¿Qué sería del fútbol sin sus hinchas?

Pablo Yáñez Mena
Colaborador Asociación Hinchas Azules

La pandemia del coronavirus nos ha quitado a los y las hinchas del fútbol, nuestro principal pasatiempo, nos ha alejado de nuestros más cercanos y cercanas, nos ha privado, básicamente, de un pedazo muy grande de nuestras vidas, probablemente el de mayor tamaño de todos los fragmentos que componen nuestra existencia. El Minsal acaba de decir, además, que no hay para cuándo con el retorno de la actividad futbolística, expresando algo que en realidad era esperable.

Las imágenes en Europa son tristes: sin público o con carteles de hinchas que se ven un poquito ridículos. La pandemia ha obligado a desempolvar antiguos videos de recuerdos en muchísimas canchas. Los desafíos de nombrar futbolistas que más hayan influido en el gusto de cada cual, habituales en redes sociales hoy por hoy, han hecho recordar numerosas historias, Mariano Puyol, Roberto Baggio, Leo Rodríguez, Zvonimir Boban. Todos estos sucesos tienen un hilo común: el despliegue heroico de estos jugadores siempre se desarrolla frente al ensordecedor grito de hinchas agonizantes de pasión.

¿Se habría convertido el fútbol en una actividad con valor similar al PIB de una potencia mundial jugando a estadios vacíos? Por supuesto que no. A pesar de que la televisión ha sido el sustento económico inequívoco del fútbol, es su capacidad de mostrar masivamente el hervidero de pasiones que están sucediendo en vivo y en directo en alguna cancha, lo que genera tanto superávit de capital. Qué ganas de  estar ahí. Cómo debe estar sintiéndose. Qué estarán pensando los jugadores frente a tanta gente. Estas reflexiones son las que generan el cosquilleo que mantiene vivo nuestro fanatismo.

El Plan Estadio Seguro, con sus absurdas disposiciones, ha hecho todo lo posible por disminuir la asistencia e incidencia de hinchas al fútbol en Chile, pero si en verdad lo consiguieran, estarían firmando la propia defunción de la actividad. Es cosa de verle la cara a los jugadores en Europa: para nadie es igual estar jugando y gritando goles en estadios vacíos. ¿Cuántos se mantendrían motivados? ¿Qué pasaría con los niños y niñas de esta generación si crecieran viendo al fútbol jugarse frente a galerías heladas sin gente?, ¿amarían de igual manera el deporte?, ¿comprarían álbumes, revistas, camisetas, posters u otros? Son estas pequeñas cosas las que hacen que siquiera exista esa actividad mundial tan potente.

Tanto es así que, mientras no haya fútbol, la mayor preocupación de hinchas militantes de la U en sus diferentes organizaciones sociales, ha sido esforzarse por levantar recursos para ir en apoyo de camaradas sufriendo situaciones complicadas a causa de esta severa crisis social. Queremos que vuelva el fútbol, queremos volver a la cancha, pero con todos y todas. Forzar su regreso podría verse triste, mejor sería esperar el momento propicio y luego pensar una modalidad que permita desarrollar un entretenido torneo en los meses que sea posible.

Esto último es prueba, nuevamente, de que los clubes debieran ser entidades sociales, de manera de mantener su relevancia en situaciones como esta: no tiene sentido que con el potencial social que tienen los clubes, sus hinchas simplemente estén revisando videos de Youtube en vez de seguir construyendo club.

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