La cuarentena que no aplica

Nuestra Cruzada

A ya casi una semana de que el gobierno de Chile declarara estado de emergencia producto de la crisis sanitaria que se enfrenta a nivel mundial por la expansión del COVID-19, estamos hoy con un aumento diario exponencial de casos positivos y con fatalidades ya contadas.

Ejemplos alrededor del mundo nos muestran que una cuarentena drástica y efectiva es la mejor herramienta para evitar una curva exponencial de contagios que se salga de control, pero ¿qué pasa en un país como Chile? ¿Qué sucede en un país en donde la posibilidad de quedarse en la casa solo aplica a muy pocos?.

Una medida de distanciamiento social solo es efectiva si la mayoría de la población puede adoptarla y este no es el caso de Chile. Día a día vemos imágenes del metro y Transantiago llenos de gente -mucha de ella con máscaras y guantes- protegiéndose de un país enfermo que no les permite parar. Mas bien, protegiéndose de un sistema económico enfermo que no les permite parar.

Parar, para muchos, significa no comer, no pagar cuentas, entrar a Dicom. Parar, finalmente, es algo que no es una posibilidad en un Estado que no protege a sus ciudadanos. A estos se suman aquellos que han sido obligados a parar a costa de reducciones de sueldo para mantener a flote empresas que sufren un desplome que nadie vio venir.

Es esta fragilidad del sistema económico neoliberal lo que hace tambalear al mundo de hoy. Un sistema económico basado en lo inmediato, en la especulación, en la producción día a día y en un nivel de endeudamiento que al primer desbalance mundial se desploma, haciendo que sus empleados, sobre todos los de la base de las cadenas productivas, sean los más desprotegidos.

En este escenario, parece irónico, por ejemplo, ver a empresas como Latam, que se transa en la Bolsa y está a favor del libre mercado, pidiendo protección del gobierno cuando se le viene la pandemia encima. Y de seguro no es la única a nivel mundial que se encuentra actualmente en estas condiciones.

Tenemos, en resumen, una crisis sanitaria que no sólo pone en riesgo nuestra salud y la de nuestros cercanos, sino que también pone en jaque el sustento de muchas personas al corto y largo plazo, tanto en Chile como alrededor del mundo.

¿Podemos sacar algo positivo de todo esto? Quizá la esperanza de que una crisis mundial de este tipo sea capaz de remover las conciencias y guiar a nuestros estados a un sistema económico más social, uno que garantice las necesidades básicas de sus habitantes y resguarde a sus ciudadanos. La esperanza de que todo lo que estamos viviendo como sociedad nos lleve a un mundo de carácter más humano, menos individualista y ambicioso.

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