La U le quedó grande a Azul Azul

Jorge Salvador – Isaac Maldonado
Colaboradores Asamblea de Hinchas Azules

El pasado tres de mayo, el nuevo presidente de la concesionaria Azul Azul S.A, José Luis Navarrete, apareció en un programa de televisión por cable declarando que él quería hinchas en el estadio y no delincuentes, aludiendo a las “barras bravas”. Días después la U sumó una nueva y dolorosa derrota que la mantiene inapelablemente como colista absoluta, quedando así sumida en un escenario catastrófico en lo deportivo del cual ya no parecieran encontrarse salidas.

Por supuesto que la catástrofe en la cancha no es casualidad ni algo nuevo. Los malos momentos deportivos (más conocidos como “las malas”) son parte de nuestra historia en cierto sentido, y la hinchada así lo siente muchas veces. Particularmente en nuestra U que históricamente se ha construido bajo ese discurso de fidelidad, pero ¿qué tiene que ver la gente con el mal momento de la U? La respuesta es simple: NADA.

Cuando hace más de una década quebró la CORFUCH, se nos dijo a nosotras y nosotros -“los delincuentes”- que las Sociedades Anónimas salvarían al fútbol chileno, que lo volverían profesional, que le entregarían la seriedad que antes no tenía, e incluso ¡mejor aún!, que sanearían a los clubes y ex caudillos de sus irresponsables deudas. Hoy es el pueblo azul quien debe ver con impotencia cómo nos mintieron, cómo realizaron exactamente lo contrario: cómo consiguieron la destrucción y manipulación arbitraria de los valores, los colores, la insignia y todo lo que rodea al Club de Fútbol Universidad de Chile.

Hoy en día, la U es una sombra de lo que un día fue. Azul Azul S.A. ha errado en cada decisión tomada, en más de la mitad de las inversiones realizadas. Simplemente no existe un aspecto en que no se les pueda recriminar: juveniles, inversión, proyecto deportivo, proyecto deportivo femenino, filiales en regiones, etc.

Les proponemos un ejercicio súper simple: métanse a las redes sociales de la U, vean sus comerciales, fíjense en la forma en que presentan jugadores o camisetas. Les aseguramos que les va a quedar la sensación de que existe un club, y que además está organizado en función de la fanaticada: mucha publicidad gráfica se asocia a la galería, a las bengalas, al aliento incesante e incondicional de las y los azules.

Pero usted que lee esto, no se quede con esa imagen: la U no somos sus hinchas. El club está actualmente está secuestrado por empresarios, el resto es verso. Cada día son más las voces desde la hinchada que se alzan contra la hipocresía de las sociedades anónimas que nos promocionan un sentimiento, una identidad y solo nos asegura malos tratos, ¡porque así es! No nos queda la cuenta de cuántas veces se nos revisó arbitrariamente, perdimos pertenencias, tuvimos prohibición de ingresar a estadios sin motivos de peso donde, para variar, Azul Azul tiene un abogado que se encarga de que así sea. Sr. Navarrete, ¿cómo puede tratarnos de delincuentes luego de cobrarnos al menos seis mil pesos para soportar todo lo anterior y luego usarnos para su foto? ¿En qué cabeza cabe? Solo nos refriega que nos ven como clientes, rol que tampoco respetan, por cierto.

Recientemente, dos exjugadores de la U en la época CORFUCH asumieron roles abocados a lo deportivo como consecuencia del escandaloso momento y la pésima conformación del plantel. Nuevamente son los ídolos quienes deben salir a poner la cara, mientras los empresarios sólo se esconden detrás de sus millones. Tanto Vargas como Goldberg, al presentar públicamente sus lineamientos, apelaron como pilar fundamental a recuperar la IDENTIDAD de la Universidad de Chile. Lamento decirles que su misión fracasará porque Azul Azul o una concesionaria, una sociedad anónima, una empresa o como quieran llamarla nunca podrá dotar a la U de los valores que nos identifican con ella. La falta de respeto a la historia por parte de los empresarios ha rayado en la esquizofrenia. ¿Recuerdan cuando introdujeron en un museo privado una camiseta falsa? ¿Recuerdan que Mario Conca robaba fichas de un casino? ¿Recuerdan cuando anunciaron con bombos y platillos un estadio?  ¿Por qué las mujeres que trabajan en su empresa ganan menos que los hombres? Sencillo de responder para nosotros y nosotras, pero tan difícil para ellos, porque esa es su identidad, esos son los valores con los que han ejemplificado desde que llegaron y con ello han ido dejándonos paulatinamente la sensación de que nuestro equipo no es el que amamos, que algo le falta. Ganas de volver a cantar “volveremos, volveremos, volveremos otra vez”.

Hoy más que nunca las y los hinchas hemos dado muestra de que la sociedad anónima debe de una vez por todas devolver la U a quienes pertenece, inclusive desde donde no lo imaginábamos: la prensa ya ha comenzado a dar muestras de que el problema de la U es Azul Azul. No le deseamos mal a los mencionados exjugadores, pero lamentamos que hayan decidido ayudar trabajando para ellos. Hoy nadie sobra y es nuestro deber recuperar lo que amamos. Esa es la incondicionalidad que nos caracteriza y que nunca tendrá Azul Azul, porque para ellos importa menos ver a la U desprovista de valores y destruida que las monedas que genera.

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