Otra justicia es posible

Nuestra Cruzada

En estos días se ha hablado mucho de retomar prácticas para generar justicia que parecen anacrónicas, como sucede con la pena de muerte. Muchas voces se han elevado para manifestarse a favor de la pena de muerte como vía para ajusticiar a los violadores de menores y de mujeres, por mencionar algunos delitos.

Sin embargo, es importante entender que estas problemáticas vienen enraizadas desde lo más profundo de la sociedad: el patriarcado. Porque el violador y el femicida no están enfermos, son individuos sanos en una sociedad patriarcal. La educación es fundamental para poder romper con estas prácticas que son nocivas para la sociedad. Es por ello que una crianza enfocada en temas de género es importante para que estas situaciones se erradiquen de una sociedad tan marcada por el patriarcado.

Además, sobre aquello, Chile ratificó el “Pacto de San José de Costa Rica” y, atendido que Chile derogó la pena de muerte mediante la Ley N.º 19.734, su resurgimiento es teóricamente imposible sin, previamente, retirarse de ese pacto.

Por esto, la sociedad tiene que actuar en conjunto para poder crear una nueva institucionalidad legislativa que ordene estas problemáticas en un nuevo código penal, dejando atrás el instaurado a fines del siglo XIX que, debido a su origen, no contempla temáticas de género, infancia o conflictos sociales actuales. De esta manera, se debe también realizar una reforma integral al sistema carcelario, tan anacrónico como el código penal, y que a través de esta reforma, pueda evaluarse la libertad condicional de personas que han cometido delitos graves. 

La pena de muerte no es la solución, porque solo ataca el problema, pero no busca soluciones. Porque no genera cambios. Cuando se ejecuta a una persona por un delito, no se acaba el patriarcado, no se acaba el machismo. Antes que el femicidio sucediera, fallaron muchas cosas. No se trata de la criminalidad de un sujeto, sino de cómo ha fallado un sistema completo. La pena de muerte es anular la idea de que podemos eliminar el machismo; la pena de muerte es la vía fácil para dejar ocultos los problemas de cómo se generaron aquellos delitos. Lo que se sabe de los victimarios es que difícilmente responden a la amenaza estatal en vez de satisfacer sus delitos. Por ende, una sanción de estas características no los inhibe de realizarlo.

No es compatible reinstaurar la pena de muerte con que el sistema penitenciario tenga por propósito la readaptación del sujeto condenado, pues la sanción implica un abandono y negación total de este objetivo. ¿De qué sirve que el sistema prepare para la reinserción, si la persona condenada será exterminada? Se necesita un cambio desde la mirada de cómo educamos a nuestra sociedad y cómo formamos parte de las distintas problemáticas que encierran a los criminales. La pena de muerte sería retroceder en todo lo poco que se ha avanzado como sociedad.

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