Fútbol al servicio de los opresores

Nuestra Cruzada

Siempre es lindo ver a tu equipo jugar. Las emociones que nos invaden en cada jugada durante esos 90 minutos son incomparables a cualquier otra situación en la vida. “No traten de entenderlo”, menciona una canción en referencia al sentimiento de los y las hinchas.

Pero, ¿cómo va a ser lindo ver jugar a la Católica en el contexto en el que estamos? El coronavirus ha costado miles de vidas de adultos y niñes que ya no podrán vibrar cada fin de semana en los estadios. Lamentablemente, la pandemia nos vuelve a confirmar que, hoy por hoy, el fútbol está en manos de concesionarias en dónde lo único importante son las ganancias que genera el “deporte rey”. En Chile, la situación pandémica no está controlada y nunca lo estuvo. Los dirigentes decidieron volver a jugar haciendo caso a las directrices sanguinarias del gobierno de Piñera, un gobierno que necesitaba de manera urgente ese opio que hiciera que las noticias apuntaran en otro sentido. 

Sabido es que en muchas ocasiones el fútbol ha sido instrumentalizado por los grupos opresores para aprobar leyes y generar reacciones en cadena en la población, siendo esta una de ellas. No importó el cómo se iba a volver, qué pasaría con los clubes más pequeños y el fútbol femenino, ni qué pasaría con los equipos con brotes activos de COVID-19. Solo una decisión estaba tomada y era la importante: el fútbol volvería y sin hinchas. ¡Sin hinchas! ¿No somos acaso nosotres, les hinchas, parte fundamental de la actividad futbolística?, ¿no son los jugadores y dirigentes quienes se llenan la boca cada fin de semana con el “jugador nº 12”? En cada lanzamiento de una nueva indumentaria ¿no apuntan a la pasión del hincha para que compre una camiseta? En pandemia, el fútbol mercado nos grita a todes les hinchas la verdadera intención de la Sociedad Anónima respecto a nosotres: somos prescindibles. No importa si la galería está vacía, mientras existan telones gigantes con sponsors en las gradas y la membresía mensual del CDF, los cantos y el aliento en vivo pasan a segundo y tercer plano.

¿Quién asumirá la responsabilidad si un trabajador del fútbol se contagia de COVID-19? O peor aún, ¿si muere? Desde Nuestra Cruzada, el mensaje es claro: no queremos que vuelva el fútbol de esta manera. Día a día siguen muriendo personas, hinchas de la UC que ya no volverán a gritar los goles. Menos queremos este regreso si la vuelta es al servicio de un gobierno criminal que lo único que buscaba con esto era acallar, en parte, las críticas hacia su inepta gestión e instaurar esa “normalidad” que necesitaban desde octubre del año pasado. Basta de este fútbol mercado, basta de las sociedades anónimas que anteponen sus intereses a la identidad de los clubes deportivos.

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