La pelota tiene que volver a rodar

Verónica Loyola Fajardo
Colaboradora Asociación de Hinchas Azules

El 16 de marzo de 2020, la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP) informó que, dada la situación sanitaria del país, se suspendían todas las actividades del fútbol profesional, incluyendo las competencias de ligas y el fútbol femenino, añadiendo que “… para la ANFP la prioridad es la salud y el bienestar de los jugadoras, jugadores, hinchas y todas las personas que se involucran en nuestra actividad” (sic).

Lamentablemente, la suspensión se justificaba. La pandemia ocasionada por el SARS-CoV-2, conocido también como COVID-19, ya era realidad en Chile, y con 45 casos oficialmente reconocidos a nivel nacional, asumíamos con algo de incredulidad y temor que la distancia social llegaba a nuestras vidas.

Así, se iniciaba en Chile una suspensión del fútbol profesional que ya se producía en todo el mundo y era solo comparable a lo ocurrido durante la Segunda Guerra Mundial, época en la que se cancelaron los mundiales y los Juegos Olímpicos.

Para quienes vibramos con el deporte más lindo del mundo, la suspensión del campeonato nacional de fútbol profesional fue un elemento que agudizó la sensación de estar viviendo una “vida anormal”; otros, aquellos que han amasado fortunas con la pasión de multitudes, vieron con estupor cómo la paralización de la actividad generaba que sus ganancias descendieran de manera estrepitosa.

A finales de mayo, con más de dos meses sin actividad, se hizo público que la empresa Turner estaba sumamente molesta con la ANFP. Cabe recordar que aquella cadena multinacional de televisión se convirtió en 2017 en el principal socio estratégico del ente rector del balompié nacional, al suscribir un contrato por medio del cual se adjudicó la concesión del Canal del Fútbol (CDF) por el nada despreciable periodo de 15 años. Éste, el más millonario negocio realizado en la historia del fútbol chileno, implica que la empresa realice pagos mensuales a los clubes y que estos tengan la obligación de proporcionar un mínimo de 30 semanas (10 meses) de fútbol al año. He ahí el origen de la molestia del socio estratégico.

Así las cosas, la pandemia avanzó en Chile, arrebatándole la vida a más de 15 mil personas, acrecentando las injusticias de la sociedad cuna del capitalismo, incrementando el descontento ciudadano y las malas decisiones del gobierno. La crisis sanitaria agudizó la crisis social latente en Chile. El gobierno y los poderes económicos debieron optar entre la protección de la salud y la supervivencia de la economía. Para nadie es un misterio en qué dirección se tomaron las decisiones.

En ese escenario, el sábado 29 de agosto, con un promedio de 2 mil contagios diarios a nivel nacional, se reanudó el campeonato profesional. Volvimos a vibrar con los equipos de nuestros amores, con lo cual el CDF recuperó en masa a sus abonados, y con casi 45 veces más contagiados que los que había al momento de determinar la paralización del torneo, la pelota volvió a rodar.

Después de todo, ahora sí están claras las prioridades de la ANFP.

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