Desde Chiloé: las luchas y campeonatos de José ‘Pancora’ Velásquez

José “Pancora” Velásquez. Créditos de fotos: María Francisca Torres.

José “Pancora” Velásquez se ve tranquilo, incluso sonriente. Acaba de terminar la jornada de entrenamiento de boxeo en el gimnasio del Estadio Nacional bajo las instrucciones de Israel Nahual y Martín Vargas. Viajar desde Quellón a Santiago para entrenar y prepararse de la mejor manera para su próxima pelea no ha sido fácil, pero lo ve como un paso necesario en su carrera. Sus objetivos son claros: llegar al título mundial. “Vamos a ganar esta pelea, vamos a ranquearnos y vamos a ir a buscar el título mundial al tiro”, dice con voz suave y relajada, la de alguien que sabe y confía en que alcanzará lo propuesto. Le han ofrecido peleas titulares un par de veces, pero no ha habido acuerdos en las negociaciones con las promotoras, parte muy -quizá demasiado- importante a la hora de hablar de boxeo. A veces siente que pelea, además de contra sus rivales, es contra el tiempo: cumplió 30 años el 21 de junio, una edad algo avanzada en la mayoría de los deportes modernos, pero cree que le quedan oportunidades y, lo más importante, ganas.

Su próxima pelea, el 5 de julio en el Teatro Caupolicán, será contra el boliviano Ramón Averanga por el título interino latino OMB. El paceño tiene un récord de 9-0 en el boxeo profesional y se coronó campeón latino CMB tras vencer al argentino Sergio Maza en Iquique en diciembre del año pasado. Pelear contra Averanga en julio no era la planificación inicial: el Pancora tenía presupuestado un combate contra el mexicano Antonio Tostado García, primero en abril y luego en mayo, pero ésta se fue aplazando por una lesión de la que ya se encuentra completamente sano. “La última pelea la hice lesionado”, dice sobre su victoria en decisión dividida contra el peruano César Paredes, a fines de diciembre pasado. Sabe que este es su año, se lo dijo a su gente: el año del despegue, del título, de las peleas internacionales, y para eso sabe que debe hacer lo suyo, lo del Pancora: “quiero salir a buscar el nocaut como siempre. Todo Chile me conoce, voy a buscar siempre las peleas por nocaut”. Esa es su impronta: ser frontal, aguerrido, valiente. Un fajador. “No me importa recibir golpes si eso me sirve para meter presión”, explica. 

Parte de los entrenamientos con “el profe Israel y el profe Martín” tienen que ver con ordenar más la pelea y pensar más las cosas, porque esa inteligencia, a su juicio, es clave para buscar logros internacionales. Ese ordenar se ve en el entrenamiento, donde recibe instrucciones mientras mira fijo a alguno de los profes. Mientras ellos dan las indicaciones, el Pancora asiente en silencio, se limpia el sudor de los ojos y sigue entrenando.

(De izquierda a derecha). José “Pancora” Velásquez, Martín Vargas, Israel Nahual. Entrenamiento en el gimnasio del Estadio Nacional.

DIFICULTADES

La dificultad ha sido una de las compañías más cercanas que ha tenido Velásquez a lo largo de su carrera. No por los cambios de rivales o lesiones que ha sufrido últimamente. Estas son, quizá, menos importantes que otras vividas anteriormente. El Pancora comenzó oficialmente a boxear en su natal Quellón a los 13 años, aunque desde antes le sacaba un par de guantes a su tío para organizar peleas con los vecinos de su barrio. Cuenta José que había buena aceptación de quienes vivían cerca de su casa para participar en esos combates porque “éramos todos peleadores ahí”. Años felices, tranquilos, en los que recuerda con especial cariño los días de trabajo en el campo con parte de su familia. Pero fue a esa misma edad en la que uno de sus amigos del colegio lo invitó a una sede del sindicato de pescadores donde pudo comenzar a practicar, dando sus primeros pasos para convertirse en el Pancora de hoy. Su rostro, ampliando un poco más la tenue sonrisa que lo caracteriza, parece viajar al pasado al recordar aquella humilde sede que hoy es un taller de soldadura. 

Esos comienzos fueron duros, recuerda José. Talento había: era campeón y seleccionado nacional, lo que faltaba era la oportunidad de pelear y soporte. “No había apoyo del municipio en esos años. Cuando debuté, peleé una vez, después pasó un año y no peleé más. Al año siguiente combatí dos veces y así. En ese tiempo el boxeo estaba muerto, así que en Chiloé era mucho peor”. Su debut como profesional llegó años después, en 2013 y, como la gran mayoría de los peleadores, tuvo que compatibilizar el deporte con el trabajo. Ocho a diez horas de trabajo en una fábrica en la que reparaban redes para las salmoneras. No era un trabajo pesado, dice, pero debía cumplir con los horarios y, cuando se acercaban los combates, su energía bajaba porque la dieta, estricta como la de todo boxeador, era imprescindible para hacer la categoría. “El que es boxeador sabe lo que es trabajar y andar haciendo la dieta”, acota tajantemente José. En ese tiempo, entrenaba con Antonio Manquecoy, quien le dio la oportunidad de ser profesional y le organizaba las peleas. Ese mismo año peleó contra Liner Huamán en el gimnasio del Club México. Le avisaron con muy poca antelación. No obstante, y sin dudarlo, tomó la pelea, pese a que, además de haber tenido solo siete días para prepararse, no había entrenado en un mes. “Esa pelea la tomé para salir en el canal CDO. En ese tiempo, para mí era algo grande salir en la tele y que me viera mi gente”. El combate terminó empatado, pese a que Huamán tenía más entrenamiento y experiencia. Y así, como esa pelea contra Liner en Santiago, ha sido su carrera. “Empecé a pelear con rivales así al tiro, después peleé con el Aguja el título de Chile. Yo tenía alrededor de, si no me equivoco, ocho peleas y él tenía 19, algo así”. 

Pasado un tiempo, José se vio obligado a dejar el trabajo con horarios para comenzar a “buscar pega de soldador, changuitas por ahí para trabajar a mi ritmo y entrenar más”. Más de alguna vez pensó en el retiro, pero hoy, por suerte, sigue aquí. Ahí, dice, jugó un papel fundamental su esposa María José, a quien conoció hace siete años y lo ayudó a organizar eventos: “hemos juntado lucas, hemos sacado, bueno, muchas cosas adelante en conjunto”. Ahora, gracias al apoyo del municipio y de empresas puertomontinas, puede vivir 100% del boxeo, y eso se ve. Lo notó, aunque a estas alturas sobra decirlo, el brasileño Antonio Paulo Soares, prospecto brasileño que fue noqueado por el Pancora en Brasil en su pelea por el título AMB Fedebol en julio de 2017. Lo llevaron como rival ganable. Soares, que estaba invicto hasta esa pelea, buscaba un rival y título internacional para despegar. El Pancora fue su primer y último rival extranjero.

CHILOÉ

Hace dos años, José dejó de hacer cualquier tipo de trabajo que no fuera boxeo. Desde ahí que suma 16 victorias consecutivas. La diferencia es mucha si se compara con la etapa anterior: entre 2013 y mediados de 2016, obtuvo ocho victorias, seis derrotas y dos empates. Ese récord, que en primera impresión se ve negativo, es bastante engañoso, algo que José se encarga de dejar en claro. Todos sus rivales en aquellos tiempos eran de mayor experiencia, y sus derrotas fueron “todas por puntos”, dice. 

Hoy, su vida es el boxeo, pero también su natal Quellón y su gente. Un “mi gente” que le brota natural, porque su gente es también Quellón. Son sus vecinos, es su familia, son todos aquellos que ven en él a un ejemplo de superación. José constantemente habla de “mi gente” para referirse a aquellos que le dan fuerza o que lo motiva, y aunque su voz no cambia al referirse a ellos, los ojos le relampaguean, y en esa mirada se ven también los ojos de su pueblo

José entrena en dos jornadas, mañana y tarde, lo que le permite compatibilizar con su familia y con clases de boxeo en la comuna: “hace dos años que trabajo en lo que me gusta que es enseñar, darles consejos a ciertos muchachos, organizo eventos para que suban el nivel, tengo niñas que tienen muchas condiciones, niños chicos y eso me gusta. Me gusta estar ligado a eso”. Allá entrena “con mi hermano Pedro y con los muchachos que son de mi corral, con ellos trabajo en el mismo grupo donde yo entreno como profesional”. También realiza un taller de boxeo con niños auspiciado por el municipio de Quellón. Chiloé es su vida: “Chiloé significa todo para mí, tengo muchos recuerdos bonitos de mi infancia, de mi gente… somos aislados, pero ahí le ponemos garra. Lo demostré en Brasil”. 

Vivir y boxear en Chiloé no es fácil. Constantemente debe viajar a Santiago, pues “hay más oportunidades para mostrarse, ya que allá cuesta mucho organizar peleas”. Pero no solo es la organización de sus combates lo que complica. Para recuperarse de su última lesión debió viajar a Santiago a tratarse en una reconocida clínica deportiva. “Allá (Chiloé) no hay clínicas como acá en Santiago, no hay buenos especialistas que te puedan tratar, la cosa es más lenta, aquí está todo”. Pero aún así, sabiendo todas las limitaciones que impone un país tan centralizado, el Pancora no baja los brazos. Uno de sus sueños es poder entrenar en su isla con su gente, tener un buen equipo y hacer sparrings allá, pero para eso falta bastante. Hay carencias, y estas deben ser, a su juicio, superadas con apoyo de todas las partes. “Apoyar más que nada, que la gente crea en lo que tú haces”, y este apoyo debe estar presente siempre. El apoyo, en sus palabras, debe ser algo constante. El deportista, explica Velásquez, invierte en muchos aspectos que el público general no considera, como la recuperación o dietas. Cosas necesarias que, al no otorgar la posibilidad de vender, no se muestran. “No sirve que te apoyen solamente cuando vas a salir en la televisión para una pelea y que metan su logo y te den unas lucas, eso no sirve”.

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