Chile en deuda con la infancia

Nuestra Cruzada

Mucho hemos escrito y reflexionado en torno a cómo esta pandemia ha significado un cambio en nuestras vidas y también sobre las consecuencias que ha provocado su paso. La vulneración de los derechos de las mujeres y disidencias es un tema preocupante. El aumento de las violencias y la nula respuesta del gobierno frente a ello se suman a un punto que es crítico y del cual casi nadie habla: las infancias.

¿Qué pasa con niñes y adolescencias durante esta crisis sanitaria? Al parecer, poco sabemos en profundidad y el debate se centra en lo que como adultes más nos preocupa: las clases virtuales y el -incierto- retorno a las escuelas. Hasta el ministro de Educación, Raúl Figueroa, dejó al descubierto durante la semana pasada que la verdadera preocupación para su sector en relación con niñes y adolescentes se reduce al retorno escolar cuando, con una irresponsable declaración, aseguró que “toda evidencia muestra que un niño hacinado, con riesgo de ser abusado sexualmente, tiene que tener la posibilidad de volver a la escuela”. Es así como afirma que le preocupa más una “vuelta a la normalidad” que garantizar un espacio seguro y libre de violencias que permita el pleno desarrollo de les niñes.

Pareciera que las decisiones pensadas en niñes tomadas por adultes quedan cortas y responden solamente a nuestra perspectiva. ¿Somos capaces de levantar la opinión y consultar a lxs mismxs jóvenes respecto a las medidas y decisiones que se elaboran para enfrentar esta pandemia?

El adultocentrismo es protagonista cuando hablamos de infancias y se encarga de inhabilitar la palabra de quienes realmente son les afectades, reduciéndoles al espacio privado, olvidando que son sujetes de derecho y que tienen la capacidad de incidencia real en asuntos de la sociedad. Les niñes y adolescentes no sólo han desaparecido de la vista pública en las calles y espacios comunes, sino que también ha desaparecido su voz, su opinión y participación. Hoy, los intereses y necesidades de los adultos están por encima de les niñes y adolescentes.

Tenemos una deuda pendiente con ellxs. Es tiempo de reflexionar en torno a cómo hemos entendido la niñez y la adolescencia y asegurar su participación en la toma de decisiones, sobre todo en estos momentos. ¿Qué necesitan? ¿Qué estamos haciendo? ¿Qué les interesa?

Hacemos un llamado a que, desde los distintos sectores y diversos grupos de la sociedad civil, podamos preocuparnos de las infancias no sólo en relación a los riesgos de salud que conlleva este virus para sus vidas, sino también al riesgo que desde siempre han enfrentado respecto a la vulneración de sus derechos. Necesitamos más espacios de participación e involucramiento de niñes y adolescentes. Sus voces deben ser oídas.

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