Vulneración y violencia: la negación de las mujeres en el fútbol

La revolución feminista no se detiene. Los avances que se han visto en términos de género están llegando a todos los espacios en los que los movimientos sociales tienen influencia. Y el fútbol no es la excepción. En Chile y en Argentina, este deporte ha tenido su propia revolución a nivel de jugadoras e hinchas.

En ese contexto, entrevistamos a Carolina Cabello, quien es socióloga especializada en temáticas deportivas, integrante de CESDE (Centro de Estudios Socioculturales del Deporte) y de la Red Chilena de Estudios Sociales del Deporte. Es parte del Movimiento 15 de Agosto, socia y ex directora de la Corporación Santiago Wanderers, y socia y jugadora de los clubes de su barrio (Juventud Cordillera y Cordillera Basketball). Analizamos la realidad del fútbol y del deporte a la luz de feminismo, conceptos que en su conjunto no reciben el trato que merecen.

¿Cómo es ser mujer en el fútbol?

Es enfrentarse a toda una estructura deportiva, represiva y reguladora que subsume a la mujer en sus diferentes ámbitos de acción. No sólo a nivel de barra, sino que en todos los ámbitos de acción y ejecución del fútbol. Por ejemplo, en la práctica del deporte -en las que quieren jugar a la pelota -o en la práctica dirigencial- aquellas que quieren dirigir, encauzar y politizar los clubes deportivos-. El fútbol es un espacio social que se ha construido históricamente de manera masculinizada, donde las figuras relacionadas son también masculinas: el deportista, el jugador, el técnico, el barra, el utilero; todos hombres que han sido los agentes de consolidación, reproducción, expansión e incluso narración del fútbol a lo largo de la historia.

¿A qué se enfrenta una mujer cuando va al estadio?

Las dificultades parten desde que entran al estadio, pues como hinchas tenemos que soportar que haya más guardias hombres que mujeres, por ejemplo. En contexto barra, eso se profundiza aún más, no sólo por los cánticos que muchas veces tienen contenido sexista o misógino, sino que también por la forma de relacionarse al interior de las barras, que se sustenta en la violencia y a la que se le hace un uso positivo: entre más violenta es, más aguante tiene. En esa lucha de violencia, las mujeres no tenemos un espacio para desarrollarnos libremente. Además, en el fútbol hay una negación de las mujeres como espectadoras; hay una vulneración y violencia simbólica en cuanto a la participación y a la repartición del poder entre hombres y mujeres.

¿Cuál es el diagnóstico que explica la necesidad de que existan colectivos feministas relacionados a los clubes de fútbol?

Entiendo al fútbol y al deporte como un elemento central de la cultura y, como tal, es protagonista de los procesos y de las luchas hegemónicas que ocurren en la sociedad. Algunos autores postulan que es un microcosmos, así, todo lo que pasa en la sociedad también sucede en el campo deportivo. Entonces, como el capitalismo y la lucha de clases moldean lo que ocurre en el deporte -con la mercantilización del fútbol, con el poder transnacional de la FIFA, con la llegada de las sociedades anónimas a Chile-, también lo hace el patriarcado.

¿Cómo se mueve el patriarcado en el fútbol?

Con toda esta estructura represiva y violenta. Si tenemos avances en nuestra sociedad en torno al feminismo, como la visibilización de la lucha en torno a la libertad de elección, en torno al aborto o sobre la corporalidad -que tiene mucho el deporte-; es también coherente que estas luchas o cuestionamientos lleguen también al fútbol. Y la necesidad de organizarse pasa porque vivimos día a día las violencias simbólicas y físicas que ocurren en un contexto de estadio y de fútbol. Darnos cuenta de que los problemas, a pesar de las diferencias de las camisetas, son los mismos en todos los clubes y que la única forma de dar vuelta el partido es uniéndonos, organizándonos entre mujeres y animándonos a pensar y soñar con un fútbol distinto.

¿Qué tenemos que hacer para avanzar hacia una hinchada y una sociedad no patriarcal?

Podemos cambiar la hinchada de Santiago Wanderers, por ejemplo, pero después van a aparecer otros ejemplos de hinchadas machistas y discriminatorias a lo largo de Chile. Es lo mismo que con el tema de la violencia, podemos trabajar el tema de la violencia y ser una barra súper pacífica, pero vamos a ir a otra comuna y nos van a golpear igual porque el fútbol está construido históricamente de manera violenta, y es lo mismo con la participación de las mujeres. Por eso el feminismo es tan revelador, es tan transformador y por eso remueve, molesta e incomoda: porque hay que cambiarlo todo. Si queremos cambiar y tener un fútbol sin patriarcado, tenemos que avanzar hacia la construcción de una sociedad sin patriarcado, y para eso hay que eliminar primero a un Estado que es patriarcal o reformar un Estado patriarcal con nuevas políticas deportivas y nuevas políticas públicas que abran espacios y generen desafíos para la incorporación justa, democrática e igualitaria de las mujeres.

Fútbol femenino

El avance del fútbol femenino no debe ser considerado como algo meramente deportivo. Tiene componentes políticos, sociales y contextuales -el patriarcado, por ejemplo- que explican los diferentes fenómenos que se han vivido históricamente o a los que nos enfrentamos en la actualidad.

¿Qué se debe hacer para potenciar el fútbol femenino?

Se tiene que potenciar el fútbol femenino si queremos construir una sociedad mucho más justa e igualitaria en cuanto a lo social. O sea, el deporte es parte de la cultura, de lo social, y socialmente hombres y mujeres deberíamos ser iguales. No deberían existir exclusiones estructurales contra las mujeres. ¿Por qué? Porque es justo, porque es lo mínimo que podemos exigir como seres humanos. Es parte de la humanidad, pero, ¿por qué no ocurre así? porque así lo ha querido una estructura patriarcal a lo largo de la historia.

Y, ¿cómo lo modificamos?

Yo creo que desde la macropolítica pero también desde la micropolítica. Desde la macropolítica, con una política nacional de actividad física y deporte, por ejemplo. Que no sea solo letra muerta el enfoque de género, sino que sea una realidad que se puedan escuchar las voces de las mujeres en los diferentes espacios deportivos y proponer estratégicamente una política pública que apunte a aumentar la participación de las mujeres fuera de la casa. Hoy, por lo demás, el deporte para la mujer se enfoca en consumir: en que pueda pagar por ir a corridas o al gimnasio.   

A nivel micropolítico, ir cambiando el sentido común, desde el meternos a las pichangas de los hombres que son espacios separatistas históricos o ir rompiendo tabúes y prejuicios en la familia, en los amigos, en las redes de contacto y decir que aunque lógicamente somos diferentes, también podemos pasarlo bien y disfrutar en torno a una pelota o en torno a ser hinchas o en torno a ser lo que sea cerca del mundo del fútbol y del deporte.

¿Cuál es tu evaluación del fútbol femenino hoy?

En Chile, el fútbol femenino actual es pura resistencia. En realidad es resistencia y estar en contra de un modelo que no está hecho para que las chiquillas puedan jugar a la pelota. A nivel mundial, la FIFA mantuvo una prohibición del desarrollo del fútbol femenino hasta 1974, cuando se comienza a practicar en Europa y Estados Unidos. La UEFA fue un avance en ese sentido, pero acá en Latinoamérica, la Conmebol recién organizó la primera Copa América después del Mundial de Fútbol de 1991, o sea, mucho tiempo después que los hombres, casi un siglo de diferencia entre el desarrollo del deporte masculino y femenino. A las chiquillas las podemos empezar a evaluar recién desde el 91 a la fecha, que son casi 30 años, y se comienzan a ver resultados. Las mismas que nacieron el 91 con esta apertura estructural son las que hoy día conforman una selección chilena que va por primera vez en la historia a un mundial.

¿Cómo ves este cambio cultural?

Cada vez son más mujeres las que practican fútbol en los barrios, en las canchas, en los clubes, y no solo a nivel nacional o profesional, sino que también a nivel local. De momento, es pura resistencia, pero también atacando para ir dando vuelta este partido que es desigual, pero en el que ya tenemos logros sumamente importantes, como la llegada al Mundial de Fútbol que va a ser transmitida por televisión y eso va a generar que existan nuevas espectadoras de fútbol femenino. Al existir nuevas espectadoras, también van a existir nuevas niñas que quieran practicar fútbol femenino, y así una seguidilla de cambios que tienen que ir dándose de manera cultural mientras vayamos cambiando nosotros como sociedad y como seres humanos, deconstruyéndonos y abriendo nuevas posibilidades para las mujeres.

Iona Rothfeld, ellas juegan.

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