Que caigan todos

Ilustración por Miguel Rodrigues

Las denuncias por abuso y acoso sexual en el ambiente deportivo son numerosas. Sin embargo, las carreras de los deportivas parecen no verse alteradas y las instituciones deportivas no tienen protocolos para hacer frente a este tipo de acusaciones. En el siguiente reportaje se hace un barrido de numerosas denuncias en contra de personajes de la industria deportiva y se plantea la pregunta: ¿por qué no caen los “ídolos”?

Es una pregunta dolorosa, pero quienes hemos sido víctimas de violencia, sin duda, la escuchamos alguna vez: “¿por qué no denunciaste antes?”. Una mujer se demora, en promedio, 8 años en denunciar que fue víctima de violencia psicológica o económica, y casi 11 años si la violencia de la que fue víctima fue sexual. El tiempo que toma hacer la denuncia varía según clase social, educación, edad, entre otros factores.

¿Las razones de la demora? Diversas: desde que en Chile el sistema judicial no protege a la mujer, sino que la humilla y revictimiza cuando decide emprender una acción judicial, hasta que no se comprendía a sí misma como sujeta violentada. Miedo al agresor, vergüenza y ansiedad por la reacción del círculo más cercano son otros motivos de por qué muchas mujeres deciden no emprender ningún tipo de acción judicial. Incluso, si finalmente deciden hacer la denuncia, eso no significa que vayan a estar más seguras.

El deporte, como reflejo de lo que pasa en la sociedad, no es la excepción. Numerosos son los casos de deportistas que han sido denunciados por violencia sexual y han salido impunes: independiente si el caso llegó a la justicia no, el estatus de ídolo y la carrera de estos deportistas no sufren ningún daño. Por su parte, las que se atreven a denunciar continúan siendo invisibilizadas y silenciadas en sus acusaciones. Solo basta con recordar el caso del recién fallecido Kobe Bryant, quien pagó una gran suma de dinero para dar fin a un procedimiento legal donde se le acusaba de violar a una joven de 19 años en 2003. Los abogados de Bryant, para culparla de lo ocurrido, se encargaron de caracterizar a la víctima como promiscua y depresiva, en diversos medios de comunicación. A pesar de la denuncia, Bryant fue despedido con honores por todo Hollywood.

¿Será que una acusación de violación o abuso sexual no es suficiente para que un ídolo deje de serlo? Si no es eso, ¿qué? ¿Cómo funcionan las redes de encubrimiento? Para Carolina Cabello, socióloga del Centro de Estudios Socioculturales del Deporte, es importante tener claro, primero, que los ídolos son el resultado de un proceso de construcción social “que se configura en base a dos tensiones: (1) una que está marcada por la legitimidad que da el éxito deportivo; y (2) por el respaldo de las instituciones oficiales, las marcas comerciales o los medios de comunicación, que crean un aparataje de mercadotecnia para levantar a estos ídolos”.

A lo anterior, la socióloga Constanza Fuentealba agrega: “En este proceso de construcción, vamos configurando nuestra identidad, lo cual está fuertemente influenciado por quienes hemos señalado como ídolos/as. Estas figuras de admiración nos permiten generar patrones de comportamiento y repetición y nos facilitan la construcción de la identidad personal”.

Cuando el ídolo no cae

A finales de 2019, la promesa del boxeo nacional, Gonzalo Fuenzalida, fue funado en redes sociales por una boxeadora. La deportista acusó a Fuenzalida de violentarla sexualmente. “Ella al final nunca hizo la denuncia formal, solo lo hizo por internet. Hoy no hay nada concreto”, aclaró el representante del “Maravilla”, Gustavo Astroza, quien calificó a la denunciante como “un desastre”. A pesar de la acusación, hoy Fuenzalida se encuentra en Estados Unidos trabajando con uno de los entrenadores más reconocidos del boxeo mundial como lo es Joel Díaz y, según contó Astroza, “en Estados Unidos saben de la funa a Gonzalo y como no hay nada concreto, no hubo problemas”. 

Por su parte, según Astroza, la denunciante se retiró del club en que entrenaba por las molestias que había causado la funa.

En la actualidad, las denuncias por violación que son falsas son escasas. Tal es el ejemplo de España: entre 2009 y 2016, las condenas por denuncias falsas fueron 79, frente a las 1.055.912 denuncias por violencia de género presentadas en esos ocho años. En Chile, según el Observatorio Contra el Acoso Chile, las denuncias falsas no superan el 2%.

Siendo, por lo tanto, casi la totalidad de las acusaciones ciertas, ¿por qué los ídolos acusados se mantienen en un pedestal? “Porque vienen avalados por una industria mundial de consumo. El rol de los medios de comunicación y de las grandes instituciones es potente. Son quienes dan legitimidad y respaldo público a estos personajes porque les sirven para seguir vendiendo y para seguir profundizando la mercadotecnia. Es por esto que es difícil que caigan por una denuncia, sobre todo por alguna de violencia o de acoso sexual. Por eso las mujeres han optado más bien por la funa como una forma de cuidado colectivo”, explica Cabello.

Encubridores

#ParedesEncubridor fue el hashtag que acompañó a la publicación en Instagram de la Comisión de Género Rosario Moraga, parte del Club Social y Deportivo de Colo Colo, el 9 de febrero de este año. Días antes, dos hermanas: Ignacia y Nicole, denunciaron públicamente a Sergio y Pablo Morales, empresarios del fútbol, por violación y abuso sexual. El delantero de Colo Colo, ante la denuncia, hizo público su apoyo a Sergio, su representante, diciendo: “la sentencia es clara. [sic] Detrás de este chantaje con el único objetivo de hacer daño y buscar dinero (…) Tengo mi plena confianza a [sic] Sergio”. 

Sin ser suficiente, y por las numerosas críticas que le llegaron, Paredes luego publicó en su Instagram, donde cuenta con más de 487 mil seguidores, el documento del Poder Judicial donde se declara el sobreseimiento (que no es lo mismo que ser inocente) de la causa de Morales y donde es posible identificar el RUC (Rol Único de Causa) y RIT (Rol Interno del Tribunal), números que permiten hacer la búsqueda de todos los detalles del proceso judicial. 

Revista Obdulio hizo la búsqueda, pero, y tras corroborar con distintas abogadas, los documentos no están disponibles de manera abierta, ya que en estos casos se privilegia la privacidad y el cuidado de las víctimas. Solo los y las abogadas que están patrocinando el caso pueden acceder a ellos. “En el poder judicial bloquean los documentos de las causas que tienen que ver con agresiones sexuales por el cumplimiento del deber de indemnidad que hay que tener con una víctima de una agresión sexual. Lo mismo ocurre con los menores de edad o con algunos delitos relacionados al tráfico o al lavado de activos”, explica Rebeca Zamora, codirectora de Litigación Estratégica de la Asociación de Abogadas Feministas (Abofem). Y si bien lo publicado por Paredes no indica cuál es la causa específica por la cual se produjo el sobreseimiento, estos “ocurren por distintas causales que no necesariamente implican la inocencia de una persona”.

En entrevista con El Desconcierto, el abogado de las denunciantes explicó que a pesar de que una de las causas fue sobreseída, existen otras tres querellas vigentes en contra de Morales.

A pesar de todo esto, Esteban Paredes publicó el archivo reclamando la inocencia de quien es su representante.

Para Las Bulla, la organización feminista de la hinchada de la Universidad de Chile, existe “una complicidad histórica entre hombres de encubrirse y apoyarse en estas situaciones. Al final siempre terminan buscando excusas que revictimizan y responsabilizan a la denunciante para invalidar la acusación”. Y esto es una realidad que las hinchas de la Universidad de Chile conocen de cerca. Jorge Burgos, exdirector de la sociedad anónima Azul Azul, y mientras aún era subsecretario del Interior durante el periodo presidencial de Ricardo Lagos (2001), señaló que la razón de que 14 jóvenes hubieran desaparecido en Alto Hospicio se debía a su “promiscuidad y pobreza”. Sin embargo, las investigaciones concluyeron que todas habían sido secuestradas, abusadas, asesinadas y enterradas. 

Por su parte, Nuestra Cruzada, colectivo feminista de Universidad Católica, recuerda el caso de Jeisson Vargas, jugador que fue formado en la UC y que fue denunciado por violencia en contra su pareja más de una vez. “En ese momento enviamos una carta a la empresa administradora del CDUC, Cruzados S.A. A casi un año, seguimos sin recibir respuesta”. Además del silencio de quienes dirigen Universidad Católica, se sumó el de José Pedro Fuenzalida, “quien no tiene problemas en opinar contra el aborto y contra los derechos de las mujeres, pero cuando fue consultado por la situación de Vargas señaló que no le competía meterse. ¿Entonces el capitán sí puede opinar sobre nuestros cuerpos y no sobre los abusos que se cometen contra ellos?”, cuestionaron desde Nuestra Cruzada.

“En el deporte parece haber más impunidad”, explica la socióloga Constanza Fuentealba. “No hay protocolos frente a estas situaciones porque el deporte está profundamente mercantilizado y masculinizado. Si a Cristiano Ronaldo lo desvincularan de su actual club por la acusación de violación en su contra, habría 20 otros clubes dispuestos a ofrecer millones de dólares por él, pues no hay un cuestionamiento a la situación, no hay empatía con la víctima. Lo que importa es que mi club o institución deportiva sea exitosa, cueste lo que cueste, dañe a quien dañe”.

Responsabilidad de las instituciones deportivas

Las denuncias por abuso y acoso sexual en el ambiente deportivo son numerosas y trascienden todo tipo de prácticas. No obstante, las instituciones deportivas en general no tienen protocolos para hacer frente a estas y no han dado indicios claros de que sea algo que les interese abordar.

Las Bulla y Nuestra Cruzada coinciden en la urgencia de establecer normas que regulen el actuar de los clubes de fútbol y de las instituciones deportivas para hacer frente a las denuncias. Mientras que para las azules también es importante adoptar “medidas preventivas para concientizar y evitar las situaciones de acoso y violencia sexual”, para las cruzadas “es necesario contar con un protocolo que se implemente a nivel de todo el fútbol chileno y que trascienda a jugadores y cuerpo técnico. En necesario que sea aplicable en cualquier situación de violencia de género en los recintos deportivos, sin importar que provenga de la dirigencia, plantel o hinchada del club”. 

Por su parte, Fuentealba es clara sobre cuáles debieran ser los pasos a seguir en caso de que se realice una denuncia contra un deportista. Para ella, lo primero es que la institución investigue las acusaciones, ya sean judiciales o extrajudiciales. Además de mantener al margen al denunciado, “es imperante que el club se acerque a la o las víctimas, ofreciendo la ayuda necesaria, y no mostrarse a favor del acusado. La institución debe facilitar el proceso y, una vez que se haya llevado a cabo la investigación, tomar una decisión pertinente con el caso y, si corresponde, desvincular al deportista”.

“Un buen protocolo contra el acoso sexual no solo debe ser sancionatorio, sino que también preventivo, y tiene que ser construido con todos los estamentos de la instituciones para que todas las realidades y experiencias queden reflejadas”, aclara María José Guerrero, socióloga y presidenta del Observatorio Contra el Acoso Chile (OCAC). Según explica, para crear un protocolo es necesario que se consideren las definiciones de acoso que serán sancionadas, las que no sólo deben ser las contempladas en el Código Penal chileno. Debe incluir también sensibilización y capacitación, se deben incluir procesos de denuncia anónimos, seguros, no revictimizantes y claros en cuanto a los periodos de investigación. Esto “sobre todo considerando que muchas veces quienes denuncian son mujeres y no solo por un hecho puntual, sino por situaciones constantes en el tiempo y que, además, muchas veces son conocidos por más personas de las misma institución”.

Carolina Cabello (CESDE) coincide en la importancia de la denuncia anónima y agrega que “es fundamental que haya un órgano jurídico que proteja la víctima y también que luego se abran sumarios internos de investigación paralelos a los que puedan hacerse en la justicia ordinaria”. Para la socióloga, es también relevante “entender la justicia deportiva desde lo valórico y cultural que representan las personas que visten, por ejemplo, una camiseta de fútbol”.

La presidenta de OCAC es enfática en la importancia del aspecto de reparación que debe ser incluido en un protocolo: “Si bien un protocolo contra el acoso sexual o contra las situaciones que contemplen el acoso sexual, no es la forma en que finalmente vamos a terminar con estas violencias, sí contribuyen y pueden ser una herramienta importante. Es urgente reparar a las víctimas de violencia sexual. Para hacerlo, lo primordial, es reconocer el hecho. Si no existe ese reconocimiento, es imposible que podamos generar el paso de la reparación”.

“Hoy generar protocolos contra el acoso sexual es reconocer que es una violencia de género, es reconocer que el acoso sexual ocurre mayoritariamente en mujeres y personas de la disidencia y diversidad sexual”, expone Guerrero. “Las instituciones deportivas no han sido capaces de estar a la altura de la realidad nacional, ni tampoco del movimiento feminista y nuestras exigencias. No están contribuyendo a la erradicación de la violencia”, sentencia. 

Más de 1 millón de mujeres se congregaron solo en Santiago para la marcha conmemorativa del 8M. Están por cumplirse 5 meses desde que comenzó la revuelta social. Y las calles se han inundado con frases que dan sentido a las luchas sociales. “Sin justicia, no hay paz”, es una de ellas. Esperamos lo mismo para todas las víctimas. 

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