Queremos que vuelva la familia al estadio

Jorge Salvador
Asociación de Hinchas Azules

Pocas frases se han repetido tanto por nuestras autoridades sobre lo que se diagnostica como un problema en el fútbol: la violencia y esta misma emparentada a la supuesta desaparición de la familia dentro de los recintos deportivos. Sin ir más lejos, el año 2011 Sebastián Piñera declaró la necesidad de “recuperar los estadios como lugar de sana recreación y esparcimiento para las familias y los verdaderos hinchas del fútbol”. Aquel “distinguido caballero”, además de presidir nuestro país, también lo hizo en una sociedad anónima dejándonos un terrible legado: Plan Estadio Seguro.

El pasado 10 de agosto, en el partido que animó la U contra Deportes Antofagasta, grupos de hinchas organizados llevaron algunos simbólicos presentes a niños y niñas que concurrieron en buen número a la galería sur del Estadio Nacional. Sin embargo, todo se vio empañado por lo que acostumbramos quienes regularmente asistimos a la galería: controles vejatorios, trato deshumanizado y fuerza desmedida de Carabineros. Además, este mismo hecho nos prohibió para nuestro siguiente partido de local el ingreso de nuestros instrumentos y banderas que tantos y tantas esperábamos en miras a un nuevo clásico universitario.

Estadio Seguro no solamente nos ha despojado de lo que vivimos como folklore, nuestra particularidad en Sudamérica de ir a la cancha a cantar, sino también de poder ingresar a los estadios por no cumplir normas arbitrarias. La mayor parte de los aparatos jurídicos de restricción al ingreso, es decir, el derecho de admisión, representan solamente faltas mínimas, muchas de estas ridículas como un centímetro más de bandera. Otras concesionarias han optado por aplicarlo sin asco por persecución política a opositores declarados de las S.A.

Durante el primer gobierno de Piñera se registraron los peores índices de asistencia de público al torneo nacional. También vivimos por primera vez las imágenes ridículas de policías despojando de cartulinas a personas comunes y corrientes o retirando a la histórica “bandita” de magallanes, por nombrar algunos ejemplos. Tal fue el ridículo que debieron retroceder, ahora autorizando según el antojo de las intendencias, mejorando con ello significativamente los índices de asistencia, parte de los responsables de esta alza en la gente de la U.

Este modelo ha parecido agradar fuera de Chile. Recientemente, la Conmebol ha atisbado la implementación de medidas calcadas a lo que fue Estadio Seguro en sus inicios, aunque proyectando a futuro prohibir espectadores de pie. Aún tenemos clubes en nuestro continente como Corinthians, equipo cuya máxima autoridad emitió una carta de protesta señalando que se trataban de medidas provenientes de “burócratas del fútbol latinoamericano, que actúan como si el hincha fuera un estorbo y no la razón de ser del espectáculo”.

También es cierto que la violencia es una dimensión de la sociedad en la que todos y todas participamos; no existe grupo humano sin violencias ni grupo humano violento per se. Existe algo de lo que debemos hacernos cargo respecto a lo que conlleva una barra, no lo negamos, pero lo que ellos llaman la vuelta de la familia al estadio es hacer de nosotros y nosotras un comercial porque la familia ya va al estadio, solo que no la que ellos quieren.

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