Catalina Carrillo: “Lo que ellos buscan es amedrentar y conmigo no lo van a lograr”

Vista regularmente en las movilizaciones, Catalina Carrillo se ha posicionado como un ejemplo de lo que debiese ser cualquier persona que se dedica al fútbol: una herramienta política para visibilizar las luchas sociales. Desde su vereda de activista por el fútbol y el lesbofeminismo, Catalina nos cuenta su historia y cómo hoy, sin querer, es un referente que se tomó parte de Plaza de la Dignidad. 

Catalina Carrillo tiene 21 años y una larga trayectoria en la primera categoría del fútbol femenino chileno, habiendo sido seleccionada nacional sub 17 y categoría adulta. Es jugadora profesional, excepto por el detalle de las condiciones mínimas para ser futbolista profesional. Salvo contadas excepciones (en particular, Santiago Morning desde 2019 y el anuncio hecho por Colo Colo durante enero de 2020), las futbolistas chilenas no tienen contratos. Muchos clubes ni siquiera tienen cuerpo técnico para sus planteles femeninos e, incluso, tampoco contemplan canchas de entrenamiento ni indumentaria para que ellas puedan representar los colores del equipo. 

Catalina hoy viste la camiseta de Universidad de Chile, tras pasar por Santiago Morning y Universidad Católica, y se siente agradecida de poder hacer uso de lo que disponen los azules, pero también que es triste que ese agradecimiento sea, finalmente, solo el contar con las condiciones básicas para poder desarrollar una actividad que en el lado masculino está mucho más desarrollada. “No puede ser que los otros clubes tengan menos si eso es el mínimo. Nosotras tenemos el mínimo, pero hay clubes que tienen un solo balón para entrenar, o en los que hay que pagar mensualidad, o pagar una cancha, o que no tienen cuerpo técnico. Entonces, sí, tenemos todo, pero ese todo es el mínimo. ¿Qué pasa con el resto, que están por debajo del mínimo?”.

El comienzo de Catalina en el fútbol fue algo relativamente natural, si puede llamarse natural a la participación femenina en un espacio altamente masculinizado y donde las mujeres son tratadas como si fueran de segunda categoría. Desde los nueve años, practicaba patín en velocidad y, tras los entrenamientos, jugaba fútbol en patines. Y, luego de abandonar el patín, se mantuvo en el fútbol, ahora con zapatos. Tuvo pasos por la escuela de Cobreloa dirigida por Jorge Socías, quien trató de llevarla a Universidad de Chile, pero su padre declinó la invitación, pues “era solo un hobby”. Tras eso, continuó jugando en escuelas de bajos recursos, femeninas y escuelas oficiales de Unión Española y Universidad Católica. En esta última, le ofrecen pasar a ser parte del plantel y, esta vez sin preguntarle a sus padres para evitar una segunda negativa, acepta.

¿Por qué tus papás no estaban contentos por tu afición al fútbol?

Porque en principio a nadie le gusta que las niñas jueguen fútbol. Esa opinión generalizada tiene mucho que ver con el género y prejuicios. No es solo porque las mujeres no deban jugar a la pelota, sino que también por un tema de que existen las lesbianas en el fútbol. Creo que fue una mezcla y más por lo que el resto de la sociedad podía decir, algo que limite mi felicidad. Eso es lo que menos que me ha pasado, eso sí. 

¿Desde ahí nace tu activismo?

Yo creo que viene desde que en mi casa viví cierta represión por mi orientación sexual. Que hoy mi familia me acepte es hermoso, pero no fue así siempre. Nadie debería sentirse así, y creo que de ahí nace, de querer naturalizarlo. Naturalizar el que una puede amar a cualquier persona y que ese amor sea un amor sano, rompiendo también este esquema del amor romántico que es muy violento y peligroso. 

Me encanta hacer activismo, me llena mucho el corazón. Una lo hace porque le nace. No tengo una motivación monetaria ni mucho menos, pero creo que tengo una responsabilidad social al ser deportista y mi responsabilidad es hacer lo que yo no pude tener. Por ejemplo, yo no crecí con referentes. Yo no pude decir cuando chica “quiero ser como Fernanda Pinilla”. Entonces, yo lucho dentro de mi espacio por intentar mostrarle a niños, niñas y niñes que yo soy lesbiana abiertamente, que no me complica, y que soy una deportista exitosa, que soy una mujer influyente y que el ser lesbiana no me hace menos. Esos prejuicios tienen que dejar de existir. Porque a mí sí me pasó que, cuando iba a empezar a jugar al fútbol, mi papá me dijo “es que en el camarín hay niñas a las que le gustan las niñas”. Pucha, cuántos papás tendrán ese pensamiento tan dañino. Creo que tengo esa responsabilidad, la de cambiar ese pensamiento y que las niñas sean felices jugando fútbol más allá de su orientación sexual.

Lo mismo aplicaría a las personas trans…

¡Claro! Y con les niñes no binaries también. Tampoco existen referentes, es algo muy poco visibilizado. Creo que como deportistas tenemos una responsabilidad social súper grande. En parte, mi motivación es mejorar un poco la niñez que puedan tener eses niñes. La población que más se suicida en Chile son de la disidencia (todos los colectivos de LGBTIQ+), pero sobre todo les niñes trans. ¿Y por qué? Porque la familia y la sociedad le da la espalda, porque no los dejan ser como quieren ser. A une niñe se le puede decir de cien mil apodos, pero si quiere tener otro nombre, se acaba el mundo y lo tratan como si estuviera enfermo. Creo que luchar contra eso y poder cambiarle la vida a aunque sea un niño o una niña, para mí es una tarea cumplida. Creo que mi motivación va desde ahí, del generar desde mi zona de privilegio de ser deportista un espacio de confort para quienes están mucho más abajo en cuanto a todos los privilegios que puedan tener. No me da miedo alzar la voz por las injusticias y conquistar nuestros derechos. 

¿Están presentes en los niños los prejuicios que observas en los papás?

De todas maneras. Cuando, por ejemplo, un niño pequeño le dice a otro que tiene una polera rosada “¿por qué andas con polera de niña?”. Eso no lo inventó él, se lo dijo su papá en la casa, “no te pongai esa hueá que es de maricón”. Los niños no nacen odiando ni pensando que un color es esto o esto otro, un niño no nace pensando que jugar a las muñecas o jugar a la mamá y al papá te hace afeminado. Creo que ese problema viene desde los papás y hay que cambiarlo. Y cambiar eso es lo más difícil. Si tú le preguntas a un niño ¿qué están haciendo esas personas de la mano? Nada, te responde, se están amando. Pero es el papá quien tiene el prejuicio, el que se complica. Creo que la lucha es directamente con los padres, pero para cambiarles la vida y mejorársela a los niños y niñas.

Y en relación al futuro de las niñas, ¿cómo evalúas tú los espacios, incluido el fútbol, para las mujeres? 

Ser mujer en Chile es difícil. Ser mujer y ser lesbiana es más difícil. Ser mujer, ser lesbiana y camiona es el triple de difícil. Ser mujer y futbolista es difícil, pero ser mujer, futbolista y lesbiana visible es complejo. Creo que los espacios siempre han sido machistas y patriarcales, y que es muy necesario lo que hacemos Fernanda Pinilla y yo, lo de visibilizarnos. ¿Cuántas lesbianas hay en poblaciones o jugando ligas que no encuentran un espacio o que son totalmente invisibilizadas, o reprimidas? Esa es una de las aristas más importantes de la lucha que busco dar, que es representarnos y dejar de ser invisibilizadas por el solo hecho de no les guste mi orientación sexual, que es algo que a nadie le afecta. Romper esos paradigmas es súper necesario, pero es muy difícil en un mundo tan machista como el fútbol. De hecho, yo creo que por eso mi compañera de lucha en este momento de activismo es la Maca Orellana, la maquinita: porque también es una mina empoderada y abiertamente lesbiana. Entonces, nosotras, lesbianas en un mundo completamente machista como es el kickboxing para ella y para mí el fútbol, estamos rompiendo prejuicios, tanto en el deporte como a nivel social. En este momento quizás no somos capaces de dimensionar lo que estamos haciendo, pero creo que es algo súper grande y que quizás se va a ver reflejado más adelante. 

“El fútbol siempre ha sido político”

Catalina deja claro que no le teme a alzar la voz desde su posición de deportista de renombre. Un tipo de conciencia que no es común en los futbolistas profesionales. Salvo algunas excepciones (Charles Aránguiz desde el discurso o Nicolás Guerra, Camilo Moya e Ignacio Saavedra asistiendo a movilizaciones), no se han visto apoyos importantes desde el mundo del deporte al pueblo movilizado.

Tienes tu rol social y político muy claro. ¿Crees que es algo que también tiene el fútbol o en eso está al debe?

Está totalmente al debe. En el fútbol no existe una opinión, menos política. Yo tengo una amiga, referente también, alguien que yo admiro mucho, Fernanda Pinilla, y es bacán tener una compañera de lucha. Pero sí, falta mucho. En los futbolistas no se ve esa opinión política, en nosotras se ve súper poco, pero creo que hay que marcar la diferencia. Si yo puedo hacer que una compañera piense un poquito diferente, lo estoy logrando. 

¿Qué crees que hace falta en el fútbol masculino para construir este discurso político?

Falta que los hombres dejen el miedo a perder sus privilegios. Creo que ellos ni siquiera saben lo que pasa en segunda división: si no saben lo que pasa con sus compañeros de carrera, menos van a saber lo que pasa con sus compañeras. Ellos no saben que no tenemos contrato, no saben que lo hacemos por amor al arte y que no todos los equipos tienen siquiera las condiciones mínimas. Hay que salir de la zona de confort. Así como Megan Rapinoe llamó a Messi y Cristiano para decirles “por qué no se mojan la raja por sus compañeras”, a ellos no los van a dejar en la banca porque dijeron “oye, realmente hay que darle algo a las compañeras”, pero no se atreven a hacerlo porque tampoco les afecta. 

¿Consideras al fútbol como un espacio político?

Creo que todo es político, la vida es política, y creo que el fútbol siempre ha sido político. No puede ser que si ocupan el fútbol como una aspirina social, no se pueda usar para lo político, si al final mueve tanta gente y de tantos espacios diferentes. El fútbol es donde se juntan todas las clases sociales y no se nota la diferencia: puede haber un jugador de Las Condes, como podría ser Fuenzalida, versus un Gary Medel. Creo que por eso mismo, tener una opinión dentro del fútbol es súper potente y necesario, pero que falta que se atrevan a hacerlo.

¿Por qué crees que no se atreven a hacerlo?

Por el miedo a perder los privilegios. Y porque los hombres siempre han estado en privilegio y no se dan cuenta. Se nota cuando se sienten amenazados porque quieren estar en la marcha del 8M y les dicen que no porque es separatista. Me ha pasado que cuando alzo la voz contra la injusticias, me mandan a jugar a la pelota. “Lelita”, me dijeron un día, “aprende a jugar a la pelota”. O me han dicho que no puedo ser futbolista y tener opinión, que me dedique a jugar fútbol y no a andar opinando. De hecho, la otra vez hice un comentario sobre Pablo Flamm cuando ocupó la foto de un niño llorando en Coquimbo y recibí un arsenal de comentarios violentísimos, misóginos, homofóbicos, machistas y patriarcales. Creo que lo que ellos buscan es amedrentar y conmigo no lo van a lograr, y eso es lo que más les molesta y les duele, porque al final ellos buscan que las mujeres no tengamos opinión ni voz ni voto ni nada. Pero conmigo no van a encontrar el silencio ni tampoco con el resto de las mujeres. 

Pichangas en Plaza Dignidad

Catalina ha sido uno de los rostros frecuentes de las protestas en Plaza de la Dignidad. Entre protestas y “pichangas” de visibilización femenina y feminista, parte importante de su tiempo transcurre en el centro mismo de las movilizaciones chilenas. Como ha mencionado antes, siente que tiene una responsabilidad con el pueblo movilizado y con las comunidades de las que es parte. “El estallido social ha confirmado el activismo que llevo realizando desde hace mucho tiempo, incluso, sin darme cuenta”, explica.

¿Cuánto cambió tu entendimiento como figura del fútbol desde el estallido social?

Creo que me empodera, pero mi activismo no viene solo de ahora, viene de mucho antes y el estallido social lo ha avalado. Si antes era algo de muy bajo perfil, hoy hay gente que me reconoce por la lucha que hacemos. Yo no lo busqué, pero si puedo ser referente para una niña que va a una marcha con su mamá y ve que hay una futbolista que está haciendo esto con muchas otras mujeres, creo que es súper potente. 

¿Cómo nace la idea de hacer pichangas los viernes?

Fue súper espontáneo. Estaba hablando con la Paola Molina por una transmisión en vivo y le dije: “oye, podríamos hacer actividad para tomarnos el espacio”. “¿De verdad? ¿Y si hacemos una pichanga el viernes?, ¿apañan?” Y todas empezaron a responder en su Instagram que sí y ahí coordinamos por interno. Hablamos un miércoles y el jueves hicimos el flyer. Fue una apuesta porque no sabíamos si iban a llegar cabras y llegaron como 15, 20. Y salió bacán. Después pensamos “¿hagamos otro?”, “no, es que muy seguido no van a llegar”, pero por interno, muchas compañeras me preguntaron “¿oye, van a hacerlo de nuevo?” Y fue tan buena la recepción que decidimos hacerlo nuevamente y que pase lo que tenga que pasar. Ya van como 8 o 10 viernes.

¿Está pasando todos los viernes?

Todos los viernes, claro. Se hizo una constante y fue muy positivo, porque lo que buscábamos con esto era generar una toma de espacio en un lugar súper duro, como es Plaza de la Dignidad, y poder visibilizar que nosotras estamos, que existimos. Es un espacio totalmente nuestro, ya nos lo apropiamos, ya todos saben que su lugar es ahí. Yo ya no vengo, porque tengo entrenamiento, pero siguen llegando cabras y cabres. Es muy importante realizar y visibilizar esa toma de espacios. Y creo que eso es lo que más cuesta al ser mujer y disidente.

Pueden verse frecuentemente actividades deportivas en Plaza de la Dignidad, como fútbol o kickboxing. ¿Qué rol consideras tú que tiene el deporte en este cambio social y político que está viviendo Chile?

Si tú llegas a cierta gente, seas deportista o hagas cualquier otra actividad, tienes una responsabilidad social. Yo no puedo andar diciendo cualquier cosa en redes sociales porque tengo gente que me sigue, tengo niñes que me siguen y tengo que ser responsable y consecuente con lo que hago. Por ejemplo, yo uso mi Instagram para hacer activismo, para decirle a la gente que yo apruebo, que quiero una nueva constitución y que quiero que todos los que están impunes, paguen. Quiero poder decirle a la gente que tengo opinión y me gusta ver que la mayoría de la gente que me sigue está de acuerdo con lo que digo, porque eso quiere decir que estoy llegando a la gente correcta. Ya no se puede no decir algo, todas y todos tenemos opinión, no puedes no tenerla por miedo a perder tus privilegios.

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