El diablo vendiendo cruces

Jorge Salvador
Asociación de Hinchas Azules

A quienes simpatizamos con un club nos encantaría siempre poder tener las camisetas que ocupan nuestros ídolos. No hay nada de malo en eso y no debiese ser motivo de culpa ni de vergüenza. Sin embargo, al menos nos debería hacer ruido la estrategia comercial de Azul Azul S.A. que emerge desde hace un par de años. ¿Ejemplos? Muchos, emparentados casi siempre a un hashtag como #nuncafuimossolo11 o #LaUsomostodos.

Las redes sociales del equipo continuamente evocan el canto de miles de almas masoquistas que han cargado con el peso del descalabro institucional en que la Universidad de Chile está sumida, pero ¿qué ha hecho realmente Azul Azul S.A por sus hinchas, más que pedirles que compren sus entradas, su ropa de marca y sus libros sobre una historia sesgada del club? La respuesta es sencilla; absolutamente nada, lo que en definitiva nos deja como única opción el comprarle cosas -objetos, digamos- a una concesionaria.

Esta oferta que nos entrega cariñosamente la sociedad anónima casi siempre, podrán notar, alude a altos valores, principios e identidades que corresponden a aquellos de los y las hinchas. Pareciera ser que por momentos nuestra fidelidad, característica atribuida a los hinchas de la U, ha pasado a ser un objeto de consumo y lo que sostiene a la postre las finanzas de una empresa que se cae a pedazos. Nuestra forma de ser, la más que demostrada voluntad de estar en las buenas y en las malas, ha sido el pivote predilecto para posicionar a la concesionaria en sintonía con la gente. No ha sido otorgándole a ésta ni la más mínima participación dentro de la administración ni resguardando o promoviendo su bienestar en el estadio, por ejemplo. El único nexo, la única opción que alguien tiene de compartir con lo que ama es comprando… pero lo cruel, lo terrorífico es que aluden a nuestra identidad.

Aparentemente, lo que significa ser de la U es poseer un automóvil marca Chevrolet, cargarle bencina en Petrobras y cada navidad comprar la nueva indumentaria que, curiosamente, aparece en esas fechas. Pero no nos engañemos ni nos dejemos llevar por sus discursos rimbombantes sobre los aparentes valores hasta éticos con los que Azul Azul S.A se luce a sí mismo tan elegantemente, pues son ellos quienes se han encargado de manchar hasta niveles insospechados nuestro club: lo secuestraron cual vil mercancía, haciendo de un grupo humano meros clientes a la espera de una oferta.

Cuando nuestra identidad está basada en artículos de consumo, la única verdad es que es una identidad de consumidor/a. Nos deshumanizamos en nuestra capacidad monetaria de poder adquirir esto o lo otro, pensando que aquello es lo que nos hace ser nosotros y nosotras mismas. Ese juego tan vil e hipócrita de parte de quienes lamentablemente nos administran debe cesar, pues han abusado de nuestra correspondencia para con el equipo: han vendido productos ajenos a toda la historia del club y, quien sabe, si incluso al concretarse lo peor, terminen manchando nuevamente nuestra historia.

En este angustioso momento deportivo -ad portas de definir lo que podría ser un total descalabro a toda escala- no tenemos ninguna fidelidad que demostrar, no tenemos que hacer nada más que lo que siempre hemos hecho: seguir a la U. Y no porque tenga la ropa deportiva más bonita ni de mejor calidad, sino que solo y únicamente por ser la pasión de nuestras vidas. Con esa claridad en mente, reemplazaremos comerciales por asambleas y represión en la galería por directivas eficientes. 

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