La paternidad abortada

Actualmente, en Chile una mujer puede interrumpir su embarazo bajo tres causales específicas, las que van más allá de su voluntad de desear ser madre o no. Por otra parte, tenemos la opción del aborto libre, que plantea que el derecho de decidir interrumpir la gestación debe ser de nadie más que de la mujer y no estar sujeto a condiciones. Ahora, ¿qué pasa cuando es el hombre quien no quiere ser padre?

El llamado “aborto masculino” da cuenta de la decisión de un hombre de no querer hacerse cargo de sus hijos o hijas. Un tema que, en la víspera del Día del Padre, nos hace recordar la demanda de paternidad que hace unos meses conocimos en contra de un jugador de Universidad Católica. Si bien es un tema que no se esclareció públicamente, se nos hace inevitable relacionarlo con una realidad vivida por miles de familias chilenas. Sin ir más lejos, en el 2016, un 8,7% de los nacimientos registrados no contaron con los antecedentes de los padres, lo que se traduce en aproximadamente 55 nacimientos diarios sin paternidad reconocida. Ahora, no podemos decir que necesariamente ese 8,7% de los progenitores decidieron no ser padres –por ejemplo, pueden ser nacimientos de una inseminación artificial–, pero esta cifra no deja de evidenciar una histórica realidad chilena: la paternidad no reconocida, el abandono.

A estos padres no comparecientes se suman también aquellos hombres que, teniendo hijos reconocidos, no se hacen cargo de forma responsable de su paternidad. A pesar de que existan mecanismos para responsabilizar a los padres ausentes, como la exigencia de pensión de alimentos, es todavía factible para un hombre desentenderse de un hijo o hija bajo cualquier causal, pues la paternidad va más allá de pagar mensualmente un mínimo de subsistencia. La figura del papito corazón no existe solamente en el imaginario colectivo, es una realidad. Así como también lo es el aborto masculino.

Vivimos en un país que obliga a las mujeres a ser madres, pero no asegura que el niño tendrá padre ni tampoco promueve políticas públicas que aseguren una paternidad activa (el postnatal masculino no es igualitario). Finalmente, la responsabilidad obligatoria siempre recaerá en la madre que gesta, alimenta y cuida.

Un hombre puede elegir no querer ser padre y pagar una compensación económica que lo valide. Pues entonces, las mujeres exigimos tener el mismo derecho a llevar adelante la maternidad, a elegir que esta sea deseada.

PD: Papitos corazón, pagar la pensión no es ser padre.

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