El momento constituyente

Juan Cristóbal Cantuarias 
Colaborador Asociación de Hinchas Azules

11 días han pasado desde aquel histórico viernes 18 de octubre. Mientras algunos estudiantes secundarios seguían llamando la atención de un irresponsable Ministro del Interior, muchos/as hinchas de la Universidad de Chile despertábamos con el grato sabor de haber salido victoriosos de uno de los partidos más importantes en lo que va del campeonato. Hace 11 días vivíamos en “normalidad”. Hace 11 días pasábamos de ser el “oasis de Latinoamérica” al modelo de desigualdad y abuso neoliberal.

El gran estallido social que el pueblo chileno ha protagonizado no ha sido sino un proceso que ha develado aquello que algunos frentes han venido denunciado hace años: a pesar de los sucesivos intentos de maquillar el modelo, de intentar mejores condiciones para los sectores más empobrecidos mediante la focalización de los recursos del Estado, estos esfuerzos no han sido suficientes. Y no han sido suficientes no necesariamente por la mala voluntad de los legisladores o gobernantes, sino porque este modelo hace imposible la existencia de un sistema donde prime la justicia. 

Es por eso que cuando los chilenos y chilenas salimos a decir con fuerza “¡No más abuso!”, debemos aprender a no repetir las mismas fórmulas del pasado. Nuestros/as compatriotas no quieren seguir perfeccionando el sistema, lo que quieren es otro modelo. Ahora, ¿cómo podemos construir ese nuevo modelo? Claro está que en el régimen institucional establecido mediante la Constitución Política de 1980 es imposible modificarlo: las trampas autoritarias han hecho ineficaz cualquier posibilidad de cambio constitucional. Y es precisamente por ese cúmulo de frustraciones ante la neutralización de cualquier cambio político que hoy nos encontramos en el momento constituyente que tanto esperábamos. 

Ahora, sería un error asumir que la controversia chilena trata solo de un problema constitucional. Precisamente, podemos llamar a esta coyuntura un Momento Constituyente, y no solo constitucional, porque la polémica social y política a la que nos enfrentamos abarca una considerable gama de dimensiones de la vida colectiva. Lo que se encuentra en juego hoy no es solo la Constitución, sino que también el modelo de coexistencia nacional. La confluencia de demandas por un Chile justo -a saber, en contra del sistema de AFP, por una mejor educación y salud pública, por mayor igualdad en el ingreso- significa poner en cuestionamiento no solo el entramado institucional consagrado con la Constitución de Jaime Guzmán, sino que también el modelo de desarrollo económico, social y político en el que hemos crecido durante los últimos 30 años. 

¿Bastará con una nueva Constitución, entonces? A mi juicio, solo si es que ese nuevo pacto social y político es elaborado a partir de una nueva legitimidad. Lo queramos o no, los mecanismos de mediación institucional hoy no tienen el sostén legitimador suficiente como para que el acuerdo que salga de este proceso pueda ser canalizado por la institucionalidad existente. Lo que hoy quiere la gente no es solo frenar el abuso, sino que también ser parte de la toma de decisiones. Por eso, no basta con hablar de que en este momento constituyente es necesaria una nueva Constitución. Hoy debemos decir con fuerza que queremos una nueva Constitución si, y solo si, es con la participación de todos y todas. Si, y solo si, es a través de una Asamblea Constituyente.

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