El aniversario caturro en la voz de sus protagonistas

Son las 23:58 horas del miércoles 14 de agosto y en el mirador Bellamar del Cerro Esperanza, ahí donde comienza Valparaíso, una veintena de jóvenes que visten camisetas verdes se reúnen en torno a un rito que, con los matices propios de cada época, se repite desde hace más de un siglo. Mientras las miradas de la mayoría alternan entre los relojes de sus teléfonos celulares y el hermoso anfiteatro que se dibuja frente a ellos, unos pocos intentan disimular la ansiedad con una cerveza fría. Son los últimos sorbos del año 126 D.S.W. (después de Santiago Wanderers). 

“Son las doce” grita una voz entre el grupo e inmediatamente, como si se tratase de un mandato ancestral, los muchachos y muchachas presentes comienzan a entonar el himno creado por Efraín Arévalo en 1912. Algunos fuegos de artificio son lanzados al aire para dar la bienvenida al cumpleaños número 127, lo que se replica en otros puntos de la ciudad.

“A las doce de la noche tiramos un poco de fuegos artificiales, solamente una cantidad simbólica, por el año nuevo Wanderino, porque intentamos mantener el respeto producto de toda esta situación”, confiesa Nico, aludiendo a la tragedia ocurrida un par de días antes en Valparaíso, en la que el derrumbe de casas en la escalera Pasteur se llevó la vida de 7 personas. “Bigote”, como le dicen a Nico, revela que la idea original era juntarse con su piño, La Banda Verde, y otros grupos amigos en el Muelle Barón a la medianoche y tirar muchos fuegos artificiales, pero que, considerando lo ocurrido, creyeron que no era oportuno ni pertinente festejar de esa manera. Es que Wanderers no puede entenderse sin Valparaíso y esta retroalimentación permanente entre club y ciudad tiñe incluso los momentos de celebración.

A la misma hora, 35 caturros y caturras cumplen con una ceremonia idéntica en la población Centeno del Cerro Barón. Se trata del piño oriundo de dicho cerro y que lleva su nombre, quienes, junto a Los Borrados, han iniciado los festejos.

Diferencia de objetivos

Cristian pertenece al primero de estos grupos y no oculta la emoción al hablar de lo que significa para él poder ser parte de esta instancia. “Es una alegría tan linda estar cumpliendo años con Wanderers, porque me recuerda cuando mi viejo me llevó por primera vez al estadio a conocer al Decano”, señala, poniendo en evidencia que en Valparaíso ser hincha de Wanderers es también herencia y tradición familiar. “Fue maravilloso, porque sentí algo muy lindo y al momento que yo iba creciendo, el amor seguía aumentando, y el día hoy ese amor se lo traspaso a mis hijos”. Ese concepto de legado es algo que también aparece en Pedro, oriundo de Playa Ancha, quien sostiene con convicción que “Wanderers es el motor que mueve a Valparaíso. Está inserto en el corazón del ciudadano común, siendo algo que traspasa generaciones y barreras y eso es algo que hay que enseñárselo a las nuevas generaciones”.

Sin embargo, todas estas emociones, sentido de pertenencia y vinculación contrastan con lo que se vive en las actividades llevadas a cabo por la Sociedad Anónima Deportiva Profesional (SADP) que controla a Santiago Wanderers, donde, en general, el wanderino de a pie parece no sentirse convocado. “Bigote” lo deja claro, indicando que “ellos (los accionistas y directores de la SADP) no representan el sentir ni la idiosincrasia del hincha porteño y wanderino. Es solamente gente que viene desde fuera con una visión autoritaria y súper vertical, imponiendo cosas, no llenándose ni empapándose de lo que significa ser hincha del Wanderers”. Para él, si bien la decisión de no participar no se ha adoptado de forma tan consciente y organizada, sí está asumida dentro de su grupo. “Nunca hemos participado de las instancias que la Sociedad Anónima plantea porque no nos parece un ente válido, ellos están de paso en el club”, sostiene, enfatizando que “les quedan todavía hartos años, pero es solamente un tiempo que tiene que pasar y después vamos a seguir nosotros y nosotras”.

Una mirada que es compartida por Cristian, quien expresa que la entidad que preside Rafael González Camus no representa a la gente de Valparaíso. ”Creo que la SADP nunca se ha identificado con nuestra ciudad ni menos con el hincha porteño. Ellos sólo ven el lado económico y no el sacrificio del hincha que junta peso a peso para poder ir al estadio”, dice con seguridad.

Cristian es, además, uno de los tantos hinchas ingresados a la Lista 102, aquella donde las Sociedades Anónimas y la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP) envían, muchas veces de forma arbitraria, sin pruebas y vulnerando la garantía del debido proceso, a hinchas que llevan años recorriendo el país siguiendo a sus clubes. “El día que supe que me estaban prohibiendo el ingreso a ver a Wanderers, lloré en el mismo acceso a la galería norte porque sentí que me querían quitar esta linda pasión que llevo en el corazón”, expresa. 

Mario Oyer, presidente de la Corporación Wanderers, entidad que es la legítima representante de las socias y socios del club, explica que este año nunca estuvo en agenda celebrar el aniversario junto a la concesionaria “básicamente porque las líneas de acción de las actividades difieren mucho en cuanto al hincha objetivo”, enfatizando que “ellos (la SADP) en general lo hacen cerrado, con grupos escogidos a dedo, mientras que nuestras actividades son abiertas al público, gratuitas y tendientes a hacer comunidad en torno al club, que es lo que hemos pregonado siempre: un club para todas y todos”.

Oyer comenta un episodio ocurrido con motivo del mes aniversario y que devela el carácter que la Sociedad Anónima le asigna a estas fechas. “Cuando se me invitó a las actividades organizadas (por la SADP) en la sede, el directorio de la Corporación evaluó asistir por respeto a los socios premiados y dirigir algunas palabras, aun sabiendo que ese día teníamos toda la puesta en escena en Plaza Sotomayor. Pero cuando se solicitó el programa de la actividad, nos dimos cuenta de que no había espacio para que hablara a nombre de la Corporación, que es la dueña del club, y solo se nos dijo a través de un mensaje de que “el único discurso que se iba a dar era el del presidente del club, Rafael González”. Les respondí que Rafael era sólo presidente de la Sociedad Anónima Deportiva, porque el club es de la Corporación”. 

Aniversario popular

En este contexto de exclusión y del vacío de representatividad de una concesionaria que pretende apropiarse de “lo oficial”, surgen otras actividades que tienden a reunir de manera masiva a los que son el verdadero motor de este deporte y de sus clubes: los hinchas.

En este sentido, la Lanchada Panzers, llevada a cabo en 2018, marcó un hito en cuanto a festejos de cumpleaños caturros. En aquella oportunidad, más de un millar de wanderinas y wanderinos pasaron las doce de la noche del 15 de agosto recorriendo la bahía a bordo de lanchas adornadas con lienzos y banderas alusivas al club y a la hinchada en un espectáculo del que no existen precedentes en nuestro país.

Este año, “La Más Fiel de Todas” prefirió pasarlo en tierra y, aunque debido al mencionado accidente de subida Pasteur, optó por retrasar los festejos unos días, el sábado 17 se tomó la tradicional Plaza Waddington para celebrar con todo. Pedro participó en la organización de la instancia, la que describe como “una actividad de fuegos artificiales para celebrar el aniversario de Wanderers que no se hizo el 15 de agosto”.

En cuanto a que Los Panzers se sumasen a las actividades de festejos de la concesionaria, ni hablar. De hecho, Pedro sostiene que “la barra no es parte de sus celebraciones porque la Sociedad Anónima deja completamente fuera a los barristas, no le interesa tener relación con nosotros. Ellos piensan que haciendo una once de camaradería para los inversionistas se celebra el cumpleaños y para nosotros no es así”, a lo que agrega una contundente opinión: “no me identifico para nada con lo que es la SADP ni creo que Los Panzers se caractericen por ser adherentes de este tipo de lacras”.

Sobre la forma en que la hinchada se organizó para armar la instancia, rápidamente destaca el carácter abierto y autogestionado de la jornada, a la cual concurrieron más de 500 barristas, enfatizando que “se celebró con quienes llegaron al llamado a participar. Para financiarla, se reunió un fondo a través de una fiesta más el aporte de piños y personas que fueron correspondientemente individualizadas en la página de la barra”.

En la misma cuerda, la agrupación “Almendral Cultural” había preparado para este 2019 la tercera versión del “Festejo a los Caturros”, evento musical y cultural que se realiza cada 5 años y que esta vez se había programado para el día 6 de septiembre en el sector de Caleta Portales. La actividad, que apuesta a transformarse en una tradición, tuvo su debut el año 2009, teniendo como plato fuerte a la “Sonora Barón” en una noche en la que la intensa lluvia no amilanó el ánimo del pueblo caturro que igualmente llegó en masa a celebrar. El 2014, en tanto, se llevó a cabo en la Tornamesa ubicada en el sector Barón, donde se hizo presente “Chico Trujillo” además de reconocidos artistas porteños como “Los Chuchos”.

“Almendral Cultural” es una organización comunitaria compuesta íntegramente por wanderinas y wanderinos que fue creada hace 23 años y que, en palabras de uno de sus integrantes, Francisco Chandía, “tiene como finalidad compartir, desarrollar, fomentar y mantener, toda nuestra cultura porteña y especialmente lo que está ligado a la música, particularmente a la música under”.

Según cuenta Chandía, como se le conoce en la barra caturra, “este año la idea era darle énfasis a los boleros, para lo cual contábamos con el apoyo y participación de varias bandas, entre ellas la “Agrupación de Músicos y Boleristas amigos de Jorge Farías”, además de Luis Alberto Martínez, “La Voz de América”, con toda su trayectoria, acompañado también desde Santiago con Betania López que canta ska y rocksteady, pero que también apuesta a recuperar lo que son los boleros. También “Sonora de Llegar”, banda tradicional de la quinta región, con todo su ska y su baile, quienes incorporan el tema “No te perdono más” de Jorge Farías. Todo ligado al bolero y a Valparaíso”, recalca.

Prioridades distintas

Lamentablemente, debido al bajo interés evidenciado por los wanderinos, el evento debió ser cancelado, lo que a juicio de Chandía se explica por múltiples factores. “Primero, por la realidad social, política y económica que vive nuestra ciudad, en la que hay poco trabajo y, por lo tanto, poco dinero. Esto se suma a los accidentes, incendios, todo lo que ha pasado y que ha mermado la posibilidad de generar más lucas”. No obstante, también desmenuza la realidad institucional del club, evidenciando divisiones que a su juicio también atentan contra iniciativas como esta. “Las divisiones dentro de Santiago Wanderers se mantienen hasta el día de hoy en lo que se refiere a Corporación, Sociedad Anónima, la gente en general y a la barra Los Panzers, que son cuatro estamentos que están total y absolutamente desligados, con desconfianzas entre unos y otros”, enfatiza.

Chandía entra al área chica manifestando que “hace algunos meses, en una reunión de la barra, como barristas de Wanderers le planteamos este evento a la organización y no le interesó. Por otro lado, nos acercamos a la Corporación con el propósito de unirnos y esta aceptó ser punto de venta a cambio del beneficio que ofrecíamos de descuentos en las entradas a los socios. Sin embargo, también les pedimos un poco de difusión y eso no se dio más allá de nosotros tomar una de las mesas que estaban habilitadas como stands en el evento de Plaza Sotomayor para promocionar desde allí. Pero difusión por sus redes, que era lo que necesitábamos, no les interesó”, expresa, admitiendo que desconoce las razones que pueda haber tenido para esto la entidad dueña del club.

En cuanto a la SA, reconoció que se acercaron en busca de algo de financiamiento, pero se encontraron con una negativa rotunda, pues, si bien aceptaron reunirse después del aniversario, y luego de mucho insistir, lo cierto es que la empresa controlada por Nicolás Ibáñez no dio su brazo a torcer. “Nos cortaron el rostro. Nos dijeron que la campaña había sido mala, que les ha ido mal y que no tenían lucas para invertir en cosas como esta. Ni siquiera quisieron invertir tiempo para poner el afiche en su página”.

Chandía también desliza una crítica a la política pública desplegada por el municipio porteño, pues, si bien reconoce varios aspectos positivos en la gestión de la Alcaldía Ciudadana, cuestiona que en lo que se refiere “al arraigo social y la verdad de lo que sucede en el puerto, en cuanto a los trabajadores, a Wanderers, a la realidad del porteño mismo. Están más pendientes del Centex, de venderte el Cerro Alegre o de conformar una ciudad universitaria que sólo rinde réditos económicos a empresarios de Santiago que sacan partido del negocio inmobiliario, vendiendo o arrendando departamentos que no están destinados a los habitantes de esta ciudad. Son negocios que no dejan plata a Valparaíso”.

Para este miembro de Almendral Cultural, eventos como el que intentaron efectuar representan una oportunidad y una alternativa a una época compleja de desunión en el club y la ciudad, agregando que “más que enfocarnos en el problema, lo que buscábamos era unir y dar la posibilidad a todos de participar y seguir luchando contra un sistema que nos reprime, que nos golpea y que nos separa. La invitación era a juntarnos, a poder mirarnos a la cara y decirnos que somos diferentes, que pensamos distinto, pero que al final somos de acá, somos iguales y tenemos que luchar por eso”.

Sin embargo, no duda en reconocer que se equivocaron en creer que podían juntar a la gente de Wanderers, sosteniendo con pesar que “esta fiesta tenía esa finalidad, reunirnos en el punto en común que es Valparaíso y Wanderers. Confiamos en que podíamos convocar, convencer y juntar a todos los actores sociales y políticos del mundo Wanderers, no para ganar plata, sino para encontrarnos en el festejo, pero no resultó”.

Finalmente y a modo personal, despacha su propia visión histórico-política al respecto de este momento, argumentando que “este es el legado real de la dictadura, el tener a la gente separada, pensando cada uno en lo suyo, peleando por decir a todo que no, pero sin construir nada. Eso nos ha ido ganando la pulseada a los porteños, a los chilenos y contra eso hay que seguir luchando”.

Respecto a esta última afirmación, como Movimiento 15 de agosto no podemos sino concordar, destacando que para nosotrxs es ahí justamente donde se encuentra la importancia del aniversario caturro: en juntarse, reconocerse, abrazarse, conversar y soñar en torno a nuestro club, tal como hicieron Bigote y sus amigos en Esperanza, o Cristian y los muchachos de Cerro Barón y Los Borrados, o como intentó realizarlo Almendral Cultural, o como lo materializaron el medio millar de Panzers que coparon Plaza Waddington.

Creemos que es precisamente este nuestro mayor patrimonio, pues constituye lo que jamás podrá hacer la Sociedad Anónima. Es que ni todo el dinero del mundo es capaz de reemplazar los afectos verdaderos y el sentido de identidad y pertenencia que genera un club de fútbol y especialmente Santiago Wanderers. Por eso, más allá del difícil momento institucional que atravesamos y la amargura que deja no poder realizar una fiesta como la del “Festejo a los Caturros”, mientras esta idea fundamental se conserve entre los hinchas, que son el elemento fundamental de todo club, habrá esperanza de recuperarlo. Mal que mal, fue así como en 1892 comenzó nuestra riquísima historia. Con un grupo de jóvenes que, contra toda imposición y exclusión, decidió juntarse, mirarse a los ojos y organizarse para formar un club de fútbol. 127 años después, la rebeldía de reunirse en torno a una pelota de cuero sigue viva, en Esperanza, en Barón, en la Waddington y en cada quebrada, escala o pasaje en el que se cuela el Decano del fútbol chileno. ¡Wanderers vive en su gente!

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