No tenemos ministra

Nuestra Cruzada

Desde la renuncia de la ministra Isabel Plá, pasaron más de 3 meses en los que el gobierno no se pronunció sobre quién estaría al mando del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género, lo que evidencia un claro desprecio por las políticas relacionadas al género y a la mujer. Por parte del gobierno, estos temas no son prioridad y no lo serán nunca. Quedó en evidencia cuando, desde el comienzo de la revuelta social, en donde las mujeres se vieron amedrentadas y sujetas de violencia proveniente de los aparatos estatales, la ministra y todo el gobierno fueron bastante tibios e, incluso, muchas veces no se pronunciaron.

Con Plá al mando, no se generaron mayores avances en la cartera, y ahora asume una ministra cuyo pasado como alcaldesa de Olmué entre 2015 y 2019 dejó un gran déficit financiero. Más grave aún, no obstante, es la denuncia por encubrimiento de un caso de acoso sexual contra estudiantes menores de edad y una profesora de un establecimiento educacional de su comuna el año 2017, sobre la que comentó escuetamente sin volver a referirse mayormente al caso. Esto agrava más el nombramiento de una ministra de la mujer cuyas actitudes y acciones deberían denotar prontitud y buena administración, además de tener experiencia en desarrollar actividades relacionadas con la mujer y género. 

Con este antecedente, es atingente cuestionar su idoneidad para el cargo. Además, es importante notar su sesgo ideológico: en variadas ocasiones manifestó lo “bueno” que nos dejó la dictadura militar y su cercanía a ella por ser familiar del dictador; ha manifestado en las últimas entrevistas que no se le cuestione por su pasado, sino por su presente. Pero es ineludible pensar en todas las mujeres violentadas durante los 17 años de dictadura y el gran desprecio de este gobierno. Las mujeres somos vistas como seres de segunda categoría. Esta es una más de las claras provocaciones que han hecho para que las ganas de volver a las calles estén más vivas que nunca.

Porque colocar a la cabeza a una ministra que proviene de un partido tan segregador como la Unión Demócrata Independiente (UDI) hace pensar aún más que todas esas palabras que ella tanto pregona son solo eso, palabras. Se siente muy fuerte la poca empatía por parte del gobierno al nombrarla como ministra. No hay solidaridad con una persona que avala una dictadura tan nefasta, en la que se torturó y desapareció a tantas mujeres. Porque los Derechos Humanos no se transan ni en el pasado ni en el presente, decimos: no tenemos ministra.

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