Una verdad incómoda

Álvaro G. Valenzuela Pineda
Colaborador Asamblea Hinchas Azules

El fútbol siempre ha sido un reflejo de la sociedad. Desde hace un buen tiempo que se adentró en las diversas sociedades, países y continentes. Libros, películas y series se han leído, realizado y visto sobre el fútbol. Todas buscan entregar una visión sobre lo que parece ser inexplicable a la razón: ese amor algo bipolar que nos lleva a alentar o soñar con jugar en el equipo de nuestros afectos.

En ese plano hemos ido recibiendo mucha información en estos días de cuarentena. Algunos partidos de fútbol han sido repetidos en las distintas señales tanto de la televisión abierta como de los canales pagados. El tema ha llegado al punto de que el CDF (Canal del Fútbol), único canal con derecho a transmitir todos los encuentros de la primera A y primera B de nuestro fútbol nacional, ha replicado esos mismos duelos en formato electrónico a través de una consola y un juego. Partidos en los que juegan deportistas de los respectivos equipos a través de un control y que comentan los mismos comunicadores del canal.

La pregunta cae de cajón: ¿por qué llegamos a esos niveles de absurdo? ¿Es tanta la necesidad de fútbol en la gente que tenemos que ver a Palma, Schiappacasse y Fouillioux haciendo el loco mientras miran un partido de Playstation 4? No, no lo creo. Por más que de una forma u otra haya una gran parte de la población que extrañe el siempre vilipendiado fútbol chileno, eso no significa que cualquier balón digital que se ponga a rodar será un buen sustituto.

El circo debe seguir porque no puede parar. Porque, al igual que la economía, se mantiene en pie o girando producto del sacrificio de una gran mayoría y del consumo del resto.

La verdad de todo este circo creado es, precisamente, el circo. Este no puede bajar la cortina o cerrar sus puertas aunque el espectáculo se haya desmontado hace más de un mes, aunque las estrellas no estén en los camarines, sino que en sus casas intentando cuidarse y cuidar a sus familias.

El circo debe seguir porque no puede parar. Porque, al igual que la economía, se mantiene en pie o girando producto del sacrificio de una gran mayoría y del consumo del resto. Si el fútbol para, el CDF para; si el CDF para, deja de enviar dinero a los equipos (en su gran mayorías S.A.) y sin esos dineros frescos, parece que se acaba el fútbol chileno (o, por lo menos, como lo conocemos). Esa industria gigantesca, altanera, que nunca ha dudado un minuto en despreciar la labor de sus hinchas (o clientes, como nos llaman), sin entregarnos ninguna instancia real de decisión, de real participación o de real inclusión. En sus mentes, un grupo de tontos y tontas útiles.

Pero en el fondo, estas S.A. que nos prometieron profesionales y grandes organizaciones, terminaron siendo un lugar de mañas, trampas legales y subterfugios. Organizaciones tan vulnerables como cualquier empresa pequeña, tan susceptibles a tiempos de crisis como cualquier empresa que no pueda aguantar un tiempo sin parte de sus ingresos. Y hago hincapié en eso, “parte de sus ingresos”, porque todos los equipos de primera A y primera B siguen recibiendo íntegramente los recursos que les entrega el Canal del Fútbol. Mes a mes se sigue emitiendo el cheque que tiene que salvar a estas instituciones que, supuestamente, eran responsables y autosustentables financieramente. Esas mismas instituciones que, a pesar de su poder económico, social y comunicacional, fueron corriendo apenas pudieron para acogerse a la Ley de Protección al Empleo. Le habían dado la espalda a sus hinchas hace mucho, ahora lo hicieron con sus trabajadores.

Le piden a jugadores y trabajadores que se pongan en el lugar del escudo al cual defienden cuando llevan décadas mostrando lo contrario, que el compromiso y cariño no es relevante. Solo el contrato y la cláusula de salida

Ocupan todo su poder para victimizarse, ¿qué duda cabe? No dejan lugar para cuestionamientos, tienen todos los espacios comunicacionales para dar a conocer sus posturas sin siquiera ser puestos en aprietos. Así, vemos al controlador de Unión Española hablar muy suelto de cuerpo desde Miami a un diario totalmente propagandista para luego amenazar con que en cualquier momento puede llegar y comprar el estadio Santa Laura (todo vía su cuenta oficial de Twitter). Por otro lado, la cabecera de la S.A. Blanco y Negro ha tenido el tiempo en pantalla que ha querido para defender lo indefendible de su opción de acogerse a la Ley de Protección al Empleo. Una ley que, supuestamente, tenía como destino las micro, pequeñas y medianas empresas. Le piden a jugadores y trabajadores que se pongan en el lugar del escudo al cual defienden cuando llevan décadas mostrando lo contrario, que el compromiso y cariño no es relevante. Solo el contrato y la cláusula de salida.

No les gusta leer esto a las S.A., quieren que sigamos pensando en su pobre pasar a causa de la paralización del fútbol. No quieren que nos cuestionemos sus manejos ni su insolvencia en tiempos de crisis. Cuesta pensar en ellos como un ejemplo de gestión, muy por el contrario, son la clara muestra de la verdad incómoda de esta actividad.

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