No abandonamos, no rompimos el carné

Sebastián Díaz Pinto
Secretario Asociación Hinchas Azules (AHA)

Hoy sí que cuesta escribir para quienes amamos a la “U”. Nos duele en el corazón. Cobresal -y con un partido pendiente- triunfó en su partido vs. Universidad de Concepción. Por ello, y por diferencia de goles, nuestra “U” figura última en la tabla de posiciones del torneo nacional. Impensado hace unos meses, ¿no? Sin embargo, me pregunto, ¿vale la pena hacer un análisis de lo sucedido en San Carlos de Apoquindo? ¿Tiene algún sentido? La UC nos dio un baile y más aún, sin nuestra gente. El dominio fue abrumador; tuvo un 63,3% de la posesión, ganó el 53,7% de los duelos, tuvo 15 tiros de esquina, remató 20 veces al arco. En este último aspecto, la “U” solo lo hizo en seis ocasiones.

Ahora bien, no es novedad para nadie que la “U” atraviesa una de sus peores crisis desde la irrupción de Azul Azul SA. Por lo mismo, ¿desde qué lugar podemos hacer una lectura sobre esta debacle? ¿Será que la causa está en las innumerables falencias del modelo SADP? Enumeremos: la falta de un proyecto deportivo a largo plazo; la marginación de las y los hinchas como un actor válido en la toma de decisiones en torno al club; la política de contrataciones y los cuestionamientos a la gerencia técnica; la escasa proyección de las divisiones inferiores; el no sostener a los entrenadores y sus procesos; los autopréstamos de Carlos Heller para los aumentos de capital, entre otros. En fin, podría seguir, pero no. Solo he replicado un diagnóstico que está más que claro. No solo es mi lectura, sino que también la de, por ejemplo, exjugadores y exentrenadores que pasaron por la “U” en el último tiempo.

Es claro que lo exhibido por la “U” en lo que va de 2019 da cuenta de una crisis futbolística, pero seríamos ilusos e ilusas si pensamos que esta solo se entiende desde ese lugar. Existen otros factores que la explican. De cierta forma, esto no se arreglará ganando un par de partidos o bien un clásico. Como muestra, un dato: Universidad Católica hoy alineó en su once inicial a cinco jugadores formados en sus divisiones inferiores (más otros tres suplentes). En cambio, ¿qué hay de la “U”? Tres jugadores formados en casa como titulares, pero con la salvedad de que dos de ellos debutaron a raíz de las lesiones de quienes son titulares en sus posiciones. Por tanto, están recién mostrando sus condiciones para jugar en primera división. En la misma línea, su debut no fue parte de una política de proyección –como sí es el caso de Universidad Católica– sino que por urgencias propias del plantel profesional masculino. En ese sentido, una revisión del accionar de Azul Azul SA en el mediano plazo nos lleva a plantear dos grandes ejes por donde, de alguna manera, es posible establecer nuevas lecturas.

¿En dónde podemos evidenciar estos ejes? Un primero tiene que ver con construir un proyecto de club con un horizonte institucional e identitario claro, pensado en el largo plazo. En paralelo, surge el segundo eje, que se vincula con el rol de las y los hinchas. Urge generar canales de participación y de decisión para dicho estamento. La hinchada de la “U” está organizada. Es imposible imaginar un club con un cariz social sin incluir a las y los hinchas en su construcción. Para Azul Azul SA solo somos consumidores. No por nada más de la mitad de los ingresos de la concesionaria vienen de, precisamente, las y los hinchas. Hoy, el club es administrado por una persona y esa persona es quien toma las decisiones. Carlos Heller –aun fuera de la presidencia– conserva la mayoría en el directorio de la concesionaria y, por lo tanto, no tiene disenso alguno. Me pregunto, si hoy la hinchada quisiera manifestarse, ¿cuál es el canal para hacerlo? ¿La junta de accionistas? ¿No que la “U” somos todas y todos? Al menos, eso nos dice su estrategia de marketing en las redes sociales.

En esa dirección, los avances sobre el sobreseimiento de la quiebra de la Corfuch pueden significar una luz entre las sombras. Desde el lugar de las distintas organizaciones que bregan por la recuperación del club para sus hinchas, el horizonte es claro: queremos un club con participación. Democrático. Pluralista. Con elecciones transparentes. Sépanlo, nosotras y nosotros nunca abandonaremos lo que más amamos, juguemos en segunda o en tercera división. Eso jamás ha importado. No descansaremos hasta volver a ser libres y, cuando llegue ese día, en vez de tarjetas de abono, volveremos a usar nuestros carnés de socias y socios, que, como nuestro sentimiento, nunca rompimos.   

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