Somos perfectamente capaces

Jorge Salvador
Colaborador Asociación Hinchas Azules 

La actualidad política de Latinoamérica nos muestra un conjunto de revueltas y demandas caracterizadas por el agotamiento de modelos de administración del Estado y la poca representación en los cargos públicos. Sin tocar casos puntuales, podríamos decir que, en general, se ha puesto a debate qué clase de gobiernos (y, en consecuencia, qué tipo de gobernantes) queremos para nuestras sociedades.

Sin duda, muchas organizaciones han apostado acá en Chile por la Convención Constitucional como vía para efectuar modificaciones, cosa absolutamente legítima, por cierto. Sin embargo, dentro de esta apuesta hay un conjunto de sectores que aluden a un argumento clásico, el famoso tema de la experticia o la capacidad que poseen las personas para enfrentar problemas de la sociedad entera.

Este muy antiguo discurso sobre la idoneidad de quienes gobiernan, formulado en épocas de esclavistas, resuena aún como crítica a la gran mayoría de las personas, mismas que no forma parte de las decisiones ni de los diseños de casi todas las políticas públicas del país. Ejemplos sobran, pero en particular hablaremos de uno muy preponderante que vivimos en los últimos veinte años sobre la supuesta incapacidad que tenemos los y las hinchas de hacernos cargo de nuestros clubes.

La promesa de orden, profesionalismo, seriedad y tantos otros adjetivos que, supuestamente, controladoras de empresas e inversionistas iban a traer al deporte más popular del país, hoy son chistes de mal gusto a la luz de los resultados. Si miramos a la “U”, vemos que lo que sostiene las arcas de la institución actualmente son precisamente los ingresos generados a partir de sus hinchas: las camisetas que vende, los distintivos que poseemos, la sintonización sagrada de un canal privado cada fin de semana, inclusive quienes se suscriban a su nueva plataforma de contenidos digitales de pago mensual. Pese a ello, nadie, ni de la barra organizada, ni de la Corporación de Fútbol de la Universidad de Chile (Corfuch), entre otras instituciones, tiene voz o siquiera posibilidad de entrar al Centro Deportivo Azul.    

Lo único que ha quedado en evidencia luego de enormes períodos escuchando a supuestos expertos en distintas materias respecto a cómo debe ser nuestra vida -y que son quienes terminan siendo los responsables de las decisiones que afectan al conjunto-, es la subvaloración de nuestras distintas habilidades, el menosprecio de nuestras intenciones y, en definitiva, el profundo desprecio hacia nosotros y nosotras. El fútbol, en este caso, es una expresión más de cómo sumamos otro año viendo a los responsables de los errores darnos las “soluciones”.

No debe caber duda de que somos perfectamente capaces, sea el club que sea, de tomar la entera responsabilidad de las administraciones y conducir sus destinos. No podemos, en adelante, seguir aspirando a vivir en una cultura que nos dice desde la constitución hasta en los colores que nos identifican, que no valemos, no importamos y que no tenemos nada que decir si no es en función de intereses particulares.

¡Viva la U Libre!

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