Patriarcado, sociedades anónimas y fútbol

Por Carolina Cabello
Socióloga, integrante del Centro de Estudios Socioculturales del Deporte, del Movimiento 15 Agosto y socia de la Corporación Wanderers.

La llegada de las Sociedades Anónimas Deportivas al fútbol chileno fue parte de un proceso que implicó la privatización de todo lo social: salud, educación, vivienda, pensiones, y si bien el fútbol no se logró privatizar derechamente en dictadura, sí fue un proceso que comenzó a nivel nacional durante ésta, y a nivel internacional empezó con el ascenso de João Havelange como presidente de la FIFA en el año 1974.

La promulgación de la ley de sociedades anónimas en mayo del 2005 inició un proceso de privatización que llevó al futbol a “desportivizarse”, en donde se alejaron los valores clásicos del fútbol con los que habíamos crecido. Así empezaron a predominar los valores del neoliberalismo, redefiniendo la autonomía del sujeto en cuanto a su poder de consumo y no a su poder de participación. Aquí  aparece también la idea del deporte para todos los que pueden consumir deporte. En ese sentido, las SA llegaron a abrir una estructura en donde se podría hacer más participativo al fútbol profesional pero desde el punto de vista del consumidor: participativo mientras tu tengas la posibilidad de consumir.

En cuanto a la reproducción del modelo socioeconómico imperante, se ha sustentado en el sistema patriarcal que subsume y oprime a la mujer y que la deriva en una condición de inferioridad en el mundo privado, mientras que el hombre pertenece al mundo público. Pero para que el mundo público, el sistema social y la economía funcionen, necesitamos también del trabajo doméstico, del trabajo del mundo privado. Ahora, en el deporte de consumo tanto hombres como mujeres pueden participar, pero esa participación no lleva a un cuestionamiento sobre las estructuras opresoras que tenemos las mujeres. Entonces no es una cuestión de participar por participar, sino que nos podamos cuestionar la estructura y la cultura tras las prácticas y los movimientos que vamos desarrollando como mujeres.

El fútbol chileno se ha construido como un espacio masculinizado, cargado de discriminaciones de género a lo largo de la historia desde que la FIFA lo prohibió a nivel mundial. Esa prohibición estuvo vigente hasta fines de los años 60 para luego comenzar a ser más promovido con la llegada de Havelange. Sin embargo, él entendía que las mujeres eran un agente de consumo más en el fútbol de mercado o mercantilizado. Él declaró alguna vez que las mujeres sí podíamos participar y que para eso podían vender short o camisetas más ajustadas, reproduciendo con ese discurso estereotipos de género, donde el cuerpo es un objeto de deseo y no un cuerpo en acción. Si bien dicha prohibición se levantó en Latinoamérica, no hubo políticas que incentivaran la participación de las mujeres en fútbol. De hecho, en el año 1991 se jugó la primera Copa América y el primer campeonato mundial de fútbol, pero no se obligó a los clubes a tener divisiones femeninas hasta el año pasado.

Podemos hablar de un cambio estructural que, creo, es gracias al movimiento feminista y al movimiento de las mujeres en el fútbol a nivel latinoamericano. Le hemos explicado al mundo que las mujeres sí podemos jugar a la pelota, sí podemos ser femeninas aunque sudemos y si no somos femininas, no importa, porque el cuerpo es nuestro y podemos hacer lo que queramos para sentirnos libres en una sociedad que apostamos a que sea igualitaria.

Ahora, si bien la estructura se adapta y la participación aumenta, eso no es suficiente para cambiar la cultura machista en torno al fútbol. Por eso tenemos a una Paula Navarro que no puede dirigir un club masculino sin importar toda su experiencia o clubes que tienen divisiones femeninas que utilizan los baños o camisetas de los hombres, con falta de infraestructura, sin cuerpos médicos, equipos técnico, sin acompañamiento y una infinidad de desigualdades en la cultura y en la práctica diaria.

A nivel de la orgánica de las SA, hay algunas que están incorporando a mujeres en su directorio, como Santiago Wanderers, donde este año por primera vez la sociedad anónima nombra directora a una mujer, a Lorena Medel. Todos los diarios pusieron que era la primera mujer en el directorio de Wanderers en la historia. En realidad, hemos pasado muchas mujeres, pero los medios dicen que es la primera y aprovechan de invisibilizar la historia de la participación femenina. Pero Medel viene con un discurso liberal. Hay que tener mucho cuidado con la participación femenina con enfoque liberal, porque es tibio, insuficiente y en el fondo es una estrategia de cooptación de la derecha que, a través de la participación femenina dice que estamos avanzando en los derechos y en la visibilización de las mujeres, pero en realidad no es feminismo, no es una mejor visibilización, no es una mejora en el desarrollo de las mujeres en comparación a los hombres porque en el fondo no busca la emancipación de las mujeres de los roles de género, sino que busca mantenerlos.
Lorena Medel ha comentado en la prensa que llegó al directorio de Wanderers para generar “buena onda”, o manifestado que si las mujeres no participamos del fútbol no era porque los hombres no nos dejaran, sino porque nos faltaba interés. Ese tipo de comentarios reproducen estereotipos de género, porque en realidad la lucha feminista y la lucha de las mujeres es subvertir, es atacar al patriarcado. Entonces, se aprovechan de la lucha de las mujeres por la participación y representación en todos los espacios, pero siguen una agenda de la derecha y en ese sentido vuelvo a tomar la reflexión sobre la relación entre neoliberalismo, el patriarcado y cómo la lucha de clases aporta a ese combate. No necesariamente vamos a tener un avance los derechos e igualdad de las mujeres con una mujer representante de las SA. Ese es el gran desafío del fútbol femenino en chile. Es necesario tensionar a las SA a que se pueda trabajar en enfoques de géneros reales, que podamos cuestionarnos y tener estrategias de propuestas para subvertir los roles, para subvertir el sistema simbólico y de orden que hoy domina en el fútbol chileno.

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