La lucha nos une: los colectivos feministas que están transformando la barra

Marcha de 25 noviembre 2018 (crédito de foto: María Francisca Torres).

Partido del Conce. La barra, Los Lilas, alienta al equipo. Se les desgarra la garganta mientras cantan, pero una mujer los detiene. La Pulga, quien pertenece a la barra desde los 13 años, mira a sus compañeros y les exige que cambien la canción. “Siempre estoy ahí, alegando. De repente se les va de las manos lo que cantan porque es sexista y a veces homofóbico, pero la cambian rápidamente”. Es que la Pulga siempre está atenta, al igual que sus compañeras de la organización Las Felinas de Los Lilas. Ella lleva más de quince años en la barra y le ha tocado luchar por ganarse un espacio dentro del grupo. “De cabra chica quise generar un cambio dentro de la organización para que ya no nos indicaran como las putitas que van a la barra, porque así era”, acota.

Las Felinas.

Los cantos sexistas son sólo una parte de lo que le toca vivir una mujer cuando va al estadio. “Nos enfrentamos también a toda una estructura deportiva, represiva, reguladora, que subsume a la mujer en sus diferentes ámbitos de acción”, explica Carolina Cabello, quien es parte del Movimiento 15 de agosto, organización ligada a Santiago Wanderers.

Para Bárbara Márquez, una de las fundadoras e integrante de la coordinación general de Nuestra Cruzada -colectivo feminista de la Universidad Católica-, las mujeres se enfrentan “a lo mismo que se enfrenta cualquier mujer en la vía pública: acoso, abuso, incomodidades sobre tu cuerpo”. Coincidiendo con esto, las representantes de la Comisión de Género del Club Social y Deportivo Colo Colo Rosario Moraga explican que esto se ve acentuado en los estadios, “ya que se trata de un universo que históricamente ha sido dominado por hombres, es un contexto mucho más masculinizado donde las mujeres siempre han sido vistas como extranjeras”.

En este reportaje abordamos cómo las mujeres hinchas se han organizado en torno al club y al fútbol, dos entes que históricamente las han violentado. Hoy se unen alrededor de sus colores para construir un espacio seguro. Y lo hacen en una lucha que las mueve, que las obligó a organizarse y empezar a construir feminismo en la hinchada. Conversamos con representantes de Las Felinas de Los Lilas (Deportes Concepción), con el Movimiento 15 de agosto (Santiago Wanderers), con Nuestra Cruzada (Universidad Católica), Las Bulla (Universidad de Chile) y con la Comisión de Género del Club Social y Deportivo de Colo Colo Rosario Moraga.

Comisión de Género del Club Social y Deportivo de Colo Colo Rosario Moraga.

“La únicas que podemos luchar contra esto somos nosotras”

Hay algo que une a los colectivos feministas que están ligados a clubes de fútbol: todos ellos nacieron desde un basta, desde un cansancio y una necesidad de organizarse para avanzar en la construcción de un club que sea para todas y todos. Esto, luego de muchas décadas de situar a la mujer como una extraña en este deporte. Para la Pulga, representante de Las Felinas, “es algo que viene de toda la vida arrastrándose. Mi mamá, mis tías, todas siempre fueron rezagadas”. Mucho se le cuestionó a la Pulga, por ejemplo, cuando viajaba en bus con otros hinchas para ver partidos de su equipo: “todos pensaban que iban a enganchar conmigo, que para eso iba, porque esa era la mente de ellos, que ‘esta vino porque quiere puro agarrarse a alguien’”.

Además de los temas particulares de cada club, muchos de los colectivos tomaron aún más fuerza con la ola feminista de los últimos años, por lo que se plegaron a las demandas generales del movimiento social: “si tenemos avances en nuestra sociedad en torno al feminismo, (…) llegarán también al fútbol. La necesidad de organizarse pasa por vivir día a día las violencias simbólicas y físicas que ocurren en el contexto estadio”, explica Carolina del Movimiento 15 de agosto.

Movimiento 15 de agosto.

Siguiendo esa línea, Las Bulla nacieron desde una reflexión de la Asamblea de Hinchas Azules -organización que busca el fin de las sociedades anónimas como dirigentes del fútbol-, en la que se dieron cuenta que las temáticas de género no estaban siendo tratadas de manera permanente en la organización. “Decidimos formar este grupo de manera separatista, considerando que si nuestro objetivo como hinchas es recuperar el club, queremos una U en donde las mujeres seamos tratadas con dignidad”, comenta Carolina.

Por su parte, la violación que ocurrió en las cercanías del Estadio Nacional en abril del año pasado luego de un partido de la U contra la Universidad de Concepción fue un punto de inflexión -y de nacimiento- para Nuestra Cruzada. Si bien habían estado trabajando en temáticas de género hace ya un tiempo, “fue ahí cuando dijimos basta. Teníamos que constituirnos como organización, porque las únicas que podemos luchar contra esto somos nosotras y entre más juntas estemos, mucho mejor”.

“Aquí tienen un lugar seguro”

Quizá el aspecto más decidor sobre la transversalidad del movimiento social feminista en el fútbol se puede ver en los logros que estas organizaciones han alcanzado. Estos son fruto de la disputa de espacios por parte de mujeres hinchas, pues eran problemas que no existían para las orgánicas masculinas dominantes. Y para algunos colectivos, la pelea ha sido aún más ardua desde el inicio. Según Carolina, de Las Bulla, su principal logro como agrupación es su existencia y visibilización. Discutir asuntos que antes no se discutían. “No parece mucho, pero ha sido un gran trabajo, es pelearle el sentido común a las personas que llevan 20, 30, 40 años siendo de una sola manera”.

En una línea diferente, el Colectivo Rosario Moraga, al alero del Club Social y Deportivo Colo Colo, ha impactado en una gran cantidad de espacios. Mencionan, además de la asistencia a marchas, la realización de conversatorios, talleres y campañas contra el lenguaje sexista. Además, lograron que se aprobara en asamblea una de sus propuestas que permitirá que “para el 2022, la cantidad de directores hombres o mujeres no exceda el 60 % de la mesa directiva”.

La pelea, no obstante, también debe estar dentro de la cancha, pues es parte clave de la expresión y vivencialidad del fútbol. Así es, al menos, la forma de lucha de Las Felinas, quienes consideran un logro el haber ingresado a la coordinación de la barra oficial de Deportes Concepción, pues desde ese espacio pueden provocar un cambio directo en las actitudes de la barra. “Tratar de generar un cambio general en el tema de las canciones, buscando que no traigan nada sexista”. Partiendo desde allí, han intentado expandir su impacto con “campañas sobre el cáncer de mama, de ayuda a las mujeres que sufren violencia intrafamiliar en el estadio o en otros lugares, campañas de visibilización de la conciencia machista que había y que hay dentro del fútbol, y que existía en el Conce”.

La lucha es contra un enemigo estructural que no distingue camisetas. En ese sentido, Bárbara de Nuestra Cruzada es tajante al transversalizar la misión, pues cree que “todos los colectivos llegamos para quedarnos, para mostrar que ni en el fútbol ni en ninguna parte seguiremos tolerando el machismo. Nuestro aporte es decirles a las compañeras que aquí tienen un lugar seguro, que no vamos a seguir naturalizando prácticas que atenten contra nuestra libertad y derecho a participar de nuestra pasión”.

Nuestra Cruzada.

Separatismo

Acá no hay consenso. Ni en los colectivos ligados a clubes deportivos ni en el movimiento feminista. Según algunas, la presencia de hombres en espacios feministas puede poner a mujeres en peligro de encontrarse con su abusador y, según otras, no se puede pensar en el feminismo sin los hombres.

Para Carolina del Movimiento 15 de agosto, lo central es “la lucha de clase, es con contenido de base en donde buscamos recuperar el club para los socios, socias e hinchas de manos de la sociedad anónima. Entonces apostamos por la conformación de un nuevo actor social y político en torno al club”. Se han encontrado con casos de machismo, como casi todas las compañeras que acuden al estadio, pero este proceso de resignificación en conjunto permite generar el cambio “a partir de la deconstrucción de los compañeros y las compañeras”, pues creen que el otro fútbol, ese que anhelan, tiene que ir de la mano de los y las socias, y que las mujeres en este ámbito tienen mucho que enseñarles a ellos.

Bárbara, de Nuestra Cruzada, tiene una opinión bastante diferente. Sabe que hay mujeres que no se sienten cómodas conversando algunos temas con hombres alrededor “por más que algunos se autodenominen feministas o aliados”. Ellas respetan esta posición y, como el colectivo es de ellas y para ellas, decidieron establecerse como separatistas. Nunca habrá un hombre siendo parte de Nuestra Cruzada, aunque, aclara, tienen buenas relaciones con agrupaciones donde hay hombres.

Para Carolina de Las Bulla, la respuesta es una sola: “Yo no estoy interesada en gastar mi tiempo educando machos que no quieren aprender ni cuestionarse sus privilegios”.

Las Bulla (crédito de foto: Alejandra Vargas).

La lucha que une

Varios de estos colectivos feministas probablemente se encuentren en la próxima marcha del 8M, momento propicio para consolidar el ideal movilizador que acordaron en el Primer Encuentro Nacional de Mujeres Hinchas del Fútbol: “los colores nos separan, la lucha nos une”.

Cada organización tiene sus propios proyectos que se ajustan a las realidades de cada hinchada. Sin embargo, todas coinciden en que “vamos a seguir creciendo y posicionándonos como una agrupación que no se va a mover del lugar que ha alcanzado, vamos a alzar la voz y no nos vamos a callar”, sentencia Bárbara de Nuestra Cruzada.

Los discursos de las entrevistadas se entrelazan, se apoyan y complementan, dejando de manifiesto que esto no es de un solo colectivo, que es un movimiento social transversal. ¿Cómo seguir? “Luchando”, dice Carolina de Las Bulla. “A las mujeres nadie nos regala nada, la vida es difícil desde que nacemos y peor aún a medida que vamos creciendo”, declara. “Por eso el feminismo es tan revelador. A veces remueve, molesta e incomoda, porque hay que cambiarlo todo”, explica Carolina de Santiago Wanderers. “Y -termina Carolina de Las Bulla- si hay hombres que están interesados en que la cosa cambie, que laven platos, cambien pañales y cubran puestos de trabajo en el 8M. Nosotras nos vemos en la calle”.

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