Acerca de la conmemoración de los 47 años del Golpe de Estado en Chile

CSD Estrella Roja

El 11 de septiembre de 1973 cambió para siempre la historia de nuestro pueblo. El largo proceso de crecimiento y fortalecimiento de la clase trabajadora y los sectores populares en el campo y las ciudades, quedó interrumpido por la fuerza y la crueldad del ejército y del gran empresariado.

Durante el período en que la fuerza de las armas controló el Estado, cada medida de avance del Gobierno de la Unidad Popular y los sectores organizados de la clase trabajadora -dirigidos hacia la apropiación de la riqueza nacional, de ampliación y profundización de la educación y la salud pública, de gozar y disfrutar del fruto del trabajo, de ampliar los márgenes de gobierno común y de la representación política- fue destruida. En su lugar, se impuso un diseño que nos condenó al empobrecimiento, al embrutecimiento del trabajo precario y la esclavitud del endeudamiento sin término. A la pérdida de nuestra identidad y el deterioro de las virtudes propias, a la dependencia y sumisión de los símbolos e ídolos del mercado y sus fetiches.

Más allá de la nueva institucionalidad política y económica que el gran empresariado construyó para su beneficio, el golpe de Estado cívico–militar contiene un mensaje más profundo. Ante todo, fue un acto de castigo y disciplina. El uso del terror hacia la población fue la forma de hacer cumplir las órdenes de las jefaturas militares y empresariales. La voz de la oligarquía nacional ladró a través de radios y periódicos, expresando la intención del gran empresariado -tanto nacional como extranjero-, poniendo en su lugar a los subordinados: “no volverás a desafiar el orden impuesto”. Los allanamientos masivos, la detención forzada, la tortura, las ejecuciones sumarias, los simulacros de fusilamiento, las violaciones y vejaciones más retorcidas fueron los medios para asegurar la enseñanza. 

Como todo golpe deja un trauma, el pueblo se contrajo sobre sí mismo y, como pudo, sobrevivió a los embates de la dictadura para, durante la década de los 80, rearmar su fuerza desde las calles. Pagando el precio del combate con más muerte, tortura y desaparición, logró forzar la salida de los militares del Gobierno y, tras 1990, la resistencia al poder de las armas se transformó en la resistencia a la pobreza y la exclusión que heredamos de la dictadura y sus aliados. Durante más de 40 años reconstruyó su fuerza y su capacidad de acción bajo los estrechos márgenes de la Constitución de 1980 y la seguidilla de reformas superficiales de los gobiernos que administraron el Estado desde ese entonces. Bajo el manto de un supuesto éxito económico y tranquila gobernabilidad, se cultivó una fuerza subterránea que emprendió la lucha contra los pilares del modelo dictatorial: educación, salud, trabajo, seguridad social. Uno a uno fueron asediados durante los últimos 20 años y la incapacidad del sistema político de dar solución a los problemas más profundos de la desigualdad social llevaron a un nuevo alzamiento popular.

Este 11 de septiembre de 2020 conmemoramos nuevamente el aniversario del Golpe de Estado, pero, a diferencia de los últimos 47 años, hoy lo hacemos con la imagen presente de que el Gigante Popular está vivo y despierto. La irrupción de la protesta sostenida a través de todo el país nos demuestra que el miedo a las fuerzas conservadoras y reaccionarias está quedando atrás. La herida causada en el fondo de nuestra gente va sanando y de a poco vamos alzando la vista y recuperando la esperanza de conducir nuestra vida. La tragedia de nuestro pasado nos acompaña como fuente inagotable de experiencias y aprendizajes, como una base para enfrentar la lucha que está por venir.

Siguiendo la convicción del Presidente Allende, tenemos plena confianza en el pueblo y su destino. Sabemos que estamos construyendo las bases de una nueva sociedad, más justa y comprometida con el crecimiento y bienestar de nuestra gente. Desde el CSD Estrella Roja trabajaremos junto a las nuevas fuerzas sociales para transformar las bases de nuestro país, de forma tal de construir una sociedad donde el desarrollo pleno de la población sea garantizado por el Estado y sus órganos. Estamos convencidas de que el deporte cumple una función central como forma de fortalecimiento de la salud de las personas, como puente de colaboración, amistad y solidaridad entre los pueblos. Allá vamos. Paso a paso.

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