Pelea como mujer

Ilustración de Miguel Rodrigues

Hace algunos años, podía escucharse en un comercial de radio una conversación entre un padre y un hijo que decía algo así: “hijo mío, venga a saludar a su padre, ¿cómo está mi fortachón, mi boina negra?, ¿a ver esos músculos?, ¿cómo va el kung-fu y el rugby?”. El hijo respondía: “bien, pero estaba pensando que el próximo año me gustaría estudiar ballet”. El comercial aludía a los “fuertes dolores de cabeza” que, en este caso, le ocasionaban al padre enterarse del cambio que tuvo su hijo en los deportes que practicaba. Sin dudas, en ese tiempo se asociaba un tipo de actividad física a mujeres y otro a hombres. Ballet para mujer y el rugby y las artes marciales para hombre.

Hoy en día, estos vínculos se rompen, y son en gran parte las mujeres quienes se han encargado de resistir, destruir y cambiar estas premisas relacionadas al deporte. Así quedó demostrado cuando se realizó en el Polideportivo Sergio Livingstone de la comuna de Peñalolén la cuarta versión de “Pelea como Mujer”, campeonato de Kickboxing femenino organizado por las atletas Aylin Sobrino y Macarena Orellana.

Ya no es un espacio solo de hombres

“Pelea como mujer IV” contó con la presencia de más de 300 asistentes y en él se realizaron en total 17 combates con competidoras de diferentes edades y escuelas. Fue un evento completamente distinto a los anteriores. Como cuenta Macarena “La Maquinita” Orellana, medalla de oro en el décimo Panamericano de Kickboxing, la disciplina ha tenido un auge importante en los últimos años. La primera versión de “Pelea Como Mujer” se realizó en diciembre del año 2017, con un ring pequeño (2×2 metros) y competidoras de poca experiencia, muchas de ellas debutantes. Lo vivido en Peñalolén, en cambio, fue un evento con peleadoras que tienen en su haber hasta 15 combates, en el que incluso participaron campeonas nacionales y peleadoras con experiencia en el extranjero, lo que da cuenta del avance que ha tenido en poco tiempo el kickboxing femenino en Chile. La campeona explica que el incremento en la calidad deportiva de las peleas, así como la mejor organización, han conducido a que los espacios crezcan y mejoren.

La motivación de las organizadoras -algo que ha permitido este auge- radica, entre otras cosas, en esa búsqueda para tener los espacios que desde hace mucho tiempo han estado ausentes para las mujeres porque se los han apropiado los hombres. No es secreto que, en general, el deporte en Chile vive una acentuada masculinización, más aún cuando se trata de artes marciales y deportes de contacto. La falta de espacios y oportunidades no es porque no existan mujeres que entrenen y participen del kickboxing, sino porque se les ha invisibilizado. Como afirma “La Maquinita”, las mujeres no tienen porqué ser las “teloneras” de los campeonatos masculinos, no tienen que ser las encargadas de las peleas preliminares y de “menor importancia”. La motivación va mucho más allá de lo deportivo, convirtiéndose en una lucha político-feminista que motiva a cuestionar, reflexionar y combatir las diferencias existentes. La destrucción de ciertos estereotipos de género, por ejemplo: la idea de que no pueden existir grupos de trabajo compuestos solo por mujeres sin que haya conflictos es generalizada pese a la constante evidencia observable día a día. Este tipo de eventos es una muestra más de que esa afirmación no solo está equivocada, sino que en dichos espacios pueden observarse elementos que no están presentes en la competencia masculina: “cuando nos juntamos, colaboramos, trabajamos entre nosotras, nos ayudamos, nos aplaudimos aunque haya ganado la del otro equipo, nos abrazamos todas”, afirma Macarena. Esto lo confirma Michelle Zilleruelo, competidora de 17 años y que lleva cerca de tres años entrenando un deporte al que llegó para descargar energía y rabia. Para ella, en este tipo de espacios se siente una gran cercanía entre el equipo organizador y las distintas competidoras.

Pelear como mujer

Junto a Aylin y Macarena hay muchas compañeras que han ayudado en la organización del evento en sus diferentes áreas, adoptando todas una perspectiva política marcada que las une y entrega fuerzas para seguir trabajando. Los auspiciadores, los permisos municipales, indumentarias, premios; todo ha sido gestionado por ellas. Todas trabajan y colaboran con mucho amor y entrega a la organización, y es que el feminismo les ha enseñado que entre ellas se pueden relacionar de buena forma, con sororidad. 

Pese a la cultura del apañe que se ha visto alrededor del kickboxing en actividades como esta, sigue habiendo dificultades en el acceso de las deportistas. Muchas posibles competidoras no logran hacerlo debido a que participan en escuelas donde los profesores no las acompañan. Esto, ya que, como explica Orellana, los espacios mixtos -como dichas escuelas que, en teoría, son mixtas- son en realidad masculinos, donde las mujeres han estado relegadas a un segundo o tercer plano. Esto hace todavía más importante y relevante el separatismo desde el que se plantan y que ayuda, además, a concebir el género de otra manera. “Por ejemplo -explica Orellana-, nosotras abrimos una categoría para personas trans y no binarias justamente porque hoy en día ser mujer, en el sentido más conservador, no es la única categoría que se queda fuera de los espacios masculinizados”. 

El “pelear como mujer” pasa a ser parte de una advertencia, es decirles a todos que las mujeres están presentes: presentes en el deporte, en el kickboxing y en tantas otras esferas de la vida, en tantas otras luchas. Como menciona Orellana, “nos motiva cuestionar el por qué se piensa así, nos motiva cuestionar el por qué las mujeres hemos ingresado de manera distinta al deporte y se nos ha reconocido de manera distinta. Nos motiva el cuestionarlo sin pedir permiso y simplemente haciéndolo”. Los espacios mixtos han sido siempre espacios de varones, por lo tanto el “Pelea Como Mujer” es no solo un llamado de atención, sino que un mensaje para congregarse, evidenciar que estos espacios se necesitan y ocuparlos para transformarlos en unos más justos. Espacios que, por lo demás, no se cierran solamente a los deportivos, como lo evidencia la discusión política que se vive hoy con respecto a la paridad de género en una posible asamblea -o convención- constituyente. Espacios mixtos en teoría, pero que han sido dominados históricamente por hombres y que se han convertido en territorios de lucha para alcanzar una sociedad más justa.

Por José Ramírez

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