El deportista como trabajador explotado

El primero de mayo se conmemora el Día del Trabajador, no el día del trabajo, como se suele conocer. Un primero de mayo de 1886 en Chicago comenzaron las huelgas que pedían disminuir la jornada laboral a ocho horas y, luego de la revuelta de Haymarket tres días después, ocho sindicalistas fueron ejecutados luego de ser sometidos a juicios fraudulentos. Esos ocho son conocidos hoy como los mártires de Chicago, y son a quienes se les debe, en parte, la disminución de los tiempos diarios de trabajo a los actuales (no en Chile, donde la jornada semanal de 45 horas significa en la práctica que se trabajan nueve horas diarias sin contar el tiempo destinado para colación y traslado).

La tragedia de Chicago ocurrió hace más de 100 años, por lo tanto, el trabajo evolucionó como lo ha hecho también el resto de la sociedad. Las clases trabajadoras no son solo aquellas que son empleadas en fábricas o construcciones, sino que la diversificación de capitales ha llevado a la explotación laboral en muchos ámbitos, siendo uno de ellos el deporte. Si hace 130 años, la persona deportista era de clase alta y tenía el respaldo económico para sustentar el estilo de vida del deporte amateur, hoy el deporte como actividad profesional es un espacio en el que la o el trabajador, usualmente surgido de la clase proletaria, dispone de su fuerza de trabajo para sustentarse a sí mismo y a su familia, obteniendo cierta recompensa (en forma de salario) de quien recibe los beneficios de este trabajo, llámese dueño o dueña de equipo, organizador u organizadora de torneo, promotor, publicista u otro.

La danza de millones y la excesiva mediatización de las estrellas que están aparejadas al deporte actual nos hace parecer que los deportistas son parte de las clases dominantes o acomodadas, pero por cada deportista que tiene millones y que acapara portadas hay cientos o miles que sufren las consecuencias de un capitalismo desatado y que se alimenta de las vidas de muchos y muchas. Las estrellas son, en parte, el alimento de ese sueño que luego es depredado.

Desde este espacio, hemos intentado hablar, entre otras cosas, sobre el rol del trabajador del deporte. De cómo varias de las luchas laborales que vemos día a día también se ven reflejadas en el deporte. Por ejemplo, los problemas de pensiones que han sufrido muchos futbolistas históricos y que hoy, luego de que sus empleadores no hayan pagado las cotizaciones pertinentes, vivan con jubilaciones menores a cien mil pesos. Es un ejemplo más de que el deportista -en este caso, el futbolista- le sirve al conglomerado empresarial solo en su función de generador y movilizador de capitales.

Nos hemos contactado con muchas organizaciones de clubes que sienten también que el rol de la persona trabajadora no se respeta. Por ejemplo, cuando el Movimiento Quince de Agosto, relacionado a Santiago Wanderers, llamó a los y las hinchas a eliminar el estampado del auspiciador TPS de las camisetas del club. Esto luego del conflicto que se inició desde la empresa portuaria y que tuvo a los trabajadores en huelga durante más de un mes. En este caso, la maquinaria económica, la misma que hoy controla al deporte, se puso del lado contrario al trabajador, y los clubes, hoy una empresa más, se ven arrastrados a ser enemigos del propio pueblo que los hizo nacer y que se siente parte de ellos.

Los problemas de género que viven las mujeres día a día en ambientes laborales no son algo lejano al deporte. De esto pueden dar fe muchas deportistas que ven la brecha salarial aumentada en cada una de sus disciplinas. Christiane Endler, portera titular del Paris Saint-Germain femenino, ganaba dos mil euros mensuales en 2017 (un millón quinientos mil pesos chilenos, aproximadamente), una cifra 1500 veces menor al sueldo que recibía Neymar -delantero de la rama masculina- en ese mismo año. Lo mismo ocurre con los premios en dinero en torneos de tenis masculinos y femeninos o con las bolsas de premios y derechos televisivos en boxeo masculino y femenino, así como muchos otros casos.

Las mujeres en el deporte tampoco tienen un espacio de trabajo igualitario donde desenvolverse. Uno de los casos críticos en este sentido tuvo que ver con el caso de Deportes Antofagasta: mientras el club masculino viajaba al extranjero para disputar copas internacionales, las jugadoras del equipo femenino emitían un comunicado en el que solicitaban tener las prestaciones de salud básicas que merece cualquier trabajador; en el recuerdo queda el caso de Romina Guerra, quien debió costear de su bolsillo la cirugía y terapia que recibió para tratarse una lesión de ligamentos en una de sus rodillas.

También existen colectivos que buscan repolitizar la práctica del deporte, entendiendo que dicho proceso es importante para generar la conciencia de clase de los deportistas, con lo que estos mismos podrán también hacerse parte de las luchas laborales desde sus distintos espacios. Para las y los compañeros de Grada Roja, las dinámicas del deportista son las mismas que viven los trabajadores a diario, donde, pese a los montos ganados, son prácticamente parte del patrimonio de los dueños de sus clubes. Ellos ponen un punto importante sobre la mesa: la cantidad de dinero que moviliza el deporte hace más difícil a las y los deportistas hacerse conscientes de su condición. Más todavía en México, que es visto por el fútbol chileno como un paso importante para “asegurar su futuro”.

Entendemos que el sistema en el que nos desenvolvemos a diario minimiza -incluso niega- el valor del trabajo, reduciéndolo casi a la necesidad del esfuerzo que debe procurar tener una o un trabajador para ser objeto de cierto respeto; en una sociedad socialmente tan rígida como la latinoamericana, una o un trabajador casi siempre tendrá descendencia  trabajadora. El deporte no es ajeno a ello, pese a que algunos -muy pocos- deportistas puedan romper esa barrera. No obstante, lo importante es notar lo contrario, lo que nos niegan a menudo: que son, que somos parte de la clase trabajadora. Y como tal, pese a muchas diferencias, seguimos teniendo más caminos de unión en la lucha.

Pero antes, debemos darnos cuenta de ello.

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