Lo que no se compra

Álvaro Valenzuela Pineda
Asamblea Hinchas Azules

El viernes 7 de agosto, en todas sus señales, CDF emitió el primer capítulo de su nueva serie llamada “memoriabiblia”, en donde se repasó la campaña de la U en el épico torneo de 1994.

La vida tiene esos caminos, tiene esos momentos, algunos más felices que otros, algunos menos trascendentes que otros. Pero para aquellos y aquellas hinchas de Universidad de Chile, el torneo del 94 no es solo un momento como cualquiera, es uno de los instantes que rompen la vida, que la cambian para siempre, un punto de inflexión, un instante sin retorno.

Porque muchas veces se puede volver atrás, muchas veces se pueden rectificar senderos, se puede volver a fojas cero. Pero cuando las hinchadas de la U o de la UC llegaron a diciembre del 94, lo hicieron sin vuelta atrás, con esas cicatrices eternas que dejan la tristeza y la alegría extrema. Como dice Sacheri en su cuento “El cuadro de Raulito”: allá ellos, unos más cerca que otros, unos más amigos que otros, pero allá. Nosotros acá, con nuestros recuerdos en común, con nuestras alegrías y nuestras lágrimas.

Los recuerdos y las lágrimas llegaron, en especial en todos aquellos que superamos o rondamos los 35 años. Porque vaya que nos sacaban en cara los 25 años sin vueltas olímpicas. Vaya que se acordaban del descenso.

Pero no hay mal que dure 100 años. La U fue campeón en un torneo hermoso, jugado con los dientes apretados de cabo a rabo, con el Nacional lleno en la gran mayoría de sus partidos de local, en el Nacional de antes, con tablones, con entradas vendidas en la puerta y 80 mil personas mirando y sintiendo el pleito.

Ese título nos llena de orgullo no solo por romper el tiempo sin estrellas, sino por eso que no se palpa pero se siente, la mística. Era el David contra Goliat, pero con pelota. Porque los franjeados habían armado un plantel de padre y señor mío, un equipo tremendo, maravilloso y que jugaba de memoria, con un fútbol vistoso que vaya que daba gusto verlos. Adiestrados por posiblemente el mejor entrenador de la historia del fútbol chileno, Manuel Pellegrini, el equipo cruzado tenía una escuadra de lujo, con 3 campeones de América en Ecuador: Acosta, Vásquez y Gorosito. También otros seleccionados nacionales como Toledo, Barrera y Tupper. Equipón. Le leían la cartilla completa a quien osaba aparecerse por los faldeos cordilleranos.

El equipo de la UC, que había perdido la final de la Copa Libertadores el año anterior ante el todopoderoso São Paulo de Telé Santana, no solo poseía un plantel único en el torneo nacional, sino también una infraestructura de primer nivel. Era el candidato lógico, obvio. Pero el fútbol y las fantasías tienen esas cosas, esas cosas imposibles. Universidad de Chile, el equipo que no tenía ni cancha propia para entrenar, con todas sus limitaciones y pobrezas, derrumba todo pronóstico y hace a su gente feliz. Sufriendo, para luego festejar.

Para los que tenemos un recorrido en este camino llamado amor por la U, tenemos nuestra reserva de felicidad en ese título y el gol de Pato Mardones en el Salvador. Por lo que significa, por lo que nos ayudó a confirmar afectos y confirmar convicciones. Tenemos el cariño puesto en ese club de fútbol y no en una SA.

En estos casi 26 años desde el título que marcó nuestras vidas y que puede ser el inicio o el término de la infancia o adolescencia, su recuerdo nos emociona porque los y las hinchas éramos protagonistas de esos sucesos, participábamos, votábamos. Hoy, solo somos clientes para una sociedad anónima que nos mira y nos trata como tal. Sin dudas, los recuerdos son atesorados por cómo queremos ver a nuestro club, por el cariño y nostalgia que nos entregan aquellos tiempos en que podíamos ser escuchados y no solo ser compradores de camisetas o abonos.

El lenguaje crea realidades y en ese lejano 1994, existía una figura que llevamos años sin escuchar: “SOCIO (A)” del club.

Eso es lo que queremos, es lo que soñamos, es lo que anhelamos. Volver a ese momento, en que todo tiempo pasado fue mejor. Cuando tenemos nostalgia, nos metemos una dosis de 1994 a la vena y sin demora. Después de todo, iban muchos domingos sin ver a la “U” campeona.

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