Las sombras y soles, el capital y la red

Colectivo Fútbol y Resistencias

¿Has disfrutado con ese sonido particular que proviene del gol? No me refiero a las vibraciones que nos regala el toque entre el pie y el balón al momento de iniciar su carrera ni tampoco al roce del guante de quien vive para que nunca entre la bola en su pórtico. Me refiero al contacto entre la pelota y la malla del arco, aquella irrompible red que hace descansar la ansiedad, transformándola en alegría para unxs y la tristeza en otrxs.

Y es que esa red no sólo simboliza –o podría simbolizar- el fin de la trayectoria del esférico o el alza de las acciones en la Bolsa para un determinado empresario o equipo, sino que su estructura –nudos con nudos- nos hace detenernos para examinarla, mirarla y entenderla como lo que es: una complejidad de hilos y nudos con un objetivo. Si la red no presentase esos nudos que unen hebras con otras hebras –o sea, si estuviese rota-, la pelota pasaría sin detenerse, no logrando el fin último.

Venimos cerrando un ciclo de conversatorios llamado “Fútbol, sus soles y sombras” en Santiago, Valparaíso y Concepción, con el pretexto de juntarnos a conversar, encontrarnos y reconocernos como parte de este entramado, desde la denuncia de las diversas sombras que genera la práctica futbolera. Y no fue fácil. No siempre nos damos el tiempo, ni tampoco siempre es grato disponerse a “criticar” la actividad que genera tanta pasión, mas era –y sigue siendo- necesario a modo de desnudar y desnudarnos como futboleros y futboleras en trincheras de resistencias, evidenciando las diversas cotidianidades a las cuales nos vemos enfrentadxs en los distintos “fútboles” en cada territorio.

En ese transitar, se armaron pases y paredes que fueron detonando distintas jugadas: cada territorio se diferenció de las temáticas compartidas y en los tres espacios se evidenció la necesidad de la “red”.

Las jugadas de los territorios

Los intereses son diversos. Si los pusiéramos en una pizarra para determinar la estrategia del juego, ésta se vería como una maraña de líneas cruzadas unas con otras. Cada jugada dialoga e interactúa entre sí. Así fue como en Santiago la temática central abordada fue el género, con la tensión puesta en los pases que se dan desde ser mujer y/o jugar desde la diversidad combinado con pequeños pases sobre extractivismo y la formación de jugadores. En Valparaíso fueron los cerros los que dieron vida al espacio, con toques de evidencia respecto a la violencia de género y los roles de los medios. Por su parte, en Concepción las realidades comunitarias –fútbol femenino y masculino- y las banderas de las resistencias de los clubes profesionales de región –Deportes Concepción- se llevaron la pelota al centro. A pesar de los matices, hubo cuatro jugadas/posiciones que se repitieron en los tres estadios: pases anticapitalistas, centros antipatriarcales, dribling de resistencias y rebeldías, y paredes –no cabe otra jugada- de encuentro entre quienes componemos el fútbol.

La Red

En todas aquellas jugadas volvió la necesidad de armar la Red. Sin Red no hay arco. Sin Red no hay cancha. Esa Red, en definitiva, pasa a ser la interacción entre quienes componen esta gran cancha llamada fútbol. Y esta, para ser fructífera y generar riesgo de gol, tiene que realizarse desde la horizontalidad y la no jerarquía –entendiéndola  como la no imposición de unxs sobre otrxs-. Esta tarea no es simple, toda vez que nos quedan camisetas pesadas en los hombros con los valores del neoliberalismo que nos quiere divididxs y no juntxs en estas jugadas, pero hay luces y voces que van caminando hacia ese encuentro. Conocer otras realidades, ver a quienes practican resistencias comunitarias en las canchas profesionales y de barrio, reconocer las iniciativas de educación popular que se dan bajo distintos colores de banderas, son parte de este entramado que, tal como la Red, mientras se haga entre pares, con objetivos comunes, sin egos entremedio –jerarquía-, puede lograr esa fortaleza para que la máquina capitalista deje de hacernos goles y comencemos a acercarnos al arco.

Lo bonito de esto, y acá volvemos a mirar a distintas resistencias -incluso las no futboleras-, es que cada territorio armará la jugada en base a esos principios, pero de manera distinta. Esto debido a quiénes componen el espacio y cómo se define ese espacio, dando pase a otra jugada: la “autonomía territorial”. Las y los hermanos zapatistas nos dan luces de esta búsqueda. Mientras el fútbol del capital busca homogeneizarnos en una sola identidad y luego dividirnos fin de semana tras fin de semana, la necesidad de crear “un mundo donde quepan muchos mundos” pareciera ser ese objetivo de la Red que nos puede dar la fuerza para construir algo fuera de quienes hoy, pareciera, tienen la pelota.

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