Los aplausos no tapan la impunidad

Nuestra Cruzada

En un mundo paralelo, imaginemos: ¿qué habría pasado si desde el caso uno de COVID-19 en Chile se hubiera decretado cuarentena nacional, cerrado las fronteras y tratado de detectar a quien tuviera el virus? Pero no, no pasó, y se nos trató de mentir desde ese primer caso. Nada nuevo, vivimos en Chile y la mentira es parte del ADN del gobierno. “¡Está todo controlado!”, “tenemos el mejor sistema de salud de mundo”, “estamos mejor preparados que Italia para enfrentar la pandemia”, “desde enero que nos estamos preparando”. ¡Mentira! Nunca han estado preparados para nada. 

Hoy el panorama da lástima. No se entiende la poca humildad para no aceptar los consejos que hace mucho rato se les está tratando de dar. Hoy nos azota el hambre en los sectores más desprotegidos, el frío en los campamentos, la desigualdad con la que se enfrenta en Chile la pandemia, pero por sobre todo nos atemoriza el colapso total que tendrá el sistema de salud. Y ellos, ¿que responden?: “La gente no hace caso al distanciamiento social”, “ellos no toman las medidas adecuadas”, “necesitamos que cooperen”.

Y la guinda de la torta: ¡aplausos a las 21:00 hrs. para darle ánimo al personal de salud! ¿En serio? ¿De verdad creen que el miedo se irá con aplausos? Con aplausos y gritos no se soluciona una pandemia mundial, no se soluciona nada, porque cuando Gloria Pinto habló hace dos semanas y dejó en evidencia que el sistema estaba colapsado, la amenazaron con sumarios. Porque la mentira es parte del actuar del gobierno, hacer como que no ha pasado nada es la actuación que mejor le sale. La única diferencia es que desde el 18 de octubre la gente ya no compra lo primero que le venden.

Nadie les compró la normalidad que vendieron hace unas semanas. Porque aun así, todos sabíamos que estaban escondiendo muertos bajo la alfombra. Usaron la pandemia para hacer un negocio oscuro de miles de millones en Espacio Riesco. Porque aun así, con miles de muertos, sus negocios siguen siendo prioridad. Porque nunca van a perder, y aunque tengan la vida de cinco futuras generaciones aseguradas, no piensan dar un pie atrás, mientras miles de personas en las poblaciones viven al día. La indolencia les ciega y los hace actuar como unos monstruos.

Hoy todo está descontrolado y colapsado. La gente muere por montón, se están hospitalizando pacientes en las salas de espera, el frío acecha, la lluvia moja mediaguas y campamentos, el barro ya no se alcanza a secar y lo más probable es que las enfermedades que colapsan todos los años el sistema de salud pública del país, estén por llegar. Esperamos que las pérdidas humanas sean cada vez menos, y que recordemos siempre que este gobierno nos sigue asesinando, de una u otra forma.

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