“El fútbol no tiene que ser machista (…) no hay actividad denominada para hombre y para mujer”

Fotografía por Manne Stoller

Por Carolina Cabello y Carlos Vergara
Contacto: carolinapaz.cabello@gmail.com

Fotografía por Manne Stoller

Valentina tiene 25 años, es nacida y criada en la Villa Japón del Cerro Los Placeres de Valparaíso, aunque ahora vive un poquito más arriba, en la “Juan Pablo”. Es madre de un niño de ocho años y de una niña de uno. Su familia fue fundadora del Club Deportivo Villa Japón, motivo de orgullo, pasión y proyección; afirma que por sus venas corre sangre morada, “japonesa” de corazón. Ha estado prácticamente desde el inicio de la rama femenina y además es parte de la directiva del nuevo Club Social, Cultural y Deportivo Villa Japón. El futuro del fútbol femenino porteño, sin lugar a dudas, está en manos de personas como Valentina.

¿Cuándo te comenzaste a interesar en el fútbol?

En el liceo. Yo estudié en el Liceo Barón y ahí me puse a jugar a la pelota. Tenía 15 años, por ahí, y siempre me había gustado el fútbol, por mi tata y mi papá. Mi papá me lo inculcó harto; mi hermano mayor igual, onda, vamos pa allá, que la pelota, vamos pa la cancha. Y ahora empecé a jugar a full hace tres meses y medio, con el Villa Japón. En realidad, hace más o menos 10 años que estoy jugando.

Como la mayoría de las actuales futbolistas amateur de Valparaíso, el proceso de socialización en torno a la práctica del fútbol se forjó durante su época estudiantil. En el caso de Valentina, sus primeras pichangas las realizó en el emblemático Liceo Barón, donde desde joven comenzó a romper estereotipos y patear mandatos.

Cuando estabas en el colegio ¿cómo se dio el proceso de armar un equipo?

Es raro, fue de intrusa. Empezaron a hacer talleres de fútbol después de clases solo para hombres, ¿cachai? Yo preguntaba: “profe, ¿me puedo quedar?, pero hoy día no más po”, “ya, bueno ya”, y el primer entrenamiento era yo sola, y eran puros hombres y yo flaquita ahí, y después mis compañeras me decían: “¿estai jugando a la pelota?”, “a mi igual me gusta”, “¿vamos?”. Ahí empezamos a meternos de a poco, y para el profe fue bacán que las cabras estuviéramos jugando. Igual nos enseñó mucho, sobre todo táctica y posiciones, porque al principio, por lo menos yo, jugaba a la pelota corriendo tras ella, no cachaba que tu posición es esta y tu juego es este. De a poquito me lo fue inculcando. Empecé a aprender cosas mínimas, cómo recibir la pelota, pararla, dar el pase, girar, cosas así, y ahora lo estoy aprendiendo de otra manera po, no sé si profesional, pero con más de todo.

¿Se logró armar un equipo femenino en el liceo?

Al principio era solo yo, después ya eran dos compañeras más. El último año que estuve ahí, jugamos un partido contra el Liceo Valparaíso. Se metieron por motivación del rato, algunas corrían… eran como unos pollos, como todos los niños, que, cuando están jugando, van todos detrás de la pelota. En todo caso, no había rama de fútbol para mujeres ni nada, lo que había era gimnasia artística, donde había muchas más mujeres.

Los obstáculos que tienen que enfrentar las mujeres que se animan a disrumpir con lo establecido son determinados por la cultura y por la estructura que ha configurado al fútbol a lo largo de los años. Con cultura, nos referimos a las formas que adquirimos para relacionarnos unas personas con otras. En el caso del fútbol, se encuentra caracterizada por los prejuicios, los estigmas y los estereotipos machistas que, en nombre del cuerpo y las diferencias biológicas, nos han invisibilizado en las canchas. Los obstáculos que provienen y se legitiman a partir de las estructuras patriarcales se evidencian en la falta de políticas públicas, de infraestructura -pública y privada- y de condiciones mínimas que propicien el desarrollo organizativo y deportivo del fútbol femenino como lo es, por ejemplo, generar espacios de encuentro y formación deportiva.

La carencia de espacio y de herramientas mínimas para que las mujeres se puedan formar futbolísticamente fue una barrera que tuvo que enfrentar Valentina. A pesar de ello, la joven futbolista considera que aquella brecha ha disminuido con el correr de los años y el avance de la visibilización de los derechos de las mujeres.

¿Tuviste obstáculos que superar para poder jugar a la pelota?

Depende del punto en que lo veai: no fue complicada la forma en que me recibieron, lo que me costó fue aprender. Eso fue un obstáculo que tuve que pasar. Aparte, tengo la pierna derecha, con la que juego, toda quemada, entonces de a poco tuve que ir también aprendiendo a que los golpes, como tengo más sensibilidad, me dolían, pero era cosa de un rato.

¿Cómo fue el proceso de aprendizaje?

Pudo haber sido sido mucho más fácil. Ahora en el femenino nosotras tenemos una niñita que tiene 13. El primer día ella se acercó con el papá pensando que éramos una escuela de fútbol y no, somos un club, un equipo, así que le dije que viniera a entrenar con nosotras, que le va a servir caleta. Le dije “tú eres chica y vai a tener la capacidad de aprender súper rápido”, “vai a tener habilidades y no te vai a dar ni cuenta”, y eso yo creo que a mí me hubiera ayudado harto, aprender desde chica en una escuela, una cosa así. Sería famosa ahora (risas).

La idea de que el fútbol solo lo pueden practicar los hombres o que es impropio para las mujeres continúa siendo un prejuicio que orienta la conducta de algunas personas. El estereotipo social del género femenino, que excluye al cuerpo femenino del fútbol por pasivo, emocional o tierno, es una de las discriminaciones que se mantienen fuertemente presentes en Chile. Contrariamente a ello, desde la práctica, evidencias nos indican que el fútbol femenino en Chile posee más de 100 años de historia, en la que mujeres de distintas generaciones en diferentes períodos históricos han aparecido una y otra vez reivindicándose como sujetos a partir de su propia experiencia corporal y social con el balón.

¿Cómo es la mujer futbolista? y ¿cómo se identifican las futbolistas a sí mismas? son algunas preguntas que reflexionamos con Valentina con un doble objetivo: por una parte, tensionar los estereotipos y cuestionar los mandatos sociales con el género femenino; por otra, visibilizar la experiencia femenina y reconocernos como futbolistas.

¿Cómo es la Vale futbolista? ¿Qué imágen tienes de de ti cuando estás en la cancha?

Ansiosa, muy gritona, siempre dando indicaciones: “sale”, “vuelve”, “a la línea”. Mandona, ansiosa de siempre querer estar ahí, siempre metida, concentrada.

Hay liderazgo igual ¿o no? Al gritar, al tener la voz más fuerte.

po, si igual soy la segunda capitana de mi equipo, pero no sé si es porque tengo la voz más fuerte. Es porque me gusta hacer sentir cómoda a la gente. Me gusta que el camarín sea algo fluido, bacán, que todas nos llevemos bien, me gusta que sea un ambiente grato. Yo creo que por eso las chiquillas saben que no les grito de mala onda, solo pa que me escuchen.

Hay quienes dicen que esos atributos son de hombres…

Yo soy súper feminista. Todas mis amigas me dicen “ah, la feminazi”. No es que sea feminazi, sí me gusta que la mujer sea empoderada, por algo yo juego a la pelota po, porque el fútbol no tiene que ser machista, es algo amplio, es para todo el mundo, no hay actividad denominada para hombre y para mujer, todos y todas somos iguales. Pero claro, de repente soy tosca y brusca, que son cosas como de hombre, porque me crié alrededor de puros hombres. Tengo mi grupo de amigas de infancia, pero siempre me he juntado más con hombres,  no  sé,  cuando  chica  jugaba  a las bolitas y al cuadrado mientras mi mamá me decía “anda a jugar a las muñecas”. Y es que a mí me gusta jugar a esto.

Fotografía por Manne Stoller.

¿Cómo ha sido tu experiencia con mujeres un camarín luego de haber estado acostumbrada a compartir con prácticamente puros hombres?

Para mí ha sido súper grato, no he tenido ningún problema, siento que nos tenemos cariño. Una de repente conversa más con una que con otra; yo trato de ser súper imparcial. Estoy en un grupo que no me gustaría que se desarme y lo he conversado varias veces porque estamos en una etapa en que están pidiendo federar a las niñas y más de alguna no se puede federar, sería una lástima tener que separarmos por eso, porque es un grupo de cabras que… es como que nos conociéramos de toda la vida.

¿Cómo se llegó a armar un camarín así?

Fue cosa de tiempo, porque al principio llega alguien que sabe más de fútbol que la que está al lado, entonces llegaron más de alguna así “ah, yo soy bacán”, y de a poco entendieron que íbamos todas al mismo punto, ¿cachai? Fue cosa de tiempo, quizás más de alguna sabía más cosas, pero si tú sabíai más, podíai enseñar a la otra po. De a poquito se fue dando el compañerismo, la amistad, la buena onda.

¿Con los entrenamientos?

Con los entrenamientos, que nos han servido pa conocernos y apoyarnos. El club hace poco que se volvió a levantar, recién el 2017, después de años que estuvo sin funcionamiento, por lo cual no somos un equipo que tiene plata, y nosotras: “pucha chiquillas este fin de semana por qué no vendemos papas fritas y juntamos las lucas pa que nos paguemos el entrenamiento”, “hay 10 lucas pal entrenamiento y la cancha sale 25”, “flaca, sabí que no tengo plata”, “ya hermana anda, yo te pago”. Es bacán que ya tengamos esa confianza.

¿Cómo ha sido compatibilizar ser mamá, trabajar y ser futbolista al mismo tiempo?

Sabí que a veces es difícil. Nosotras entrenamos, por ejemplo, de 8 a 10 y yo trabajo hasta las 7. Entonces mi mamá me dice “pero Vale, estoy todo el día con los chiquillos”, “ay, mamita, un ratito por favor”, “ya, pero llega temprano”, ¿cachai? Antes de ayer entrenaron y no pude ir porque mi hija estaba enferma, obviamente ahí no voy, pero hay partidos que yo voy con mis dos hijos. Yo tengo dos, uno de ocho y mi hija de uno que la llevo en el coche y la dejó en la banca. Ahí se queda mientras yo juego a la pelota. Mi pololo es uno de los que entrena, es uno de nuestros profes, entonces esa es su labor: ver a la niña mientras yo juego a la pelota.

¿Tienen sus propias camisetas?

No, nos falta todavía. Usamos las de la segunda de los chiquillos. Pero las cabras se acomodan bacán porque a veces sale el “pucha, cómo vamos a jugar con el equipo de los hombres, si yo igual quiero tener mi equipo”, pero por mientras no tenemos y ni una pone peros. Ahora estamos organizando un bingo que nos va a servir para comprarnos nuestro equipo.

Fotografía cedida por Valentina.

La Villa Japón hoy es una referencia en Los Placeres, con todo el proceso que se ha dado de recuperación del club y todo el movimiento barrial que han generado, pero ¿han tenido algún hito como rama femenina? ¿Algún momento que consideren significativo?

Creo que el campeonato en Quillota marcó la diferencia. Nosotras fuimos el primer equipo que representó a la Villa Japón afuera, el primer equipo desde que se fundó el club. Mi papá estaba orgullosísimo, feliz, imagínate que llegamos a la semifinal po. Somos un equipo que llevamos recién tres meses y medio y llegamos a la semifinal, y allá jugamos contra equipos grandes, Everton, San Luis de Quillota, contra la selección de Glorias Navales, equipos que tienen su trayectoria. Eso nos demuestra que la perseverancia nos ha llevado bien como equipo, a todas nos ha ayudado el haber llegado a la semifinal. Perdimos por penales y cuando terminó, todo el mundo estaba triste, casi todas llorando, “cabras, vamos” les decía yo, “chiquillas, llegamos a una semifinal y estamos recién”, “llevamos tres meses”, “siéntanse ganadoras”, “miren donde llegamos” y como que se pegaron la cachá, tení razón”, la cuestión es que hay que valorar también lo que hemos absorbido en este poco tiempo que llevamos como equipo.

Sin duda que este 2019 nos encontramos frente a una de las oleadas de participación de mujeres más significativas dentro de la historia del fútbol femenino chileno. El subcampeonato de la Copa América 2018, la participación chilena en el Mundial de Francia 2019, la obligatoriedad de contar con divisiones femeninas en aquellos clubes que participen de campeonatos CONMEBOL y ANFA en fútbol amateur, la proliferación de ligas en distintas canchas y la incipiente profesionalización del Campeonato Nacional Femenino (Santiago Morning y Colo Colo principalmente) son cambios en la normativa que llegaron para modificar y resignificar los paradigmas masculinos sobre los cuales se ha construido estructuralmente el fútbol local, nacional y latinoamericano.

¿Cómo ves en la actualidad el fútbol femenino en Placeres y en Chile en general?

Fuerte, el fútbol femenino va con todo. Está marcando, está llamando. Por ejemplo, juega la selección chilena y es como “ah ojalá que les vaya bien a las cabras”, “veamos el partido, juegan las cabras”, “tomémonos una chela, juegan las cabras”, ya lo ven de otra manera, está llamando la atención. Quizás porque está tomando fuerza el feminismo, pienso yo, porque ahora las mujeres estamos marcando más la diferencia, ahora las mujeres ya no nos estamos quedando tan calladas, estamos demostrando que podemos estar al mismo nivel en lo que sea.

¿Y cómo ves el futuro del club? ¿Cómo creesque va a estar de aquí a cinco años más?

¡Uuuy! que ansias, lo veo grande, no en el sentido de infraestructura; grande en gente, en cariño, en emociones. O sea, ¿si nos vemos campeonas de aquí a cinco años? Sí po, con copas, ¿por qué no? [risas], pero lo veo como un club grande, con mucha gente que nos apoye. Ahora nos apoya harta gente y siento que de aquí a cinco años nos van a apoyar más. Cachai que ahora, con lo del bingo, una se da cuenta; con las ventas de papas fritas, una se da cuenta que la gente coopera. Nosotras como femenino hicimos una rifa de 200 números y se vendieron 90 al toque, onda, dame cinco, dame diez, así. Es realmente hermoso este proceso.

¿Cómo se forma el femenino del Villa Japón? ¿Son jugadoras del barrio, del cerro o de otras partes de Valparaíso?

A ver, la Puli que es nuestra arquera, arqueraza, es de Cerro Alegre, por donde pasa la avenida Alemania, lejos. De ahí, la “flaca” Dani, que es central, es japonesa. Después, lateral izquierdo, la Ale, japonesa. Lateral derecho, la Lissette, japonesa. Yo de 5, japonesa. La Scarlett de 6, japonesa. De ahí tení a la “Cota”, japonesa. La Renata, ella es de la Juan Pablo. La chuncha es de Placilla, una de las goleadoras, la Ayllén es de Cabrales. Se me pasan algunas, pero la mayoría somos japonesas. En general nosotras las fuimos trayendo, pero es que de por sí somos pichangueras po, “cabras, vamos a jugar a la pelota” y no faltaba la que nos veía y decía “chiquillas, ¿y dónde juegan ustedes?”, “¿y cuando entrenan?”, y así se fue formando. Por ejemplo, a la Puli, la arquera, la invitaron a jugar un partido del campeonato de acá de Placeres, le gustó el camarín y se quedó. Tengo una compañera, la Nicole, que juega de 10, es de Villa Alemana y viene de la chucha del mundo a todos los entrenamientos y está en todos los partidos, nunca te dice que no. La redonda, la otra Nicol, la redonda es de Playa Ancha, la compa también está en todos los entrenamientos, en todos los partidos. Nos encanta jugar siempre.

Las canchas de tierra, los clubes deportivos, los camarines, los entrenamientos, los zapatos, la pelota, la charla técnica, los pases entre líneas y las tapadas que ganan partidos se viven y construyen en clave femenina. Miles de mujeres en los barrios, las ciudades, el país, latinoamérica y el mundo cada vez que salen a la cancha y suena el pito inicial de un partido son protagonistas de la más importante revolución que ha tenido el deporte más popular del planeta.

Fotografía cedida por Valentina.

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