La U: un pequeño Chile

Andy Zepeda Valdés
Asociación Hinchas Azules

Resulta curioso constatar cómo el devenir de la historia de Chile es increíblemente similar a la historia de la U. No recuerdo bien cuándo ni quién fue la primera persona que me hizo notar que cada episodio que ha vivido el país, ha tenido su símil a menor escala en nuestro club, pero desde entonces, no dejo de pensar en ello.

Un país que durante de los 60s y comienzo de los 70s buscaba en el socialismo las respuestas a las demandas populares y que se encontró de “golpe” con una dictadura, recuerda mucho a la época de los 60s en que el Ballet era un club con socios y socias, en que todo se decidía por quienes conformaban el cuerpo social de la U y siguiendo siempre un proyecto social, pero que luego fue absorbida por el monstruo del capital y fue desmantelada pedazo a pedazo por esa misma dictadura. Tanto Chile como la U entraban así en un letargo del que les costaría salir.

Ya en los 90s vuelve la democracia a Chile y se termina la época más oscura de la historia reciente de nuestro país. La U vivía su propio renacer y en apenas cuatro años de democracia, de la mano de la gestión del Doctor Orozco, volvió a ser campeón después de 25 años. ¿Coincidencia? Puede ser, pero es casi evidente que los vaivenes del país tuvieron sus repercusiones en la micro-realidad del club.

Ya a finales de los 90s y principios de los 2000, con los gobiernos de la Concertación a la cabeza, comenzó la irreversible moda de privatizar grandes sectores de servicios y recursos naturales. ¿Los más evidentes? Caminos, energía eléctrica, agua. La lista sigue.

Fue justamente en esa época, en 1998, cuando el entonces senador Sebastián Piñera presentó el proyecto de sociedades anónimas deportivas. Los clubes acarreaban pesadas mochilas financieras legadas por sus controladores nominados por la dictadura y no fue difícil instalar la idea de que los problemas se debían a que el modelo de clubes no funcionaba bien y que los dirigentes se “robaban la plata”. Luego, entre 2000 y 2005, ese proyecto fue madurando con la gestión de Arturo Salah como Subsecretario de Deportes. Fue en esa misma época en que en los noticiarios abundaban las notas sobre alguna industria que ahora pertenecía a capitales españoles.

Esa historia terminaría con el fútbol igual que el agua, la luz y los caminos: privatizado. El paralelismo con la U es, entonces, evidente. Cuando en Chile la moda era privatizarlo todo, llegó en 2007 Azul Azul, el peor cáncer de nuestra historia.

Más tarde, en la década de 2010, quizá a partir del movimiento estudiantil de 2011, en Chile comienza a emerger lentamente la idea de que el lucro no puede permear todas las áreas de nuestra sociedad. Si bien aún no se avanza hasta donde soñamos estar, aspectos como la educación y la salud son vistos cada vez más como derechos fundamentales. Más o menos por esa época comienzan a surgir en el seno de las hinchadas de varios clubes, organizaciones que ven el deporte como uno de esos derechos fundamentales y al fútbol como un bastión que no puede ser administrado desde el interés por el lucro. Organizaciones como la Asociación Hinchas Azules, Colo Colo de Todos, Católica Para Su Gente o el Movimiento 15 de Agosto, comienzan a luchar para que los equipos vuelvan a ser clubes administrados por su gente.

Es decir, tal y como en Chile comienza a evidenciarse la crisis de legitimidad de las instituciones y el ocaso del modelo regido por el capital, y empieza a surgir la demanda por un modelo más justo y participativo, en la U comienza a hablarse de la crisis de Azul Azul y la necesidad de superar ese modelo.

En los últimos años comenzó a mencionarse en Chile sobre la necesidad de una nueva constitución, de la elaboración por fin de un Pacto Social (que nunca ha existido, por cierto), de un Chile soberano y de su gente. Y en la U estamos en las mismas: luchando como se pueda para que se acabe Azul Azul y así tener un club que sea de su gente, un club donde se pueda construir y respetar una identidad, donde las decisiones se tomen siguiendo un proyecto, donde se hagan bien las cosas -y no le den la espalda a Montillo, por ejemplo-.

El triunfo del Apruebo y la inminente nueva Constitución abrirán muchas puertas en Chile. ¿Pasará lo mismo con la U? ¿Se abrirán puertas para la hinchada? La historia ha demostrado que el destino del país y el de la U están entrelazados, así que me permito soñar. Eso sí, las puertas no se abrirán solas. Tendremos que darles una mano para que se abran de par en par.

Pero, si Chile ha de renacer, ¿por qué la U no? Que así sea.

Pueden leer la columna anterior de la Asamblea de Hinchas Azules en este enlace.

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