De pandemias y abuso de la naturaleza

Nuestra Cruzada

Luego del surgimiento del COVID-19 a finales del 2019 en China -una enfermedad de origen zoonótico (aquellas infecciones que saltan de otros animales a los humanos) debido a la explotación de animales salvajes- es que debemos preguntarnos: ¿habrá sido nuestra actitud destructiva hacia la naturaleza responsable de esta crisis sanitaria mundial?

Las investigaciones y la opinión de los expertos apuntan a que la respuesta es sí. Es sabido que los humanos están destruyendo los ambientes naturales a un ritmo acelerado. En las últimas dos décadas, por ejemplo, la tala indiscriminada de bosques tropicales ha llevado a la destrucción de cientos de millones de hectáreas en todo el mundo. Estos procesos de explotación y perturbación de la naturaleza van acompañados de la instalación de caminos, acceso a lugares antes remotos, urbanización y crecimiento demográfico que inevitablemente lleva a la gente a un contacto más cercano con animales salvajes y con sus patógenos. Finalmente, los humanos están derribando las barreras naturales que antes los mantenían separados de otros animales al destruir e invadir diversos ecosistemas.

Para la mayoría de los estudiosos del tema (mencionamos como ejemplo a Kate Jones de University College of London), la aparición del COVID-19 no es una sorpresa. De hecho, en los últimos 20 años, la humanidad zafó de cinco enfermedades nacidas del contacto humano-animal (SARS, MERS, ébola, gripe aviar y gripe porcina) y los pronósticos apuntan a que estas infecciones de origen zoonótico seguirán apareciendo, y con mayor frecuencia, a medida que los humanos depredan su entorno.

Es posible que la pandemia de COVID-19 sea la visualización de un sistema de crecimiento económico extractivista que ya no da para más, una señal de que un nuevo trato hacia la naturaleza es necesario. ¿Podemos hacer algo? En primer lugar, debe existir un trabajo a nivel global que considere tanto a países pobres como ricos. La demanda de recursos naturales por parte del hemisferio norte que lleva a la degradación de los paisajes y a la alteración ecológica debe reducirse y hacerse de forma más consciente y sostenible. A nivel de pequeñas comunidades que aún dependen de la explotación a menor escala de animales salvajes (para alimento, por ejemplo), se necesita un mejoramiento de las condiciones de salud y un mayor acceso a la información sobre los potenciales riesgos del trato cercano con animales. Esto último debe ir de la mano de redes de comunicación que sean capaces de alertar sobre cualquier brote infeccioso en desarrollo. Actividades innecesarias, como el tráfico de animales exóticos para satisfacer demandas extranjeras o extra-locales, deben terminarse. Por último, una respuesta global, coordinada y con liderazgos a la altura, será también necesaria para frenar otra pandemia en el futuro. 

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