¿Día de la madre o del trabajo no remunerado?

Nuestra Cruzada

Sabemos que nada en esta vida es blanco o negro, sin embargo nos parece importantísimo hacer una relación entre el trabajo no remunerado y la celebración comercial del Día de la Madre.

El trabajo no remunerado es aquel que no considera pago -que puede ser monetario- a cambio de una labor. Dentro de éstas, podemos reconocer limpiar, cocinar, cuidar niñes y/o adultos mayores, entre otras actividades del día a día que en su mayoría son realizadas por las mujeres. Según los resultados del informe “La dimensión personal del tiempo” (ENUT, 2015), las mujeres realizan 5,8 horas de trabajo no remunerado en un día tipo, mientras que los hombres dedican a esto sólo 2,59 horas para el mismo período.

Este tipo de trabajo ha sido romantizado, lo que ha sido nocivo porque naturaliza el mal llamado “amor de madre”: llegar luego del trabajo a preparar comida fresquita para les hijes, levantarse de madrugada para preparar desayuno para la familia, dejar de dormir por cuidar a les hijes con problemas de salud, y así con un sinfín de quehaceres del hogar. Con esta normalización cae de cajón entonces el que, en este día comercial dedicado a la madre, nos llenemos de publicidad con “ofertones” y descuentos ofreciendo productos para limpiar la casa, lavadoras, refrigeradores, utensilios de cocina, ente otros, además de productos que reproducen el estereotipo de la femineidad.

El tema central pasa a ser el cómo desde los medios de comunicación, la publicidad y el comercio, se perpetúa que el rol de las mujeres es “naturalmente” el de dueñas de casa y cuidadores. Tanto así que incluso en las nuevas generaciones, en las que las mujeres se han insertado en el ámbito laboral remunerado, se habla de “mujeres que salen a trabajar”. Salen. ¿Salen de sus casas? ¿Salen de donde les corresponde? El lenguaje crea realidades, y además las categoriza. Así como se habla de que el hombre “ayuda” en la casa, el que se diga que las mujeres “salen” a trabajar considera un lugar fijo desde el cuál ojalá nunca debieran moverse y solo por valentía o necesidad se atreven a hacerlo.

Para poder lograr que la sociedad sea cada vez más igualitaria en términos de oportunidades, derechos y deberes, debemos empezar a cuestionarnos lo que hacemos, decimos y hasta lo que pensamos. Debemos terminar con la negación de la condición de trabajo al trabajo no remunerado, pues esta es una reivindicación necesaria para millones de mujeres cuyo trabajo ha sido invisibilizado y hasta ninguneado. Y no se trata solamente de reconocer o validar que existe esta desigualdad, sino que se trata de que estos quehaceres y esfuerzo diario que realizan en su mayoría las mujeres tienen que ser reconocidos y analizados. El ideal sería llegar al punto en que de una vez por todas este tipo de labor sea objeto de políticas públicas que conlleven al ofrecimiento de servicios y protección social que promuevan la distribución equitativa del trabajo de cuidado y doméstico entre las mujeres y los hombres.

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