Lo que nos dejó la dictadura

Nuestra Cruzada

Los crímenes de lesa humanidad, las miles de detenidas y detenidos desaparecidos y la violación sistemática a los Derechos Humanos cometidos por militares de todas las ramas de las fuerzas armadas y de orden, en complicidad con las y los políticos de la derecha, sumado al sistema económico capitalista, no son las únicas consecuencias que perduran de la dictadura cívico militar que nos hundió como país durante 17 años. Es la aniquilación de toda organización comunitaria y el miedo implantado en nuestro ADN lo que nos terminó por encerrar en nuestras casas hasta el día de hoy, haciéndonos olvidar el vivir en comunidad y preferir la individualidad por sobre la articulación colectiva.

El plan político del senador muerto a la salida de la Universidad Católica nos sumergió en la precarización de la vida social, nos hizo olvidar nuestros derechos, nos alejó de las juntas de vecinos, clubes de barrio, centro de estudiantes, organizaciones comunitarias y militancias políticas. Comenzamos a creer que el bienestar solo podía ser alcanzado individualmente, desde el propio esfuerzo en el diario vivir, o comprándolo de ser necesario. Si el dinero no alcanzaba, Sebastián se encargaría de apropiarse (una vez más) y traer al país el dinero de plástico.

Así, nacer, crecer, estudiar (para algunes), trabajar y morir se convirtió en el ideal que la derecha implantó para nosotres. Y todo eso sin reclamar, obvio. Es precisamente para que nadie lo cuestione que nos necesitan ignorantes, sumises y callades, por lo que año tras año la derecha fascista mata la educación pública. Y no se avergüenza en decirlo: la calidad en la enseñanza es solo para elles, para sus hijes que, con los años, se convertirán en gerentes y ministres que deberán perpetuar el statu quo de nuestros tiempos. Hoy, quien encabeza y se esfuerza en aumentar la brecha entre la educación privada y pública es la misma que salía en la franja del Sí. La vergonzosa, la displicente.

La organización colectiva con objetivos en común, la sindicalización, las organizaciones comunitarias, estudiantiles, barriales y vecinales son las maneras en las que alcanzaremos el bien social, siempre con una perspectiva de género. Ese bienestar solo puede ser obtenido si luchamos a la par, como lo hicieron nuestras madres y padres diciendo NO más dictadura, las y los pingüinos en el 2006, las y los universitarios el 2011, las tomas en las poblaciones y actualmente el movimiento feminista. Es a través de la unión popular, de salir a la calle y de utilizar nuestro territorio, que vamos a avanzar hacia una sociedad más igualitaria, pluralista, transversal y justa -o sea, feminista- sin temor a reclamar lo que nos pertenece, confiando en la persona que tengo al lado y anteponiendo el bien común a la individualidad.

En Nuestra Cruzada creemos firmemente en la articulación colectiva como medio para lograr que la calle y la galería sean feministas. Quizás no vivimos en tiempos de dictadura, pero a través del relato de las y los nuestros entendemos que la organización comunitaria es la vía para que nunca más nos aniquilen los carroñeros que nos quitaron el sueño de llegar al socialismo de manera democrática. Por las de ayer, hoy y mañana, nos organizaremos y combatiremos para luchar y crear el poder feminista popular.

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