Helaine de Grange: “Uno de los errores es insistir en hacer del fútbol femenino exactamente igual al masculino”

Por Nuestra Cruzada

Helaine de Grange dejó el fútbol hace menos de una semana. No es la primera vez, en todo caso: hace unos años atrás colgó los botines para luego volver y decir que el fútbol no tiene edad ni género. Sin embargo, hoy dice adiós de manera definitiva, no sin antes concedernos esta entrevista para conocer un poco más a la gran capitana del Club Deportivo Universidad Católica. 

¿Qué se siente colgar los botines?

Tengo sentimientos encontrados y una ambivalencia que todavía estoy procesando: la tristeza de dejar de hacer algo que me encanta, sintiendo que físicamente aún estoy en condiciones de continuar, pero al mismo tiempo mi realidad de vida hoy me limita poder estar al 100% como se merecía el equipo y el club, pues me encuentro viviendo en otra región. Por otro lado, siento que está bien, que es importante cerrar los ciclos y que ya di todo lo que podía ofrecer y dar como jugadora. También he sentido mucha alegría y sorpresa por la despedida, que fue absolutamente inesperada, y eso me ha llenado de felicidad. Me hace pensar que tal vez sí fui importante para el club, o al menos para algunas personas. Me apena también dejar algunas relaciones en cancha, aunque sé que seguirán existiendo fuera de ella.

¿Tienes como plan seguir ligada al fútbol femenino?

Me encantaría y en particular a Católica. Estoy todavía evaluando la posibilidad de hacer el curso de entrenadora, pero no estoy muy convencida aún. Tengo algunas ideas en la cabeza, pero requieren tiempo y ser decantadas para ver si ese impulso que siento internamente puede florecer eventualmente, pero tengo pensado, de todas maneras, seguir ligada de una u otra forma.

¿Qué crees que falta para que el fútbol femenino sea profesional en los clubes de Chile?

Creo que hay muchas variables en juego y algunas de ellas no las conozco en detalle, aspectos legales y funcionales, quizás, pero desde mi mirada, lo primero es el cambio cultural al interior de los clubes desde una perspectiva organizacional. Todavía existen paradigmas muy rígidos y una orientación centrada exclusivamente en lo financiero-económico que limita las posibilidades de desarrollo. Efectivamente, hoy el fútbol femenino en Chile no tiene el impacto económico que esperan los clubes como entidades empresariales. Recordemos que una empresa no es lo mismo que un club deportivo. Desde esa perspectiva, claro que no hay incentivos económicos para invertir en el fútbol femenino. Por eso, para mí, es imperioso poder ir haciendo una transformación cultural al interior de los clubes-empresas. Para que el fútbol femenino se profesionalice se requiere voluntad, intención, un proyecto deportivo de largo plazo y agentes de cambio en las organizaciones que puedan impulsar este proceso. Para mí, esto no puede ser gestionado bajo la misma lupa que el fútbol masculino porque tienen líneas de tiempo diferentes, una aproximación diferente, mercados diferentes, contextos diferentes, en fin. Aquí no se trata de replicar el modelo del fútbol masculino para el femenino, sino de crear un nuevo modelo para los nuevos tiempos y aspirando a nuevas posibilidades e innovación. Creo que uno de los errores es insistir en hacer del fútbol femenino algo exactamente igual al masculino. Esa puede ser una trampa que retarde el proceso.

¿Y sobre contratos?

No diré que hace falta generar contratos y establecer cuestiones técnicas básicas porque eso es un resultado espontáneo y orgánico cuando el modelo de negocio está bien diseñado. Pelear contratos sin una cultura deportiva efectiva y sin un modelo robusto, para mí no tiene sentido. Así es como existen contratos por sueldos mínimos que no aseguran en nada las condiciones básicas de vida de una jugadora, pero tiene contrato. ¿De qué le sirve, en ese caso? Si vamos a hacer profesionalización, hagámosla bien. No tratemos de curar el síntoma perdiendo de vista la enfermedad.

¿Qué piensas sobre los casos de acoso y abuso sexual que han sufrido futbolistas a manos de entrenadores, dirigentes o miembros del cuerpo técnico?

Me parece lamentable desde todo punto de vista: el daño a las jugadoras y el impacto que tiene en su persona, el daño a la institución y su reputación corporativa por las faltas de quienes se convierten en perpetradores… es un impacto brutal en la confianza de las jugadoras hacia las personas que supuestamente están para ayudarles a crecer, no para socavar ni corromper su espíritu. Estos eventos quiebran el vínculo entre jugadoras y cuerpo técnico o club, más aún cuando no se manejan adecuadamente estas situaciones.

¿Qué opinas de esos hinchas que aún piensan que el fútbol femenino es malo, no vende y no debería existir a nivel profesional?

Siempre me río de esto. Yo me dedico a veces a revisar los comentarios de los hinchas en nuestras publicaciones y, en realidad, todos tienen derecho a tener una mirada y una opinión, así como también de expresarla. Y siempre hay extremos: los que piensan que no debería existir y los que piensan poco menos que es lo mejor del mundo. Cualquier extremo, para mí, no tiene un peso relativo importante y prefiero enfocarme en una masa más crítica, de más criterio y con capacidad para mirar con amplitud. Yo no le diría algo en particular a quienes piensan que nuestro fútbol es malo porque no creo que vayan a cambiar de opinión, tienen un sesgo muy marcado. Yo más bien diría abierta y transversalmente que quien no tiene la capacidad para mirar con perspectiva y apertura los fenómenos que se están dando en torno al fútbol femenino, habla más bien de sus propias rigideces y trancas. Y probablemente no sea sólo el fútbol femenino lo malo, seguro se quejan de muchas otras cosas en la vida. Así que no es algo personal con nosotras, sino algo personal con ellos mismos. Lo importante para el fútbol femenino no es luchar contra esa gente, sino más bien ganar fuerza con los aliados, que son muchos.

¿Qué mensaje le podrías transmitir a una niña que quiere ser futbolista y tiene miedo o vergüenza a lo que pueda decir el resto?

¡Lo primero que haría es abrazarla! Abrazarla hasta que pueda sentir que todo está bien, que pueda reconocer que hay respaldo. La vida está llena de desafíos, de personas que no van a creer en nosotras o que simplemente creen que nos hacen un favor diciéndonos ciertas “verdades” como “para qué haces eso si te vas a morir de hambre”, “mejor estudia una carrera”, “si las mujeres nunca van a estar al nivel de los hombres” y otras tantas que van calando en nuestro ser sin darnos cuenta. Yo diría que busquen figuras inspiradoras, jugadoras como Tiane Endler, Megan Rapinoe, Amandine Henry y tantas, tantas otras de fuera, ¡y de Chile también! Que escuchen y vean sus historias, cómo llegaron donde están y que esa sea su fuente de inspiración. Todas necesitamos tener un norte para guiarnos en el camino y la inspiración es uno de los combustibles más maravillosos para perseverar con nuestros sueños y anhelos. Es difícil decirle a una niña o adolescente que luche por lo que quiere porque muchas veces, aunque quieran, las condiciones de su entorno aplastan completamente sus ilusiones. Siento que el mensaje aquí no es sólo para las niñas, sino también para quienes acompañan o son parte del entorno de todas aquellas niñas o mujeres que desean crecer en el fútbol. Esas son las personas clave, pues esto es un sistema completo, no sólo un individuo. Y mi mensaje sería: provean respaldo, cariño y aliento, impulsen su espíritu deportivo y por ningún motivo lo coarten, porque coartar ese espíritu y deseo silvestre de las niñas es apagar lentamente una llama llena de potencial. Vinimos a encendernos y florecer, no a marchitarnos.

¿Qué le dirías a una mujer que piensa que, por su edad, no puede cumplir sus sueños?

¡Guau! Pues que los sueños no tienen edad. Una mujer que piensa eso me hace creer que, precisamente, es tiempo de torcer el destino y comenzar a decirle sí a la vida: sí puedo, sí quiero, sí lo merezco, sí quiero brillar, sí tengo derecho. Alguien que tiene esa idea limitante rondando en su cabeza es porque probablemente recibió muchos no en su vida que terminaron socavando su esencia. La vida está ahí, pulsando fuera, lista para que le digamos que sí. Si nosotras no nos decimos que sí, ¿quién lo hará? ¿Qué estamos esperando?

Cada vez que me topo con una mujer con esas ideas u otras más limitantes aun, les digo: ¿cuándo tienes pensado recordar que eres libre, salvaje y sabia?

¿Algún sueño que te haya faltado cumplir en el fútbol?

Varios, y tengo claro que no los cumplí por mis propios miedos. Por eso, a quienes tienen tiempo por delante, solo les puedo decir que la vida premia nuestro coraje, así que agarren su corazón y pónganlo por delante porque no hay posibilidad de que algo hecho con amor y corazón, no salga bien. El miedo es un distractor que se ve más grande de lo que realmente es, como el canto de un grillo por la noche que suena gigante, pero en realidad es diminuto. El miedo es nuestro gran enemigo, no son las personas, no son los eventos, no son las situaciones, es el miedo. Y es nuestro coraje para dar saltos, sobre todo esos que sientes como si saltaras al vacío, el remedio que lo disuelve. Al final miraremos hacia atrás y diremos: ¡qué bueno que salté!

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