar en el fútbol y ganarle a la vida”. Al contrario. En este libro, Juan Pablo Meneses, su autor, se introduce en el mercado de los representantes, de aquellos que entran al deporte buscando en los clubes de barrio al “nuevo Messi” para venderlo por cuantiosas sumas al fútbol europeo. Durante esta búsqueda, Meneses encuentra a muchos empresarios que negocian con niños usualmente pobres y sus familias para comprar sus derechos y llevarlos, dicen, a ser las nuevas estrellas del fútbol europeo. Y es a través de este viaje donde se encuentra con todos aquellos niños que no llegan, a los que se les roba la infancia y de los que nadie dice nada, pues son necesarios para mantener el andamiaje del fútbol actual. Solo algunos, muy pocos, logran el objetivo. El resto es daño colateral.

Niños Futbolistas, publicado por primera vez en España en 2013, fue reeditado en 2020 en Chile por la Editorial Planeta, manteniendo el foco y ajustando ciertos aspectos a la vez. En la siguiente entrevista, conversamos del libro y el negocio de niños con Juan Pablo, su autor. 

¿Cuáles fueron los ajustes que se le hicieron a esta nueva edición del libro?

El mayor ajuste de esta nueva edición, y que es un verdadero ajuste de cuentas, es que el libro por primera vez tiene una edición chilena. “Niños futbolistas” se publicó por primera vez hace siete años atrás. Al principio llegaron a Chile ejemplares de la edición de Argentina y, cuando esos se acabaron, empezaron a importar la edición española, de tapas gruesas, que es carísima. Ha tenido ediciones en Brasil, Holanda, Francia, Italia, México, pero no estaba en Chile. Ahora llegó y mucho más accesible. En cuanto al contenido, se actualizaron números, nombres, y armé todo un capítulo con esto que vengo hablando y escribiendo hace años, y que le llamo postfútbol. Es cierto que el fútbol murió, lo mataron. Ahora se juega un nuevo deporte, el postfútbol.

¿Qué sensaciones te quedaron tras la investigación?

Desde hace unos diez años, el negocio de moda en el fútbol es la compra y venta de jugadores menores. Ahí está puesta la ambición, el negocio, la fantasía. Es una suerte de capitalismo del milagro: imaginar que uno compra a un niño pobre, de un barrio pobre, por muy poco dinero, y al poco tiempo lo vende muy caro y en euros a un equipo español. Esa es la fantasía. Conseguir el nuevo Messi. Y eso, obviamente, te genera un desencanto. Cuando ves clubes españoles de tercer orden que compran clubes de barrio en Rosario, en Argentina, y expulsan a los niños más gorditos o más lentos, con la idea de que ahí ahora solo estarán enfocados en buscar al nuevo Messi. Es brutal.

¿Cómo es ese trato a los niños en el fútbol?

Hay que tener claro que el fútbol es una industria más en la cultura del consumo. Es decir, el niño que no rinde, se desecha. “Niños futbolistas” tiene varias historias de éxito, pero tiene más historias de niños que no llegaron, que no triunfaron, y que terminaron como escombros a un costado de la cancha. El camino a ser estrella de fútbol está plagado de chatarra de otros niños que no lo lograron. Nadie escribe de ellos, no están en las noticias, pero son la mayoría. Entonces, por un lado, el fútbol trata a los niños como a neumáticos, máquinas, motores. Deben rendir, porque los mismos clubes se encargan de decir que ellos no son ONGs (organizaciones no gubernamentales). Y por otro lado, quizás lo más cruel, es que a estos niños, las familias y amigos y periodistas los tratan como héroes, como ídolos, cuando recién están partiendo. Si llevamos a un niño de diez años a trabajar todos los días ocho horas a un campo de algodón de Europa, nadie dudará de que es trabajo esclavo. Si llevamos al mismo niño de 10 años a trabajar ocho horas diarias a un campo de fútbol del Barcelona, diremos que es un ídolo. El próximo Messi. Y los medios publicarán fotos del niño, y de sus padres sonrientes, viajando a Europa.

¿Qué tendría que pasar para que se acabara este mercado?

Todos saben lo que pasa. Llega hasta las más altas esferas, pero no hay manera que se acabe este mercado porque es, precisamente, un mercado en tiempos de libre mercado; no funciona con lógicas humanitarias. El Barcelona no llevó a Messi a Europa para operarlo y que creciera, lo llevó porque vio que podía ser un gran negocio, como lo fue. Apenas salió “Niños futbolistas” en España, me contactaron de FiFPro, el sindicato mundial de jugadores. Me invitaron a Ámsterdam a explicar el negocio de los menores, como si en la FIFA no lo supieran. El sindicato de futbolistas italianos compró los derechos del libro y editó una versión en italiano que regaló en los clubes. La propia FIFA sancionó al Barcelona con dos años sin fichar usando de argumento lo que expone “Niños futbolistas”. Y aún así, con todo eso sobre la mesa, el negocio sigue igual. Y la prensa lo cubre de la misma manera. Hace pocos meses, todos los medios contaban la historia de Agustín Saavedra, un iquiqueño de 10 años reclutado por el Barcelona. Es muy complicado frenarlo porque todos sueñan que cada niño sea el nuevo millonario: el club, los hinchas, los representantes, la familia, los padres, y hasta el propio niño, que tiene la ilusión de sacar a su familia de la pobreza, como dicen los futbolistas más famosos.

Recordando al Club Atlético Che Guevara, ¿qué tan masivos son los procesos de fútbol infantil en Latinoamérica que se oponen a la mirada del negocio?

Que sean efectivos, muy pocos. Que los niños quieran jugar ahí, casi nada. El fútbol infantil en Latinoamérica se vive como una telenovela, donde el niño sabe desde el comienzo que esto es parte de un trabajo. A lo largo del libro yo le fui preguntando a muchos niños acerca de qué quieren hacer la primera vez que ganen un dinero fuerte. Un chico en Colombia quería ponerle un salón de belleza a su madre, otro en Chile quería comprarle un taxi al abuelo, otro comprar muebles para la casa. Es decir, ellos buscaban en el fútbol la posibilidad de comprar cosas. Y por eso buscan clubes que se lo permitan, no clubes como el Che Guevara. Y los padres también, obviamente. Por eso me pareció tan importante contar la historia de un club tan diferente en su lógica de mercado.

Según avanzan los procesos, ¿se ve posible que lo que hoy sucede con niños ocurra en el futuro con niñas?

Es muy probable que en el futuro, este mercado negro de trata de menores llegue a las niñas futbolistas. Algo de eso hablo en la nueva edición del libro. Como decía antes, el fútbol es una industria, vivimos un postfútbol que se rige por todas las leyes de un mercado consumista. Cuando esa industria necesite urgente jugadoras infantiles, comenzará a girar su maquinaria trituradora de piernas de niñas futbolistas para lograr alimentar la demanda. Y por supuesto que sería bueno evitarlo, por eso me interesó abrir la discusión. Pero es un negocio que crece en su no solución. Cuando en el libro escribo que el Barcelona es una maquinaria perfecta de triturar piernas de niños futbolistas, lo decía porque, aparte de todo, llevaban el logo de la Unicef en la camiseta. Después hubo una sanción al club, salió la Unicef de la camiseta, pero siguen contratando a menores. Nadie ha inventado una manera de evitarlo.

¿Consideras que los derechos de los y las niñas son vulnerados en esta industria del fútbol?

Obviamente son vulnerados. En el libro hay varios casos de niños vendidos a clubes de otros países, y de otros continentes, teniendo menos de diez años. Un niño que se va al Real Madrid a los 9 años, para ser la nueva estrella, y viaja con sus padres. ¿Tiene derecho a decirles a ellos que mejor quiere ser bombero, o astronauta? Si solo tiene nueve años. No puede decirlo, porque sus padres ya dejaron toda su vida atrás para triunfar con él. Desde que comencé este libro y descubrí lo fuerte que era esta industria por dentro, entendí que lo que podía hacer era escribirlo y hacer que la gente tomara conciencia, viera lo que está pasando. Me parece que es lo único que se puede hacer para avanzar en un deporte totalmente destruido por el consumo.

Nueva edición del libro, publicada en 2020.

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