El deporte también tiene memoria

Imagen de la escotilla N°8 del memorial Estadio Nacional. Créditos: María Francisca Torres.

La memoria la hacemos todos y todas. Todavía puedes participar de nuestro concurso de relatos de deporte y memoria. Más información en este enlace.

La negativa de Raimundo Tupper, el amague del apretón de manos de Carlos Caszely, las flores de Isaac Díaz y David Pizarro. Sócrates y el establecimiento de una democracia al interior de un club, Rodolfo Walsh y su desaparecimiento forzado. Todos fueron eventos distintos, pero que tuvieron en común la ligazón entre el deporte y las dictaduras latinoamericanas. En distintos períodos, espacios y escenarios. Con objetivos diferentes, probablemente, pero también similares, aunque parezca contradictorio. Negativas directas, proyectos políticos alternativos, homenajes a las víctimas o incluso ser una de ellas. Todos ellos deportistas, todos ellos políticos. Todos ellos entrelazando su quehacer y, de una u otra forma, la memoria.

¿Por qué la memoria y el deporte estarían entrelazados? Más allá de los ejemplos mencionados, la memoria es aquello que nos recuerda que lo que sabemos que pasó, efectivamente pasó. Lo que nos impide olvidar. Es parte de las bases sobre la que nos construimos como personas y colectivos. Y se incluyen entre ellos los y las deportistas, evidentemente.

La barbarie que vivimos como pueblo durante las numerosas dictaduras latinoamericanas trascendió casi todo grupo social. Nadie quedó ajeno a alguna experiencia traumática durante aquel período. Casi todas las familias tienen a ese alguien, esa vida quebrada, esa herida que los gobiernos y los Estados aún no han terminado de ayudar a cerrar. Los pactos de silencio, las defensas institucionales a militares, la amnistía: todo aquello fue parte también de este ocultamiento sistemático de la verdad en pos de una reconciliación forzada. Una que, más que reconciliación, fue silenciamiento.

¿Y cómo no sería el deporte protagonista de este tipo de fenómenos? El deporte, en tanto círculo y tribuna social popular, fue usado también por los gobiernos no elegidos para legitimarse. Las selecciones en su mayoría se convirtieron en estandartes de los ideales que aquellos gobiernos ilegítimos querían representar tanto hacia el interior como al extranjero. El Brasil de Pelé y la Argentina de Kempes no solo tuvieron en común el salir campeones del mundo, sino que también contaron con el apoyo irrestricto de dictaduras militares, quienes veían un eventual título mundial como la forma de validarse ante un pueblo que no solo no los había elegido, sino que los sufría a diario. Los partidos entre selecciones vecinas pasaban a convertirse en algo más que clásicos, eran pequeñas guerras donde el nacionalismo exudaba y de las que todavía quedan algunos resabios; no es necesario poner tanta atención para notar sus remanentes en el deporte latinoamericano actual.

El deporte, además, como todos los espacios sociales, es inherentemente político. No debemos engañarnos. Que hoy haya algunas disciplinas que sean empresas multimillonarias es una decisión política en el amplio sentido de la palabra. ¿De qué otra manera se explica la compra y venta de niños del tercer mundo para jugar a la pelota en las capitales? ¿La acumulación obscena de dinero por parte de los veinte mejores tenistas del mundo mientras al Top 500 no le alcanza para vivir? ¿Que los asientos más cercanos al cuadrilátero de una pelea de campeones mundiales -quienes suelen venir de la precariedad extrema- cuesten decenas de miles de dólares? ¿Que las caras de Messi y Cristiano Ronaldo estén en todas las paredes de todo el mundo, buscando vender cualquier cosa, tenga esta relación a su actividad o no? ¿Qué estructuras sustentan y fomentan la ocurrencia de este tipo de eventos?

Vivir es política, también lo es morir, y también lo es todo aquello que pasa entremedio. La protesta es política, también el deporte, y los y las deportistas hacen política incluso cuando no la hacen, porque restarse de ella es también una decisión política.

Comienza septiembre. El deporte también tiene memoria.

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