No, no es una broma

Veronica Loyola Fajardo
Colaboradora Asamblea de Hinchas Azules

Ha sido una semana convulsa; sin duda hay muchas cosas contingentes en torno a las cuales pudiese reflexionar en estas líneas. En Chile ha pasado casi de todo. Nos hemos mofado de la élite que siempre se ha mofado de nosotros aunque, en el fondo, su actuar no tiene nada de gracioso; quizás lo nuestro fue solo una expresión de las ganas que tenemos de poder reírnos alguna vez de ellos. El Gobierno una vez más atacó cobardemente a una comunidad Mapuche, pero esta vez no en un día cualquiera: como si esta vez si se tratara de un chiste, lo hicieron justo en el día en el que se leía el veredicto por el asesinato de Camilo Catrillanca. Así podríamos seguir enumerando cosas que parecen ser una broma, pero no lo son. Pero como lo que nos apasiona es la “redonda caprichosa”, me referiré a la mala broma que le jugaron esta semana a Coquimbo Unido.

Coquimbo, una escuadra de esfuerzo, con una hinchada de esas que, como hincha, gusta enfrentar, fue groseramente perjudicado por un puñado de hombres que suelen vestir de corbata y han hecho suyo el oficio de engrosar sus cuentas corrientes a costa de la “pasión de multitudes”. En una seguidilla de decisiones inentendibles desde la ingenuidad, pero sumamente esperables desde la lógica del fútbol de mercado, sacaron al local de su cancha a solo días de disputar uno de los duelos más importantes de su historia para llevarlo a una falsa localía a más de 3 mil kilómetros de su ciudad.

Primero, por razones de traslado del equipo rival, movieron el duelo a la capital. Una vez en Santiago, se informó que el partido no se llevaría a cabo: jugadores de su rival argentino, Defensa y Justicia (el nombre del rival parece ser una paradoja) dieron positivo a las pruebas de COVID-19 de rigor; se hablaba de 75 casos de contacto estrecho. Partido suspendido. Pero la historia no acabó ahí. En una rareza similar a la final de la Copa Libertadores de América disputada en España, se determinó que, finalmente, el equipo del puerto del norte de Chile haría de local en Asunción. Si, en Paraguay.

Los afectados pidieron jugar en Coquimbo en nueva fecha, no. Pidieron jugar en Santiago en nueva fecha, no. Pidieron que la semifinal se disputase en partido único en sede neutral, no.

Así, Coquimbo será local en Paraguay, en una cancha que probablemente ninguno de sus jugadores haya pisado antes, mientras el equipo argentino será local en su cancha. Todo muy ecuánime. Parece broma, pero no lo es, pero nada sorprende cuando se trata de una orden emanada de un organismo reconocidamente corrupto: la Conmebol.

Rumores fundados sobre una pasada de cuenta de un empresario ligado económicamente al fútbol chileno y al rival en la polémica semifinal, hacen pensar que no se trata sólo de una pésima organización de un torneo internacional. Es el fútbol de mercado tratando de defender sus intereses desde sus escritorios. Espero, desde esta tribuna, que la gorda caprichosa haga lo suyo y que Coquimbo Unido gane en cancha aquello que, al parecer, quieren arrebatarle por medios poco leales. 

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